Hetaira
CORTES GENERALES
DIARIO DE SESIONES DEL
SENADO

Año 2003 VII Legislatura
Comisiones. Núm. 503
COMISION ESPECIAL SOBRE LA PROSTITUCION
PRESIDENCIA DE LA EXCMA. SRA. DOÑA CRISTINA KLIMOWITZ WALDMANN

celebrada el lunes,
15 de septiembre de 2003
ORDEN DEL DIA:

Comparecencias para informar en relación con la materia objeto de estudio de la Comisión:

--De doña Cristina Garaizabal Elizalde y doña Carolina Hernández Arévalo, del colectivo Hetaira de ayuda a mujeres prostituidas. (Números de expedientes 715/000424 y 715/000425).

Se abre la sesión.


La señora PRESIDENTA: Buenas tardes. Reanudamos la sesión.
En esta ocasión contamos con la presencia de doña Cristina Garaizabal, bienvenida, que viene acompañada de doña Carolina Hernández Arévalo.
Cristina Garaizabal es la presidenta de la asociación Hetaira, colectivo en defensa de los derechos de las prostitutas, es psicóloga clínica con formación psicoanalítica. Tiene una larga trayectoria en temas principalmente de género, ha trabajado mucho en temas de prostitución y ha formado parte del consejo de la editorial Talasa donde ha publicado libros titulados «Nosotras, las putas» o «El prisma de la prostitución».
Doña Carolina Hernández es trabajadora sexual y miembro de Hetaira.
Ambas van a repartirse el tiempo que tienen a su disposición y, sin más dilación, dándoles la bienvenida y agradeciéndoles su presencia en el seno de esta comisión, le doy la palabra a doña Cristina Garaizabal.

La señora GARAIZABAL ELIZALDE (Colectivo Hetaira de ayuda a mujeres prostituidas): Muchas gracias y buenas tardes. Para nosotras la prostitución y, sobre todo, las trabajadoras del sexo son mujeres que, como la mayoría de nosotras, busca la manera de vivir lo mejor posible dentro de las opciones que les ofrece la vida. En esta medida es por lo que consideramos la venta de actos sexuales como un trabajo y partimos de la idea de que hay que reconocer los derechos sociales y laborales que se desprenden de su situación. También creemos que cualquier medida legislativa que se tome en relación con estos asuntos tiene que tener en cuenta la voz de las trabajadoras del sexo. Por eso, en esta organización convivimos mujeres que trabajan en la industria del sexo con mujeres que trabajamos en otros asuntos. Además, a la hora de consultarles, hay que tener en cuenta que al igual que sucede en todos los colectivos de trabajadores ellas tampoco tienen una voz unificada ni homogénea porque sus situaciones de trabajo y de existencia son muy diversas. Para nosotras una primera distinción fundamental que hay que hacer a la hora de legislar sobre este asunto es diferenciar entre lo que es la prostitución que se ejerce bajo engaño o coacción de terceras personas de la que se ejerce como una decisión individual y, cuando digo lo de la decisión individual, obviamente esta decisión es una decisión condicionada porque todo el mundo estamos condicionados en esta sociedad a la hora de tomar nuestras decisiones por el nivel cultural, económico, la edad, etcétera. En todo caso, es una decisión y esto hay que diferenciarlo muy bien de lo que puede ser la explotación sexual o la coacción y el engaño.
Nos preocupa, en los últimos tiempos, la alarma social que se está creando con el tráfico de mujeres con fines de explotación sexual, entre otras cosas, porque creemos que la políticas que se han ido desarrollando con respecto a este asunto lo que han hecho ha sido crear la imagen de que todas las prostitutas inmigrantes vienen siempre engañadas y coaccionadas por mafias y ésta es una idea falsa. Por lo que nosotros conocemos, no es así, no todas vienen engañadas y coaccionadas y es una idea que sólo sirve para estigmatizar más a estas mujeres. Entre quienes ejercen la prostitución por decisión propia creo que hay una gran diversidad de situaciones en cuanto a la conciencia que tienen de trabajadoras, hay trabajadoras del sexo ocasionales, es decir, mujeres que se prostituyen unos días al mes porque los sueldos --fundamentalmente el sueldo del marido-- no llegan para cubrir las necesidades básicas, suelen ser mujeres de clases populares que no se consideran a sí mismas trabajadoras sexuales; también hay estudiantes que se dedican a esto algunos días para aumentar los ingresos que tienen y poder vivir un poquito mejor. Esto hay que diferenciarlo de lo que hacen aquellas personas que hacen de la prostitución su modo fundamental de vida y que, por tanto, se profesionalizan.
También hay diversidad en cuanto a las condiciones de trabajo, están las que trabajan en la calle, las que trabajan en clubs, las que trabajan de manera autónoma, las que trabajan en plaza en los clubs, etcétera.
Obviamente, hay diversidad en las condiciones sociales, culturales y en la nacionalidad, lo cual hace que el tema de la prostitución esté muy ligado a las políticas de extranjería y a todo el problema de la inmigración. De todas formas, considerar que la prostitución es un trabajo lleva parejo tener en cuenta que no es un trabajo como cualquier otro, es decir, tanto por el estigma que conlleva el ejercer la prostitución como porque lo que se vende son actos sexuales creemos que en la legislación se debe contemplar la especificidad que comporta este trabajo y tenerlo en cuenta a la hora de legislar, desde el punto de vista laboral, las prerrogativas que debe tener la patronal, los deberes y derechos que deben tener las trabajadoras porque, probablemente, la dinámica de uno y de otro sería distinta en otro tipo de trabajo, luego concretaré un poquito más.
Es importante que cualquier legislación que se haga sobre este tema tenga en cuenta el punto de vista de las trabajadoras, que son la parte más indefensa, si bien es cierto que la situación de alegalidad que tiene la prostitución no solamente influye en las trabajadoras sino que también afecta a los empresarios que están demandando que esto se regularice.
Nosotras creemos que en esta situación la peor parte se la llevan los trabajadores del sexo y, por tanto, a la hora de legislar se ha de tener en cuenta qué es lo que opinan estos trabajadores para poder defender mejor sus derechos. Para que esto sea posible creemos que es necesario desdramatizar esta actividad para poder verla en sus justos términos y luchar contra el estigma que recae sobre las mujeres

