Hetaira

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Ser trabajadora del sexo es algo muy importante

Texto de Carolina Hernández, trabajadora del sexo en Madrid y miembro de Hetaira. Material de trabajo que se repartió en las calles y parques de Madrid donde se ejerce la prostitución. Madrid, 2003.

Ser trabajadora del sexo es algo muy importante. La vida de cada un de nosotras, está llena no sólo de sorpresas sino del aprender a convivir con los demás día a día. Trabajar en el sexo, prostitución como hoy día se llama, nos lleva a pensar en proxenetas, prostituidas, mafias, marginadas, etc...

Pero no se tiene en cuenta que es algo que se escoge libremente, tomando tus propias decisiones. Sí, a la mayor parte de mis compañeras nadie las ha obligado a trabajar en la calle ni han venido engañadas, la gran parte de las mujeres que están en la calle son libres de tomar sus propias decisiones. Y tengamos en cuenta que la mujer que trabaja en un club en muchas ocasiones es obligada hacer todo lo que el jefe le mande, y en algunas ocasiones a tener que acostarse con él.

Que existen mafias está claro ya que los dueños de los clubes necesitan de gente que les de dinero, por lo tanto están obligados a traer mujeres de otros países, pero ese es un punto comercial, dentro de lo que esto significa, a eso sí lo podemos llamar esclavitud, a eso es a lo que mucha gente nos quiere condenar diciendo que en la calle molestamos y que no tenemos que estar ahí. Yo no digo que a lo mejor donde estoy trabajando esté bien, pero lo bueno sería tener un lugar en condiciones dignas para poder trabajar.

¿Qué les parece el lugar dónde trabajo? Tomando un poquito de conciencia miramos la precariedad que existe, sin seguridad policial, sin suficientes cubos de basura, dónde la persona que viene a requerir mis servicios puede ser cualquier individuo pero la circunstancia en las que trabajas te hace que te arriesgues. Sucede con las chicas de la Europa del Este, conviviendo con ellas me han contado y he visto que ellas necesitan de un amigo para que las cuide porque hay hombres que quieren aprovecharse de ellas. Quienes las cuidan no les piden nada a cambio sin embargo ellas por ser solidarias les hacen obsequios que muchas veces ellos no aceptan. A esa ayuda la gente le llama proxenetas, chulos y en realidad no es así. Hay muchas de ellas que se han casado con estas personas y después han tenido que dejar la calle.

Las mujeres que están en la calle son principalmente inmigrantes. Tengamos en cuenta que la vida, la cultura y el entorno en el que viven muchas veces en su país no es el mismo que tenemos nosotras aquí. Por eso en lugar de criminalizarlas, marginarlas, deberíamos tener en cuenta que el trabajo que las mujeres realizan en la calle merece de mucha atención y solución. No taparlo ni quitarlo. En la calle hoy en día tenemos también el acoso de la policía sin respetar que muchas de nosotras tenemos la documentación en trámite e igual se nos llevan detenidas.

El acoso  y el estigma en el que se ha convertido nuestro trabajo para la  policía y el vecindario acusándonos a nosotras y al entorno que nos rodea de cómplices y sinónimo de droga, delincuencia... pero no es así. Todo esto es erróneo y absurdo. La situación de “alegalidad” hace que la gente piense que la prostitución está relacionada con todo lo antes mencionado pero nosotras somos las primeras interesadas en que esto no exista. Esta situación se solucionaría reconociendo nuestros derechos y dejando que nuestras voces sean partícipes de todo esto. Esto implica que teniendo lo que nosotras pedimos, pagando nuestra Seguridad Social y todos los impuestos siempre que se reconozcan los derechos de las trabajadoras del sexo.

Esto no implica que nos tengamos que ver obligadas a la clandestinidad, a encerrarnos en lugares porque como todo ser humano tenemos derecho a la libertad. Hay que tener en cuenta que  nuestro trabajo existe porque hay personas que lo solicitan, teniendo en cuenta que nosotras no somos objetos que no vendemos nuestro cuerpo como se dice, sino actos sexuales, como otros venden otras cosas para poder vivir. Y que somos seres humanos.

El estar en la calle molesta porque dicen “degradamos la ciudad”. Sin embargo no nos damos cuenta de que hay otras cosas que sí degradan la ciudad en mayor medida, como la delincuencia, venta de droga, vandalismo.... esto si degrada la ciudad. Al ciudadano esto no le importa y sin embargo las autoridades tampoco hacen nada por solucionarlo. La solución para nosotras no sería un club ya que es un lugar cerrado y esto implica compromiso personal ya que la identidad del cliente se debe respetar es por lo que nosotras luchamos conjuntamente para que las personas que desean intimidar nuestra libertad de decidir y ser libres no nos hagan objeto ni víctimas de sus deseos.

Seamos vulnerables a la hora de tener que mirar a las mujeres que están trabajando en la calle. No somos dignos si pretendemos enjaular a una mujer por su condición social o prohibir que siga adelante sin complejos. Desde que nacemos somos libres y merecedoras de todo lo que está a nuestro alrededor. Aún  hoy en pleno siglo XXI las mujeres siguen siendo objeto de relegación. Demos la cara tal y como somos y demostremos a la sociedad en la que vivimos que los tiempos ya no son antiguos y que existe la libertad de expresión de las mujeres trabajadoras del sexo. Nuestro deber es luchar por la igualdad de derechos, porque no tengamos que escondernos ni bajar la cara. La sociedad debería de saber que merecemos mucho respeto.

