Hetaira, publicado en Diagonal, 2004
25 de marzo de 2004
La dignidad de las trabajadoras del sexo
Ángel Luis Lara
"¡Ni víctimas, ni esclavas… nosotras decidimos!". Un grito colectivo que inunda algunas de las calles del centro de Madrid. Aquellas que no tienen voz y a las que nadie pregunta han tomado la palabra. Febrero de 2002: las prostitutas salen de la invisibilidad y rompen su silencio. Centenares de mujeres ponen calor al invierno y marchan en manifestación. La convocatoria parte de Hetaira, el Colectivo de Defensa de los Derechos de las Prostitutas madrileño. El otoño de 2003 ha escuchado de nuevo su voz por calles y plazas de diferentes ciudades de nuestro país. La mecha está encendida.
Hetaira es un colectivo de mujeres. Algunas de ellas ejercen la prostitución y otras se dedican a otro tipo de trabajos. Además del desarrollo de una labor de información sobre cuestiones sanitarias, psicológicas, jurídicas y sociales desde su centro situado en el centro de Madrid o la Unidad Móvil con la que recorren diferentes zonas de la ciudad, el objetivo fundamental de su actividad es la lucha contra el estigma social y la criminalización de las mujeres prostitutas. "Cuando creamos Hetaira nuestra finalidad no era tanto hacer actividades para las prostitutas como crear junto con ellas una organización, un espacio de intercambio entre mujeres donde pudiéramos cuestionar el estigma que pesa sobre ellas", manifiesta Cristina Garaizabal, una de las fundadoras del colectivo en 1995.
Lo que está en juego es una inversión de la política meramente asistencial que ponen en marcha las instituciones en relación con las prostitutas: en vez de trabajar con ellas desde fuera, se trata de construir herramientas y espacios para que ellas se expresen, se autoorganicen y se reconozcan desde dentro. En vez de convertirlas en objeto de asistencia, luchar porque sean el sujeto de la conquista de sus propios derechos. "Hay que tender puentes que permitan expresarse a las personas que se dedican a ello, que recuperen el derecho a hablar y que se les pregunte con la misma seriedad y respeto que a personas de otras profesiones", señala la antropóloga Dolores Juliano.
Frente a las posturas abolicionistas y prohibicionistas, Hetaira propone una política que reconozca los derechos de las prostitutas en el marco de una regulación institucional y normativa de sus relaciones laborales que incluya el reconocimiento de su estatuto de trabajadoras del sexo. Bajo este prisma, no es propiamente la prostitución la que genera una situación de debilidad, exclusión y dependencia de la mujer, sino la consecuencia de un sistema social que no funciona, que se muestra incapaz de dar salida a las situaciones de exclusión que él mismo produce. La criminalización e ilegalidad no generan más que indefensión.
Se calcula que la denominada industria del sexo mueve en el mundo unos 52.000 millones de dólares al año, alcanzando en algunos países entre el 2 y el 14% del PIB. En nuestro país, cuatro de cada diez hombres han utilizado alguna vez los servicios de una prostituta, lo que arroja una media superior a la del resto de Europa. El 60% de los anuncios clasificados en la prensa española se dedica a la publicidad de servicios de "relax". Alrededor de 300.000 personas ejercen la prostitución en el Estado español, de las cuales el 90% son mujeres migrantes, la inmensa mayoría de ellas en situación de clandestinidad y sin los más mínimos derechos de ciudadanía. La prostitución existe. No reconocer su existencia genera un margen de arbitrariedad en términos sociales y policiales que impide que estas mujeres se defiendan. "La lucha por la defensa de los derechos de las prostitutas, por tanto, implica el reconocimiento de la prostitución como un trabajo y, consecuentemente, de las prostitutas como trabajadoras del sexo. Esta idea es fundamental para acabar con el estigma y para 'normalizar' su situación en nuestra sociedad", señala Carmen Briz, miembro de Hetaira.
Desde este punto de vista, la prostitución plantea un doble reto en el horizonte del feminismo y de las luchas contemporáneas por la conquista de derechos: promover el orgullo y la dignidad entre las mujeres prostitutas y, al mismo tiempo, aspirar a una sociedad en la que las relaciones sexuales, afectivas y sociales en general no estén mercantilizadas.
www.colectivohetaira.org
hetaira@colectivohetaira.org
Otra realidad es posible para las trabajadoras del sexo
Ángel Luis Lara
La regulación de la prostitución que reconoce los derechos de las mujeres prostitutas como trabajadoras del sexo ya existe en el marco de la Unión Europea. En Holanda, la legislación castiga la prostitución forzosa y de menores al tiempo que establece un marco normativo para la actividad de las prostitutas desde una perspectiva de normalización profesional, control de sus condiciones de trabajo y acceso a las prestaciones de la Seguridad Social. En Alemania, la normativa vigente califica la prostitución como una actividad laboral sujeta al Derecho del Trabajo y al régimen de la Seguridad Social. El trabajo de las mujeres prostitutas se desarrolla bajo régimen contractual o como trabajo autónomo regulado, disfrutando las trabajadoras del sexo del derecho al desempleo, de jornadas de trabajo estables y de protección social.