que ejercen este trabajo. Nosotras pensamos que las dificultades que hay para poder contemplar legislativamente que la prostitución es un trabajo tienen que ver, en buena medida, con este estigma que enmascara las relaciones laborales planteando el debate dentro de la moralidad en lugar de plantearlo dentro de lo que son las relaciones laborales. Hay que contemplar también el hecho de que la situación de las mujeres inmigrantes que trabajan en la prostitución presenta una problemática particular que debe ser contemplada específicamente. Decía antes que una primera idea con la que hay que romper es con la de que todas vienen engañadas por mafias, si ustedes se pasean por la Casa de Campo o por la calle Montera y preguntan les contestarán que eso no es así porque, en todo caso, las que están engañadas, coaccionadas o chantajeadas para trabajar en la prostitución, que también existen, suelen ser las que menos se ven, trabajan clandestinamente porque obligar a alguien a ejercer la prostitución es un delito en nuestro país. La prostitución de hecho es una posibilidad de trabajo que las mujeres inmigrantes cuando salen de sus países contemplan como una posibilidad que está ahí, lo que también es cierto es que la gran mayoría de ellas lo que no se esperan son las condiciones que se van a encontrar aquí al ejercer ese trabajo, generalmente piensan que se van a encontrar una situación mucho mejor que la que luego se da en la realidad. No queremos negar que existe el tráfico internacional de personas, fundamentalmente de mujeres, destinado a mantenerlas en situación de esclavitud, pero este tráfico está dirigido de todas formas a diferentes sectores del mercado laboral, por ejemplo, mi barrio, La Latina, está lleno de talleres de costura clandestinos sin que nadie haga nada para solventarlo y eso es tráfico de personas. A nosotros nos preocupa especialmente que cuando se habla del problema del tráfico se carguen las tintas en aquel que está relacionado con la prostitución, con la explotación sexual y, en cambio, no se consideren otros sectores del mercado laboral que también sufren ese tráfico. No obstante, creemos que hoy con el Código Penal en la mano existen leyes que penalizan el tráfico. Asimismo, es cierto que existen mafias que obligan a niños, a niñas y a mujeres a prostituirse en régimen de esclavitud y, nuevamente, creemos que el Código Penal contempla perfectamente como delito el que alguien obligue a otra persona a prostituirse. En ese sentido, creemos que si hoy no se combate lo suficientemente no es por falta de medios sino por falta de voluntad política, no por falta de leyes. También es cierto que habría que contemplar el problema de la protección de las víctimas que denuncian estas situaciones un poco mejor de lo que se hace y dedicar más recursos a esas mujeres que se encuentran entre el cielo y la tierra cuando denuncian que están en una red. Creemos que hay que diferenciar estas mafias de lo que es la entrada ilegal de personas a través de redes que les cobran un dinero desproporcionado y que lo único que les importa es el hecho de que ese dinero sea devuelto. Evidentemente, hay un delito que es cobrar cantidades astronómicas por una cosa que no tendría que costar tanto aunque, en todo caso, creemos que el motivo de que esto se dé lo posibilita el hecho de que la Ley de Extranjería es tan restrictiva que obliga a que muchas personas que quieren inmigrar tengan que recurrir a esas redes ilegales pagando unas cantidades astronómicas ya que, de ser libre la entrada en este país, probablemente no necesitarían pagar estas cantidades.
Respecto al tema de la prostitución creemos que sería necesario legalizar la situación de aquéllas inmigrantes que están en nuestro país y demuestran que tienen medios para vivir en él contemplando, entre otras cosas, el trabajo sexual como un medio de vida para poder subsistir.
Nuestras alternativas pasan por descriminalizar totalmente la prostitución y reglamentar las relaciones con terceras partes de acuerdo con los códigos de comercio ordinario incluyéndose, por tanto, cláusulas especiales, como decía al principio, para impedir que se abuse de las prostitutas y que se las estigmatice. En este sentido, se debería reconocer en los códigos comerciales y laborales la prostitución como un trabajo teniendo en cuenta las diferentes variables en que se puede ejercer: autónoma y asalariada fundamentalmente.
De las experiencias que hemos podido ver en otros Estados, que han desarrollado políticas concretas en torno a la prostitución, lo que podemos decir es que hay algunas formas de reglamentación de la prostitución que no tienen en cuenta los intereses de las prostitutas, lo que implica una mayor discriminación de estas mujeres. A mí me gustaría alertar a sus señorías contra estas formas de reglamentación de la prostitución. Básicamente, las cosas que han generado más problemas han sido la creación de impuestos especiales para las trabajadoras y empresarios que se dedican a esta actividad, creemos que los impuestos que deben implementarse en este trabajo deben ser equiparables a los de otros sectores laborales que se desarrollan en condiciones sociales similares, teniendo en cuenta que dentro de la prostitución también se dan diferencias económicas según el lugar y cómo se ejerza esta. No se puede primar igual a un club que esté en la zona de Montera que a un club que esté en la calle Cuzco por mucho que los dos se dediquen al trabajo sexual. De hecho, el que se grave más la prostitución que otras actividades similares lo que conlleva es que al final las que son sobreexplotadas son las trabajadoras sexuales porque, obviamente, los empresarios al final sacan el dinero recortando los ingresos de las trabajadoras y quedándose con mayores porcentajes.
Tampoco nos parece adecuado el establecimiento de controles sanitarios obligatorios para las trabajadoras sexuales como forma de prevenir el sida y las enfermedades de transmisión sexual, primero, porque está comprobado que eso no sirve para nada, es decir, hace ya mucho que se ha demostrado que no existen grupos de riesgo, que lo que existen son prácticas de riesgo, y lo que hay que hacer es concienciar al conjunto de la población para que cuando tengan relaciones sexuales pongan los medios para que esas relaciones no sean de riesgo y, después, lo que hemos visto es que cuando las trabajadoras del sexo tienen un carné, debido a estos controles sanitarios, que dice que están estupendamente bien de salud y que no están infectadas si ahora ya tienen problemas para la utilización del preservativo en las relaciones sexuales con muchos clientes, si la trabajadora tiene esa libretita en la que se dice que está