La propuesta del Gobierno va en beneficio de los empresarios desconsiderando totalmente la opinión de las trabajadoras del sexo.

Para nosotras es imprescindible que las medidas que se tomen tenga en cuenta nuestra voz.

Hay personas que dicen que somos víctimas de los hombres, formamos parte de la esclavitud sexual, no diferencian en la voluntad propia, lo ven como algo obligado, degradante, indigno. Quienes mantienen estas posiciones plantean como solución la abolición de la prostitución y la reinserción de las prostitutas, independientemente de lo que nosotras queramos.

Existen varias formas de ejercer la prostitución  y de vivirla. La clase social, el nivel cultural, la apariencia física, la nacionalidad, el origen étnico, el género... porque no todas las personas que venden sexo son mujeres, también lo hacen los hombres y las transexuales y otros muchos más factores que influyen en el ejercicio de esta profesión e incluso en cómo considera la sociedad a quien la ejerce. En general ser trabajadora sexual esta considerado socialmente como algo indigno porque la sexualidad sigue sacralizada y magnificada. Aún hoy en día y a pesar de quien más quien menos vende algo para poder subsistir. Por ejemplo, su capacidad de trabajo, sus ideas... Se puede ser famoso o poeta o historiadora... Todas estas personas prostituyen en ocasiones su mente y sus conocimientos. Sin embargo, vender sexo se considera lo peor de lo peor, mucho más si eres mujer. Los hombres venden actos sexuales en el marco de la heterosexualidad y no se les llama “prostitutos”. Existe otro calificativo menos insultante, por ejemplo gigolo y no nos olvidemos de las señoritas de alto standing: azafatas, señoritas de compañía, etc...

La doble moral hace que se estigmatice más a la quienes se dejan ver en la calle, convirtiéndolas frecuentemente en chivos expiatorios. Tampoco es igual ser de otro país o tener otra nacionalidad. Frecuentemente sobre las inmigrantes recae una doble discriminación. Esto hace que hoy en día sea uno de los sectores más discriminados y marginados dentro de la prostitución callejera. Con todo esto lo que quiero resaltar es que existen situaciones y problemas diferentes en el ejercicio de la prostitución. Por tanto, es imprescindible la intervención social y que las propuestas políticas sirvan para paliar algunos de estos problemas que hoy en día padecemos las prostitutas. Tengamos en cuenta esta diversidad y que no se generalice como si se tratara de algo homogéneo.

Las propuestas de los políticos, por lo general, van en beneficio de los empresarios y desconsideran nuestras opiniones. Las medidas que se están tomando son contrarias a nuestro intereses. Desgraciadamente el negocio de la prostitución no va a mejorar las condiciones de su ejercicio. Por el contrario en la práctica significa criminalización. Para nosotras es importante que todo esto se calme y que se nos deje totalmente tranquilas. No es quitando la prostitución como los ciudadanos van a vivir en paz. La ciudad se degrada cada día más y nuestros políticos no hacen nada para evitarlo. Los tres años y diez meses en que están posicionados (en el poder) no cuentan pero nos echan a un lado cuando faltan dos meses para las elecciones. Entonces es cuando les empezamos a importar. ¿Cual es la forma teniendo en cuenta que en la sociedad mediocre e hipócrita en la que vivimos? Diciendo: “a por ellas”. Todo por ganar votos y esto no es justo.

Es por esto que como trabajadoras del sexo pedimos y exigimos nuestros derechos. Es imprescindible que se tenga en cuenta nuestra voz siendo necesario :

Reconocimiento legal y social de la prostitución, como trabajo, teniendo en cuenta la diversidad de condiciones en las que se realiza.
Derechos sociales y laborales para las trabajadoras sexuales
Cambio de la Ley de Extranjería que garantice la posibilidad de residencia legal  y de trabajo para las mujeres inmigrantes.
Estos son los principales derechos que todas exigimos. A la hora de plantear cada uno de éstos deberíamos  tener en cuenta que lo único que nosotras queremos es tener derechos como
toda la ciudadanía. De esta forma no seremos la comidilla de todo lo malo que hoy en día está sucediendo. La gente dice que nuestro trabajo es negro; en parte sí, porque no está reconocido legalmente. Si esto sucediera, nosotras podríamos pagar nuestra seguridad social.
Siempre estaremos dispuestas a exigir nuestro derechos porque la prostitución ha existido y existirá siempre. Comentando con
ciertos vecinos me decían que si todos los ciudadanos estuvieran de acuerdo se podría conseguir un lugar en condiciones para el ejercicio de la prostitución y que éste sería “Patrimonio de la Humanidad”.

Aprendamos a convivir con algo que en realidad continuará ya sea en un lugar cerrado o en la calle. Nosotras lucharemos porque nuestro trabajo sea tan libre como cualquier otro y para que podamos exigir alzar nuestra voz para que sin distinción de sexo, clase, cultura o nacionalidad seamos reconocidas como sujetos sociales, con capacidad y voluntad política para poder decidir sobre nuestras condiciones de trabajo y existencia.

Queremos acabar con la discriminación y el estigma que padecemos como trabajadoras sexuales, frente a todas las ideas erróneas que la sociedad tiene en mente y que toda la sociedad aprenda que nuestro trabajo es tan digno como cualquier otro, que trabajar en la calle no nos va a quitar la dignidad ni como personas ni como seres humanos.

Aprendamos a convivir educada y cultamente y conseguiremos que las trabajadoras del sexo formen parte de todo lo cotidiano del mundo. 


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