Dolores Juliano, La prostitución: el espejo oscuro (Barcelona: Icaria / Institut Català d'Antropologia, 2002)
Libro imprescindible para quienes quieran profundizar en el fenómeno social de la prostitución. La veterana antropóloga Dolores Juliano nos propone un análisis feminista de la prostitución y de la estigmatización que la acompaña y arrincona.
www.iusw.org
Sitio de la International Union of Sex Workers en Internet. Esta organización con sede en Londres lucha por el reconocimiento de los derechos de las prostitutas y constituye un interesante espacio político y sindical para las trabajadoras del sexo. Links muy útiles, un montón de información sobre el asunto, noticias y textos de análisis. Para escribirles: info@iusw.org.
LICIT .
El colectivo Línia d'Investigació i Cooperació amb Inmigrants Treballadoras Sexuals (LICIT) nació en 2001. Cuenta con mujeres que trabajan en asociaciones como Ámbit Dona y Proyecto Carretera. Realiza una actividad de investigación en torno a la realidad de las mujeres migrantes que trabajan en la industria del sexo y desarrolla una labor de apoyo a este colectivo en Cataluña desde una perspectiva de defensa de sus derechos y de lucha contra la estigmatización.
Proyecto Carretera: Calle Sant Jaume, 209-217, Calella (Barcelona).
Ámbit Dona: Calle Robadors, 29. Barcelona. Tel.: 93 317 70 59. E-mail: ambitp@interbook.net
Las mujeres invisibles
Fernando León de Aranoa
Las mujeres invisibles no existen, no trabajan en la Casa de Campo cada noche, no pasean casi desnudas entre sus árboles asombrados, como de bosque encantado venido a menos. Podréis verlas allí, haciendo equilibrios sobre la cuerda floja de sus arcenes, paseando inestables, hermosas, entre el caudal lento y metalizado de los coches. Podréis verlas, pero en realidad no estarán ahí. No tienen papeles que lo demuestren, que les den la identidad y la vida, el derecho a caminar por las calles sin miedo a los uniformes. Tampoco su trabajo existe, aunque pagan a diario los altos impuestos de la precariedad, la triple cuota diaria de la persecución y el dolor, triple por mujeres, por ilegales, por putas. Tienen tantos jefes al día como clientes abrazan su fe y los riesgos laborales que asumen son tan grandes que, de saberse, harían enrojecer a sindicatos, ministros y primeros de mayo.
Las mujeres invisibles carecen además de voz. Oiréis a muchos hablar en su nombre, nunca a ellas. Cuando las quieren salvar, cuando las quieren proteger, cuando las quieren esconder, cuando las quieren echar, tampoco podréis escucharlas porque nadie les pregunta nada, nunca.
Son las mujeres transparentes, las de la mirada secreta. La sociedad mira a través suyo, las oculta con disimulo bajo la alfombra desteñida del progreso y niega su existencia porque se avergüenza. No encontraréis a nadie, político o cliente, que admita haberlas visto, haber escuchado de su boca palabra, risa o lamento. Alguien vertió en su copa la pócima siniestra de la invisibilidad social y hoy vagan por los bosques desencantados que circundan las ciudades. Son las mujeres invisibles, los papeles las desmienten, contradicen su existencia, son una hipótesis sin formular aún: princesas confundidas, desterradas, que viven a diario el exilio forzoso de la desesperación.
Sin embargo, cada noche, en la Casa de Campo, sale vaho de sus bocas cuando ríen, reunidas en torno a la hoguera cómplice de su conversación. Si escucharais con atención las oiríais hablar con una ternura desacostumbrada de sus novios, de sus hijos, de lo que la vida tiene aún reservado para ellas; las oiríais discutir, prometer, lamentarse a veces, aunque discretamente, sin perjuicio de la alegría. Si escucharais, las oiríais también celebrar su cumpleaños un día, con un pollo rostizado comprado a los ambulantes que frecuentan sus espacios. Luego el brindis emocionado, cerveza y plástico, las palabras que se anudan en la garganta, los aplausos y las risas, los bolsillos de la memoria cedidos ya a la fuerza de tanta ausencia.
Mientras, a su espalda, el horizonte soberbio de la ciudad, con sus torres de cristal, duerme tranquilo, ajeno a todo, también a su propia fragilidad. Pero allí arriba, arriba, está la vida, hablando en muchas lenguas distintas el idioma común de la esperanza. Son las mujeres invisibles. No las podréis ver pero son, tal vez, lo único real.
|