bien de salud sería poco más o menos que imposible la práctica del acto sexual con preservativo, y, por tanto, si la prostituta o trabajadora del sexo se queda infectada en la primera relación que tenga después de haberse hecho el control hasta que no tiene el siguiente control eso es un elemento de transmisión del virus que no solamente no frena la epidemia sino todo lo contrario. Creemos que hablar de controles sanitarios obligatorios para las trabajadoras del sexo lo único que lleva es a estigmatizarlas aún más de lo que ya están al considerarlas grupos de riesgo y eso, además de moralmente cuestionable, es totalmente ineficaz pues redunda en el mito de que son las prostitutas las que contagian y no los clientes. Esto reforzaría, insisto, las prácticas peligrosas.
Para nosotras el Código Penal no debe ser el destino legislativo del ejercicio de la prostitución. Como decía antes, en su actual redacción nuestro Código Penal es un instrumento más que suficiente para defender a las trabajadoras del sexo de los abusos y agresiones, de hecho en él se considera un delito obligar a prostituirse a alguien. También existen unos artículos en el Código Penal que consideran delito los abusos, las agresiones físicas, psíquicas o sexuales y no se pregunta a nadie cuál es su historia personal para denunciarlo o no.
Cuando se reconozca la prostitución como un trabajo nos parece fundamental que este reconocimiento no implique un recorte de la libertad de movimiento y de opciones que se dan dentro de ésta. En este sentido, nos oponemos por ineficaces y por estigmatizantes a los registros obligatorios de prostitutas controlados por el Ministerio del Interior o por la Policía, cosa que se ha hecho en otros países, es lo primero que han hecho antes de reglamentarlo, y tampoco nos parece una solución que se legalice la prostitución regulando cómo debe ser ejercida, es decir, estableciendo en qué lugares, en qué zonas, los horarios, etcétera, y se criminalice a toda aquella trabajadora del sexo que no quiera o no pueda ejercer en estas condiciones. Es cierto que existen muchas trabajadoras del sexo que deciden trabajar en lugares cerrados porque así se sienten más seguras, pero otras prefieren captar la clientela en la calle pues, aunque implique mayor riesgo, también implica más libertad ya que los lugares cerrados suelen estar llevados por dueños que son los que imponen las condiciones de trabajo. Para nosotras generalizar y obligar a que toda la prostitución se desarrolle en lugares cerrados implica aumentar la discriminación en aquellas prostitutas que bien por edad o bien por su apariencia física no se corresponden con lo que se lleva en cada momento y con lo que la clientela demanda.
Somos conscientes de que el ejercicio de la prostitución en la calle es uno de los aspectos más problemáticos de ésta por los conflictos ciudadanos que frecuentemente provoca, de hecho cada vez que se habla públicamente del tema de la prostitución y nuestras administraciones se ponen a ello es porque ha estallado alguna protesta ciudadana en algún barrio concreto. Por nuestra experiencia lo que sabemos es que la resolución de estos conflictos no es fácil y también partimos de la idea de no ser partidarios de que las prostitutas ni nadie hagan lo que les dé la gana en la calle sin tener en cuenta a nada ni a nadie porque creemos que los espacios públicos son de todos los ciudadanos y que su utilización, en muchos casos, no está exenta de conflictos, conflictos que deben de ser pactados entre los diferentes sectores en litigio y que, en todo caso, las administraciones locales deberían hacer de vehículo mediador entre unos intereses y otros para ver qué se hace, aunque nos parece fatal el que sean siempre las prostitutas las que deben plegarse a la voluntad del resto y cambiar de lugar de trabajo, como está pasando en los últimos tiempos en que, por culpa de las protestas ciudadanas, se las echa de un sitio para que tengan que ir a otro, luego se las echa de otro para que vayan a otro con lo cual, además, lo único que se hace es trasladar el conflicto de unos barrios a otros de la ciudad. Ese conflicto es endémico, el conflicto está ahí y va saliendo cada poco.
Hoy en día existen muchas trabajadoras del sexo que se pronuncian a favor de establecer zonas específicas para el ejercicio de la prostitución en las que puedan trabajar tranquilas y seguras y que cuenten con una serie de servicios que les facilite el desempeño de su trabajo al estilo de lo que serían los barrios rojos de algunas ciudades europeas. A nosotras, en principio, esto nos parece bien siempre y cuando estas medidas se vayan imponiendo a partir de políticas persuasivas en lugar de políticas criminalizadoras o prohibicionistas. En primer lugar, porque la experiencia nos ha demostrado que las políticas prohibicionistas y criminalizadoras no acaban con el problema sino que lo que hacen es agravar las condiciones de su ejercicio y, fundamentalmente, de las trabajadoras. En concreto, lo que sabemos, por ejemplo, de Suecia, donde se hizo la ley de penalización del cliente, por lo que nos comentaban las organizaciones de prostitutas suecas es que esto había redundado en que a la hora de negociar tenían que hacerlo de forma más rápida, con lo cual ellas perdían capacidad de negociación ante el cliente. Creemos que las políticas criminalizadoras agravan el problema al empeorar las condiciones de trabajo de las mujeres y favorecen el desarrollo de mafias y chulos que encuentran en la ilegalidad el caldo de cultivo propicio para sus intereses. Son mejores las políticas persuasivas que las criminalizadoras porque estamos convencidas de que si existen lugares seguros y tranquilos para ejercer el trabajo sexual la gran mayoría de trabajadoras se establecerá en estas zonas, pues ellas son las primeras interesadas en trabajar en buenas condiciones; así sólo quedarían fuera de estas zonas sectores tan minoritarios de trabajadoras sexuales que no generarían mayores problemas para el vecindario. Yo diría que lo que genera malestar es la masificación, y estoy pensando, por ejemplo, en los problemas que se dan sistemáticamente en la calle Montera, una zona tradicional de prostitución en Madrid, ya que mientras había sólo 10 o 12 prostitutas nunca había planteado problemas y el barrio asimilaba esa realidad, lo que obviamente plantea problemas es cuando empiezan las redadas en la Casa de Campo, como consecuencia de eso se traslada la gente a Montera y en la calle Montera, que es una calle cortita, aparecen 200 ó 300 mujeres.
Por último, en cuanto a las regulaciones laborales cuando el trabajo sexual se ejerce interviniendo terceros

bien en régimen salarial o bien por porcentajes creemos, como decía al principio, que por las particularidades de este trabajo es imprescindible precisar el alcance de las potestades de la patronal contemplando los derechos de las trabajadoras. En este sentido, para conceder una licencia para montar locales de alterne no es suficiente con que se digan los lugares dónde se pueden montar o las condiciones higiénicas que deben tener sino que tiene que entrar también en asuntos como las relaciones laborales. Deberían concederse estas licencias preferentemente a los locales autogestionados y a las cooperativas de trabajadores sexuales y creemos que no se deberían conceder licencias para montar clubs de alterne ni a los «trush» ni a personas individuales que tengan antecedentes penales por asuntos relacionados con drogas o violencia contra las mujeres. Nos parece fundamental que en ningún momento se permita a la patronal (los jefes o los dueños de cada chiringuito) la imposición de prácticas sexuales o las condiciones de trato con los clientes a las trabajadoras precisamente por lo que comentaba al principio, es decir no es lo mismo vender pipas que vender actos sexuales. Cada trabajadora sabe muy bien qué prácticas sexuales está dispuesta a vender y cuáles no, y hoy en día lo que pasa en los clubs es que sus dueños obligan a las trabajadoras sexuales a hacer todo tipo de servicios y a coger todo tipo de clientela, e incluso, en muchos clubs de carretera esto se hace sin contemplar horarios de descanso, es decir, están a total disponibilidad del dueño del club de manera que cuando alguien reclama sus servicios ellas tienen que dejar de comer o levantarse si están durmiendo, etcétera. Eso hay que regularlo estableciendo unos horarios como los que tienen el resto de trabajadores y trabajadoras y el derecho a los descansos y a unas condiciones de trabajo laboral lo más asimilables posible al resto de trabajos. Con esto paso la palabra a mi compañera Carolina.
Gracias.

La señora PRESIDENTA: Gracias, señora Garaizabal.
Tiene la palabra a continuación doña Carolina Hernández
La señora HERNANDEZ AREVALO (Colectivo Hetaira de ayuda a mujeres prostitutas): Buenas tardes.
Como trabajadora del sexo que soy les diré que la vida de cada una de nosotras está llena de sorpresas y además cada día vamos aprendiendo.
Trabajar en la calle o ejercer la prostitución significa para la gente prostituidas, mafias, marginadas, etcétera. No tienen en cuenta que es algo que, por conflictos personales, uno decide escoger para trabajar, tomando nuestras propias decisiones. A la mayor parte de nosotras no nos han traído engañadas, ni nos han obligado a trabajar en la calle --somos totalmente libres--, pero no tenemos en cuenta que existen personas que utilizan el mercado de la prostitución para aprovecharse de las mujeres, ya que la situación actualmente es alegal. Hay mujeres con escasos recursos que no tienen estudios, que sus países están en guerra, o que sus familias se mueren de hambre, por lo que deciden entregarse a esta gente que las someten a la prostitución. Esa gente es la que viene engañada.
No se tiene en cuenta nuestra labor, que es el ejercicio de la prostitución, y por ello lo más fácil es quitarlo de la vista, es decir, ponernos a trabajar en un club donde muchas veces nos vemos obligadas a hacer todo lo que nuestro jefe nos mande, en algunas ocasiones hasta acostarnos con él. Dentro de un club hay mafias ya que las personas que son dueñas de un club necesitan que su local les dé dinero, por tanto, estás obligado a cambiar la mercadería o sea las mujeres. Eso sí que es una esclavitud y una mafia. A eso es a lo que mucha gente nos quiere condenar diciendo que en la calle molestamos y que no deberíamos estar allí. Yo no digo que donde estoy trabajando esté bien. Si tomamos conciencia vemos la precariedad del lugar, la casi nula existencia de cubos de basura, de un alumbrado público, un local totalmente deteriorado, sin seguridad policial, donde la persona que puede venir a requerir mis servicios puede ser cualquier individuo, pero las circunstancias en las que me encuentro hacen que tenga que arriesgarme a conseguir el sustento que todo ser humano necesita.
A la mujer inmigrante que está en la calle no la tenemos en cuenta; la vida, la cultura, el entorno en el que viven en su país no es el mismo que el nuestro, que por eso en lugar de criminalizarlas y marginarlas deberíamos de tener en cuenta que el trabajo que la mujer realiza en la calle merece mucha atención y solución. No hay que taparlo ni quitarlo.
En la calle, hoy en día, tenemos el acoso de la policía que no respeta el que muchas de nosotras tengamos la documentación en trámite y muchas veces nos llevan detenidas. El estigma en el que se ha convertido nuestro trabajo hace que la Policía y el vecindario nos acusen de cómplices del mundo que nos rodea, que es sinónimo de droga y de delincuencia. Todo eso es erróneo y absurdo. La situación de alegalidad hace que la gente piense que la prostitución está relacionada con todo lo mencionado anteriormente, pero nosotras somos las primeras interesadas en que esto no exista. Esta situación se solucionaría reconociendo nuestros derechos y haciendo que nuestra voz sea partícipe de todo esto, lo cual implicaría pagar nuestra seguridad social y todos nuestros impuestos, siempre que se reconocieran los derechos de las trabajadoras del sexo. Esto no quiere decir que tengamos que vernos obligadas a la clandestinidad y a permanecer en lugares cerrados, porque como todo ser humano tenemos derecho a la libertad.
Nuestro trabajo existe porque hay personas que vienen a solicitarlo y, teniendo en cuenta que nosotras no somos objetos, no vendemos nuestro cuerpo, como dicen, lo que vendemos son actos sexuales igual que otros venden otras cosas para poder vivir. Dicen que molestamos en la calle porque degradamos la ciudad, sin embargo, no se dan cuenta de que hay otras cosas que degradan la ciudad en mayor medida, por ejemplo, la delincuencia, la droga y el vandalismo. Esto sí que degrada la ciudad. Al ciudadano esto también le importa y, sin embargo, las autoridades tampoco hacen nada por solucionarlo. La solución para nosotras no sería un club ya que es un lugar cerrado, lo cual implica compromiso personal, y la identidad del cliente, como la de todo ser humano, también se debe respetar. Es por eso por lo que nosotras luchamos conjuntamente

para que las personas que desean intimidar nuestra libertad de decidir y ser libres no nos hagan objeto ni víctimas de sus deseos.
Seamos sensibles a la hora de mirar a las mujeres que están trabajando en la calle. No somos dignos de enjaular a una mujer por su condición social, ni de prohibir que siga adelante sin complejos, desde que nacemos somos libres y merecedoras de todo lo que está a nuestro alrededor. Aún hoy en pleno siglo XXI la mujer sigue siendo objeto de delegación, demos todos la cara tal y como somos y demostremos a la sociedad en la que vivimos que los tiempos han cambiado y que la libertad de expresión de las mujeres trabajadoras del sexo existe. Nuestro deber es luchar por la igualdad de derechos, que no tengamos que escondernos ni bajar la cara para que la sociedad sepa que merecemos mucho respeto. Para nosotras es imprescindible que las medidas que se tomen tengan en cuenta nuestra voz; sin embargo, las medidas que se están arbitrando actualmente son contrarias a nuestra labor y a nuestros intereses y con ellas las condiciones para el ejercicio de la prostitución no van a mejorar, sería una esclavitud y más aún en la práctica significa criminalización. Es importante que todo esto se calme y que se nos deje totalmente tranquilas. No es quitando la prostitución como los ciudadanos van a vivir en paz; la ciudad se degrada cada día más y nuestros políticos tampoco hacen nada por evitarlo, en los tres años y 10 meses que dura el mandato nos echan a un lado y cuando faltan tres meses para las elecciones es cuando les empezamos a importar ¿Cuál es la forma? Teniendo en cuenta que en la sociedad mediocre e hipócrita en la que vivimos nos molesta la prostitución, a la hora de ganar votos todos dicen: a por ellas. ¿Es esto justo? No. Por eso, como trabajadoras del sexo pedimos y exigimos nuestros derechos, es imprescindible que se tenga en cuenta nuestra voz siendo necesario un reconocimiento legal. Como trabajadoras del sexo pedimos el reconocimiento de nuestro trabajo teniendo en cuenta la diversidad de condiciones en las que se realiza, derechos sociales y laborales para las trabajadoras sexuales, un cambio de la Ley de Extranjería que garantice la posibilidad de residencia legal y trabajo para las mujeres inmigrantes. Estos son los principales derechos que todos exigimos. A la hora de plantearlos deberíamos tener en cuenta que lo único que nosotras queremos es tener derechos como todos los ciudadanos y de esta forma no seremos la comidilla de todo lo malo que hoy en día está sucediendo.
La gente dice que nuestro trabajo es negro, en parte sí, porque no está reconocido legalmente. Esto no sucedería si se reconociera legalmente nuestra labor. Siempre estaremos dispuestas a exigir nuestros derechos porque la prostitución ha existido y existirá siempre. Hablando con algunos vecinos me decían: si los ciudadanos estuvieran de acuerdo se podría encontrar un lugar en condiciones para el ejercicio de la prostitución porque es una necesidad y un trabajo social. Aprendamos a convivir con algo que en realidad continuará ya sea en un lugar cerrado o en la calle. Nosotras lucharemos para que nuestro trabajo sea tan libre como cualquier otro, para que podamos al fin alzar nuestra voz para que sin distinción de sexo, clase, cultura y nacionalidad seamos reconocidas como sujetos sociales con capacidad y voluntad para poder decidir sobre nuestras condiciones de trabajo y existencia. Queremos acabar con la discriminación --el estigma que padecemos las trabajadoras sexuales-- frente a todas las ideas erróneas que la sociedad tiene en mente y que aprendan que nuestro trabajo es tan digno como cualquier otro, que trabajar en la calle no nos va a quitar la dignidad ni como personas ni como seres humanos. Aprendamos una convivencia y una cultura en la que las mujeres trabajadoras del sexo formemos parte de todo lo cotidiano que esté en el mundo. Nosotras vamos a luchar cada día porque todo esto vaya en nuestro favor. Mis compañeras cada día van aprendiendo y que quede muy claro que la mayor parte de nosotras no venimos engañadas, somos totalmente libres a la hora de abandonar nuestros países en los que nuestras familias se mueren de hambre y nadie nos obliga a venir aquí. Al llegar a España hay muchas personas que ven que el paraíso que tienen en mente no es la gran Europa que se imaginaban y se ven en la clandestinidad y en la imposibilidad de poder conseguir un trabajo. ¿Cuál es el medio? Lo más fácil actualmente, tampoco se nos brinda otra forma, es la prostitución.
Tengamos muy en cuenta que la mujer que está trabajando en la calle merece mucha atención, un lugar donde pueda estar porque no es un objeto para trasladarlo de un lugar a otro y --repito-- no es quitándolo ni tapándolo como vamos a acabar con la prostitución, se debería legalizar, insisto, teniendo en cuenta que la mejor solución sería sentarnos con ellas a hablar y llegar a un acuerdo para que el día de mañana surja una mejora no sólo para nosotras, las que estamos en la calle, sino también para el resto de los ciudadanos. Actualmente, lo que está sucediendo no molesta sólo a los ciudadanos también nos molesta a nosotras.
Gracias.

La señora PRESIDENTA: Gracias, señora Hernández, por su sentida intervención. Simplemente déjeme decirle en nombre de todos los componentes de la comisión que el ánimo que nos ha unido a todos en su creación no ha sido en ningún momento el asegurarnos unos votos cada partido político sino esa sensibilidad que yo creo que requiere una actividad como es la prostitución y, sobre todo, la intención de mejorar las condiciones de vida de tantas y tantas mujeres y hombres que viven inmersos o atrapados en esta actividad.
A continuación van a tomar la palabra los distintos portavoces.
Por el Grupo de Convergència i Unió tiene la palabra don Jordi Xuclà.

El señor XUCL I COSTA: Muchas gracias a las comparecientes por aportar a esta comisión sus puntos de vista a través de su intervención serena, lejos de un cierto alarmismo en el que se han planteado algunas de las anteriores intervenciones, haciendo incluso algunas propuestas de carácter legislativo, creo que algunas se deberían tomar en consideración.


Hace sólo una hora ha habido otra comparecencia en esta misma sala con un punto de vista, un cariz y un planteamiento absolutamente distintos. Creo que ustedes hacen un planteamiento liberal, cuasi libertario, y parten del punto de vista de que todas las personas son responsables y conscientes de sus actos, y a partir de ahí plantean que toda la prostitución es decidida con conciencia. Creo que ha perfeccionado la definición.
Hace unos meses hablábamos de prostitución libre y de prostitución forzada y en alguna intervención se apuntó que no podíamos utilizar la palabra libre sino consentida. Usted aún ha afinado más la definición hablando de prostitución como decisión individual, fruto de unas condiciones de carácter social --todas las personas tenemos algún tipo de condicionamiento--. De todo habrá, seguro. Creo que algunas personas deciden libremente ejercer la prostitución y también creo que, sin alarmismos, algunas personas son víctimas de redes a partir de las cuales se han construido relatos de carácter mediático. La señora Garaizabal ha planteado la prostitución como una posibilidad y con ello entramos en el tema central de la discusión, es decir, si el Estado tiene que intervenir para tutelar, desde un punto de vista moral, a los ciudadanos o no; seguramente esta pregunta la debemos responder pensando si en el ejercicio de esta actividad la persona tiene control o no sobre ella durante todo el tiempo que la ejerce. Usted ha conocido a distintas personas que se han dedicado a la prostitución y, por tanto, sabrá si estas personas no un año, ni dos, ni tres, sino después de muchos años tienen un control absoluto sobre la prostitución o si se quedan, en algunos casos, con secuelas de carácter psicológico y si tienen dificultades para elegir libremente un cambio de trabajo. Estoy planteando alguno de los interrogantes que nos han suscitado las distintas comparecencias.
También desearía traer a colación la situación actual de la redacción del Código Penal, seguramente es un aspecto muy jurídico y quizá no deberíamos ir más allá. Personalmente creo que el actual redactado del Código Penal para combatir el proxenetismo, es decir, la prostitución forzada, es insuficiente. El actual redactado «de quien indujera u obligará para mantenerse en el ejercicio de la prostitución», del Código Penal de 1995, dificulta las pruebas para señalar a posibles proxenetas.
Creo que se tendría que revisar el tipo penal del proxenetismo y también estoy de acuerdo con usted en que la integración de otros tipos penales permite perfectamente la persecución de las coacciones y de otro tipo de situaciones degradantes. Personalmente quiero expresar la necesidad de innovar y perfeccionar este tipo.
Discrepo con usted, seguramente es un punto de vista nuevo, sobre la prostitución en la calle. La prostitución se debe ejercer en clubs o en pisos no porque la sociedad quiera esconder algunas prácticas sexuales sino porque con la prostitución callejera se produce una colisión de derechos, hay un derecho que es el derecho de la prostituta a ejercer la prostitución pero también está el derecho de los ciudadanos y, especialmente, los derechos de los menores ante una situación que, como mínimo, puede violentar algunos de estos derechos. Personalmente, y entienda esto como una reflexión, discrepo con usted en cuanto a la prostitución de la calle.
Han hablado de las relaciones laborales y han planteado claramente unas propuestas, incluso de carácter legislativo. Yo tengo bastante claro que el perfil podría ser el de una actividad autónoma por cuenta propia. La señora Hernández ha hablado de las dificultades más importantes que surgen de la relación de sujeción con terceras personas. Tengo algunas dudas, no es una postura muy cerrada, sobre la posibilidad de redactar un contrato en el que se estipule un número determinado de servicios sexuales al día. Una persona debe tener autonomía para decidir ese extremo cuando ejerce libremente la prostitución y por eso me parece que, desde el punto de vista de las relaciones laborales, puede ser difícil su regulación porque, como usted ha dicho, la prostitución no es un trabajo más. También tengo mis dudas sobre la posibilidad de redacción de un contrato laboral en el que se recoja un determinado número de prestaciones sexuales por día.
Mi última pregunta va dirigida a la señora Cristina Garaizabal, es una pregunta muy amplia, pero me daría por satisfecho con una respuesta breve, con un apunte, con una opinión. Dije al principio de mi intervención, en este turno de portavoces, que ustedes tienen un planteamiento liberal sobre la responsabilidad y conciencia de las personas sobre sus actos, yo también desearía una sociedad en la que cada una de las personas fuera responsable y consciente de sus actos. Dicho esto, a qué atribuye usted, como psicóloga, el aumento de la demanda de servicios sexuales. Seguramente es una pregunta muy amplia, nos podría abrir la puerta a la solitud, al sexo rápido... No sé, a muchas reflexiones, pero ¿por qué cree usted que hay un aumento, en una sociedad responsable y consciente, de la demanda de servicios sexuales? Les quiero agradecer su intervención, no ha sido una comparecencia para buscar la complejidad o lo fácil, muy al contrario han planteado medidas legislativas muy firmes desde una intervención serena, por lo que deberíamos tomar nota de alguna de sus propuestas.
Muchas gracias.

La señora PRESIDENTA: Gracias, senador Xuclà.
Por el Grupo Socialista tiene la palabra doña Fátima Aburto.

La señora ABURTO BASELGA: Gracias, señora presidenta.
Gracias señora Garaizabal y señora Hernández por su comparecencia y su valiente defensa de las posturas con las que en parte podemos estar de acuerdo y en parte no, como ocurre habitualmente. Voy a aprovechar la ocasión para hacerles una serie de preguntas.
Ustedes han dicho que consideran la prostitución como un trabajo especial, pero como un trabajo. ¿Qué piensan de las personas que defienden que son las desigualdades de género y económicas las que están produciendo ese aumento de la prostitución en España a costa de las inmigrantes sin papeles? La señora Hernández ha dicho: lo hacemos porque nuestras familias se mueren de hambre.


¿Eso lo consideran ser libres? Esa es una decisión muy condicionada. En cierta manera también ha dicho la señora Hernández que no tiene otra alternativa, evidentemente, eso es así, es una situación real pero la solución puede variar dependiendo de cómo se contemple. Asimismo, plantean una regulación --me ha parecido entender-- más parecida a la que existe en Alemania que la que existe en Holanda, donde se propone fundamentalmente la autogestión y, si hay un contrato, la mujer tiene más poder o está por encima del contratador de manera que éste solamente puede ligar a la mujer en el lugar y en el horario pero no en el tipo de trabajo que realice ni a quién lo realice.
Dicen que hay que escuchar la voz de las mujeres y en eso, por supuesto, estamos de acuerdo, porque si consideramos la prostitución, como la consideran muchas personas, una violencia para la mujer quiero recordarles que en este país la violencia de género conlleva dos muertes a la semana de mujeres y aunque esto sea una realidad si se pregunta a esas mujeres si están bajo una situación de violencia muchas veces van a decir que no. Las mujeres prostituidas o trabajadoras del sexo, o como prefieran que se las llame, creen que son suficientemente libres y, además, hay muy pocas en nuestro país porque la situación de alegalidad condiciona también el que sean muy pocas, eso es completamente cierto, aunque se crea que la situación que dicen es la real la contradicción está dentro de la situación que se plantea.
Dos asuntos más solamente. Ha preguntado mi compañero, el senador Xuclà, por qué ha aumentado la demanda, pero yo quiero saber por qué existe la compra de servicios sexuales en una sociedad en la que se supone que hay libertad sexual. Refiriéndome a los clientes, estoy totalmente de acuerdo con que el control sanitario no depende de la mujer. ¿Plantean ustedes un control sanitario del cliente? Por último, refiriéndome a la inmigración, si ustedes plantean que se considere el trabajo sexual como una causa de residencia, eso ¿habría que hacerlo a nivel de un país, de todos los países europeos, de todo occidente, de todo el mundo? Porque donde se plantee se atraerá a la inmigración de otros muchos países en situación económica peor.
Muchas gracias otra vez por su comparecencia y eso es todo.

La señora PRESIDENTA: Gracias, senadora Aburto.
Por el Grupo Popular tiene la palabra doña Cristina Tejedor.

La señora TEJEDOR UTRILLA: Gracias, señora presidenta.
Quiero felicitar a las comparecientes por la intervención que han tenido porque han aclarado otro punto de vista relacionado con el tema de la prostitución. Como bien ha dicho el portavoz de CiU, acabamos de escuchar otra visión completamente diferente sobre la prostitución en nuestro país. En la anterior comparecencia parece que estábamos hablando únicamente de las mujeres que vienen ejerciendo la prostitución a través de mafias, de redes, a través de la explotación. Hemos oído decir que las mujeres que ejercen la prostitución son totalmente libres, que no están engañadas, algunas si están engañadas aunque en su comparecencia han venido a decirnos que la mayoría de las mujeres que ejercen la prostitución son totalmente libres. Por eso creo que la tarde de hoy va a ser muy enriquecedora porque tenemos la oportunidad de escuchar unos puntos de vista completamente diferentes sobre el ejercicio de la prostitución en nuestro país.
En definitiva, creo que toda la comparecencia ha venido marcada por la reivindicación de la legalización de la prostitución en España y, dado que el ejercicio de la prostitución es tan variado y tan diferente, como también se ha puesto de manifiesto en multitud de comparecencias, hablando de prostitución de alto standing, de prostitución de clubs de alterne, de prostitución de autónomas y de prostitución de calle, quizá en esa propuesta de legalización habría que marcar un poco, yo les pido que lo marquen, la posibilidad de legalizar un campo de actuación tan distinto de los otros sectores que ejercen la prostitución, como se ha puesto de manifiesto que existen en este momento. Me ha llamado la atención la posibilidad de la legalización de ese trabajo a través de unos contratos laborales, por decirlo así, en los que no se recogerían ni la forma en que se debe realizar el ejercicio de la prostitución, ni el tiempo, ni los lugares, ni el tipo de clientes ¿Qué tipo de contrato considera usted, con todas esas dificultades, que realmente se podría redactar para regular ese contrato laboral? También me ha llamado la atención cierta reivindicación que se ha realizado sobre el incremento de recursos para la protección de las víctimas que denuncian a las redes que ejercen la explotación sexual de estas mujeres ¿Que tipo de recursos consideran que serían necesarios para apoyar este sistema de protección de las víctimas de las redes de explotación sexual? Por otra parte, creo que estamos en esta comisión para intentar encontrar un camino de regularización, de apoyo, de mejora de la situación de las mujeres que ejercen la prostitución y me ha sorprendido que se nos achaque el hecho de que faltan tres meses para las elecciones y que por eso estamos esta tarde del 15 de septiembre en esta comparecencia. Esta comisión empezó sus trabajos hace más de un año, como ya saben, y si de lo que se trata es de que no hagamos el esfuerzo de trabajar en esta comisión porque dentro de cuatro días, como aquel que dice, estamos en una campaña electoral, a lo mejor lo que nos proponen es que no trabajemos más hasta que pase la campaña electoral y hasta que pasen las elecciones, lo que me parece bastante triste ya que la filosofía de la creación de esta comisión era realmente encontrar el mejor camino y las mejores soluciones para este mundo tan problemático y difícil, porque por lo que se desprende de las distintas comparecencias los puntos de vista son tan distintos y tan variados que el trabajo que esperamos llevar a cabo es francamente complejo.
Muchas gracias por su intervención.

La señora PRESIDENTA: Gracias, senadora Tejedor.
Para contestar a las preguntas que se han planteado tanto a doña Cristina Garaizabal como doña Carolina Hernández, pueden contestar en el orden que deseen.


La señora HERNANDEZ AREVALO (Colectivo Hetaira de ayuda a mujeres prostituidas): Me ha preguntado qué pienso --lo siento pero escribo fatal-- sobre la economía tan condicionada y la desigualdad de género.
En cuanto a la economía no es que nosotras no tengamos otra alternativa.
Honestamente los recursos que se presentan aquí son muy escasos y no nos queda otra alternativa que buscar la calle. Al llegar a España te da la impresión de que estás en un país tan grande que puede darte, con cierta facilidad, un medio para conseguir dinero para tu bolsillo, pero una vez aquí eso es realmente difícil. La mayor parte de nosotras al ser mujeres no nos queda otra alternativa que buscar en la calle para poder comer, poder vivir y poder estar aquí ya que no encontramos otra actividad en la que podamos trabajar. Con el tiempo, te acostumbras a tu trabajo ya que puedes decidir en qué trabajas y en qué no, tampoco es que nuestro futuro esté resuelto en el aspecto económico, lo que vamos consiguiendo es el sustento de cada día. Cabe señalar también que como toda persona somos libres de poder escoger en lo que queremos trabajar.

La señora GARAIZABAL ELIZALDE (Colectivo Hetaira de ayuda a mujeres prostituidas): Hay varias cuestiones que están sobre el tapete. Existen planteamientos que son muy diferentes en torno a estos asuntos que están basados en una realidad muy diversa y los planteamientos más o menos radicales al final consiguen hacerse contradictorios cuando en parte el trabajo no lo es, es decir, si en algún momento he dado la idea de que la gran mayoría de mujeres son totalmente libres para ejercer la prostitución me he expresado muy mal. La gran mayoría de mujeres que vemos en las calles, que son con las que se montan los cristos más gordos con el tema de la prostitución, son las que son libres, lo cual no me lleva a decir que mayoritariamente las mujeres son libres para ejercer.
Hay muchas mujeres que ejercen en régimen de esclavitud, ejercen normalmente en clubs cerrados, clandestinos --clandestinos hasta cierto punto porque luego se sabe dónde están esos clubs, lo mismo que se sabe dónde hay clubs en los que hay menores inmigrantes que los han traído para prostituirlos en contra de su voluntad--. Cuando dije que lo han decidido por decisión propia me refería a las mujeres que mayoritariamente vemos en las calles, en el Parque del Oeste, etcétera.
El problema de todas formas, desde mi punto de vista, es que hay mujeres incluso dentro de las que lo han decidido por voluntad propia a las que les pesa ejercer este trabajo porque el estigma que la sociedad hace caer sobre las prostitutas es muy fuerte. Son condenadas a ser putas toda su vida y el resto de su vida es analizada por la sociedad bajo ese prisma.
Da igual lo que hagas, les quitan sus hijos, como ha pasado en esta ciudad en algunos momentos, porque se considera que una puta es contraria a una madre y como puta y madre son dos conceptos que se dan de tortas, sin preocuparse de si esos hijos están bien o mal cuidados se les quita la tutela. Asimismo, se considera que sus compañeros afectivos son chulos o proxenetas que las obligan a prostituirse siempre, nadie se preocupa de saber cuál es la relación exacta que tiene esa señora con ese señor. Es decir, yo creo que muchas mujeres desarrollan su trabajo interiorizando esos estigmas, sintiéndose mal y, por tanto, deseando abandonarlo. Creo que, en ese sentido, la labor que hacen organizaciones como APRAM, que ha comparecido antes que nosotras, es encomiable, necesaria e incluso se les debería dar más medios para que eso se pudiera ejercer en buenas condiciones. Otro problema es que se pretenda plantear que todas las trabajadoras del sexo están coaccionadas para ejercer como tal. Creo que ahí hay porcentajes para un lado y para otro. No me voy a meter en si mayoritariamente son más las obligadas que las de decisión propia, porque creo que si algo diferencia a un Estado democrático de otros es que legisla teniendo en cuenta a las minorías y no sólo a las mayorías.
Porque, además en este tema la cuestión de mayorías o minorías va en función de quién hace los estudios, es decir, si alguien quiere hacer un estudio desde una posición abolicionista acaba en la conclusión de que todas están obligadas, y si se hace desde una posición liberal se llegará a la conclusión de que todas son completamente libres. Todos sabemos que la realidad no es ni lo uno ni lo otro. Esto lo hemos discutido muchas veces. Las mujeres inmigrantes pueden dedicarse al cuidado de ancianos o al trabajo doméstico, pero lo que ganan con eso no es comparable con lo que ganan en la prostitución. Eso obviamente es un elemento que determina qué es lo que una decide hacer, porque si puedes ganar más por qué vas a ganar menos.
En cuanto al tema de la violencia de género creo que es obvio que la prostitución tiene que ver con las desigualdades económicas y con las desigualdades de género y que eso condiciona como condiciona el estar limpiando casas, como condicionan tantas cosas, es decir, todos los trabajos están condicionados por razones estructurales, no creo que los mineros que acaban hechos polvo muchas veces en la mina escojan eso encantados, y probablemente si se les ofreciera otro trabajo en mejores condiciones a lo mejor escogerían otro trabajo, y tres cuartas de lo mismo se puede decir con el trabajo doméstico, pero no por eso se nos ocurre decir que toda la gente realiza sus trabajos condicionada por su nivel económico y por su situación de hombre o de mujer, porque eso afecta a todo el mercado laboral y a toda la sociedad, y con eso no llegamos a la conclusión de que esos mineros o esas trabajadoras domésticas no están capacitadas para decidir cómo mejorarían las condiciones de trabajo del trabajo doméstico o de la minería. Ni se nos ocurre plantearnos que cómo están condicionadas y ése es un trabajo condicionado por las desigualdades sociales y de género, entonces que desaparezcan esos trabajos. La Historia se muestra muy tozuda en torno a la desaparición de las cosas, y no es la primera vez que se ha intentado, en la Rusia soviética se intentó que desapareciera la familia y la familia no sólo no desapareció sino que la gente, por los contactos que tenemos con feministas de la antigua URSS, está deseando poderse dedicar a sus hijos, a su familia y a cien mil cosas que por decreto les prohibieron porque consideraron que era un gran beneficio para las mujeres y para la sociedad. Luego se demostró que la prohibición o la abolición de las cosas no se hace por real decreto de nadie sino que es la propia dinámica social la que va llevando a que eso se haga innecesario.
Y esto también tiene que ver con la cuestión de por qué existe la compra de servicios sexuales en una sociedad donde hay libertad sexual y por qué aumenta la demanda de servicios sexuales. El problema es que estamos en una sociedad donde se comercializa todo, y lo mismo que para cuidar a los niños llamamos a una cuidadora porque tenemos otras cosas que hacer, cada cual tiene su trabajo y su sistema de valores para priorizar las cosas, con lo de la sexualidad pasa igual, es decir, la sexualidad forma parte del sector servicios que cada vez aumenta más, porque, por la lógica de esta sociedad de comercializar las cosas y por los contactos que hemos tenido tanto con prostitutas como con clientes, las motivaciones de los clientes son múltiples y variadas --no necesariamente explotar o denigrar o humillar a las mujeres--. Muchas veces son gente con dificultades para relacionarse que saben que para tener una relación sexual sin pagar hay que tener capacidad para relacionarse y una serie de cosas que no está dispuesto a hacer o no sabe hacer o no puede hacer y, por tanto, prefiere pagarlo porque es mucho más rápido, cómodo y fácil. ¿Estamos de acuerdo con esta lógica? A mí no me gusta mucho, pero en todo caso es una lógica que desaparecerá cuando haya una revolución de las costumbres, pero no porque con un real decreto nos empeñemos en abolir determinadas instituciones y, en ese sentido, creo que he respondido a que es importantísimo escuchar la voz de las mujeres, sobre todo cuando son víctimas de violencia de género, doméstica o de lo que se quiera. Yo no estoy de acuerdo con que la prostitución sea una violencia de género. La prostitución es un medio de vida que tiene que ver con una sociedad dividida en géneros; de todas formas, incluso en el caso de las mujeres maltratadas, yo creo que victimizando a los seres humanos, me da igual que sean mujeres, inmigrantes o lo que sea, no se consiguen grandes cosas. Estoy plenamente convencida, y quizás eso viene por mi formación en psicología, de que todas las personas, incluso en las situaciones más terribles y problemáticas, tienen capacidad de opción, el problema es que hay personas cuya capacidad de opción es pequeña y otras que su capacidad de opción es grande. Y lo que planteamos desde Hetaira es que las mujeres trabajadoras del sexo pasen de tener una capacidad de opción pequeña a tener una capacidad de opción grande, es decir, a ampliarla, pero nunca a sustituírsela porque nos pueda parecer mejor o peor desde un punto de vista feminista, moral o el que sea. El que se considere a las mujeres en este país sujetos con capacidad de decisión y se nos haya dejado de tutelar --me da lo mismo que el tutelaje lo haga el Estado o que lo hagan otras mujeres que se supone que son más listas o que ven más allá-- ha sido una batalla de muchos años. Quiero que se me deje elegir lo que quiero hacer en cada momento.
En cuanto al control sanitario de los clientes tampoco estaríamos de acuerdo entre otras cosas porque creemos que los controles sanitarios en el tema de la pandemia del sida se han demostrado ineficaces me da igual que sea de clientes, de homosexuales, de prostitutas o de lo que sea. Lo único que frena la pandemia del sida es que las prácticas no sean de riesgo, y lo más terrible de la realidad del sida es que todos los estudios vienen demostrando que donde más está atacando la infección es entre las personas heterosexuales que no se dedican a la prostitución, es decir, que se consideran a salvo de esos grupos de riesgo y que no toman ningún mecanismo de prevención y por ahí es por donde más se está expandiendo el sida en estos momentos. No estamos de acuerdo con el control sanitario para los clientes aunque sí estaríamos de acuerdo con que se continuaran las campañas, que ya se están haciendo, de concienciación y de salud pública para ver cómo se frena todo esto.
Estoy de acuerdo con que la prostitución en la calle lleva a una colisión de derechos, el problema es ver cómo se solventa esta colisión de derechos. A mí me parece que si nos sentáramos a negociar probablemente se encontrarían sitios donde no tiene por qué haber niños, donde pudieran trabajar tranquilas, quiero decir que en buena medida hace cuatro años con el anterior consistorio municipal estuvimos viendo la posibilidad de que la prostitución de la Casa de Campo se estableciera en el Cerro Garabitas, ésa era una posibilidad que las trabajadoras de la Casa de Campo contemplaban y aceptaban siempre y cuando el Cerro Garabitas no fuera lo que es ahora sino que allí hubiera alumbrado, servicios, es decir, hubiera mejores condiciones de trabajo, pero, insisto, creo que no sería difícil encontrar zonas y sitios donde esa colisión de derechos fuera lo menor posible.
En cuanto al tipo de contratos y cómo legalizar la diversidad, la verdad es que es difícil, yo no soy abogado laboralista, creo que habría que sentarse e ir viéndolo, de hecho nosotras estamos empezando a hacer esa labor con gente que controla las leyes laborales que son bastante complejas. Sí creemos que en el tipo de contrato, lo mismo que en los convenios colectivos se contemplan una serie de derechos por parte de los trabajadores y de prerrogativas y derechos y obligaciones por parte de la patronal, habría que contemplarlo para la prostitución teniendo en cuenta no que se establezca el número de relaciones sexuales que se tienen que hacer, etcétera, sino justo todo lo contrario. Si se trabaja a porcentaje, una mujer que limite los actos sexuales que vende obviamente tendrá menos clientela, es la ley de la oferta y la demanda pero, en todo caso, son ellas las que deciden qué actos son los que venden y cuáles no.
En cuanto a la protección de las víctimas de las redes de explotación el problema es que lo único que existe es lo de los tres meses de estancia en este país o hasta que salga el juicio, pero no hay recursos para garantizar de qué puede vivir esa mujer durante los tres meses, dónde va a vivir para estar protegida y que nadie de la mafia se la lleve por delante durante ese tiempo. En ese sentido planteábamos que era necesario invertir recursos en la protección de aquellas mujeres que denuncian a las mafias porque por lo que sabemos, fundamentalmente por asociaciones de religiosas que trabajan con ellas, viven de la caridad, es decir, de lo que la asociación buenamente les da y al final acaban recogidas en casas de mujeres maltratadas, es decir, no hay lugares seguros ni medios para que esa mujer, después de

tener mucho valor y de pensárselo mucho y al final se decide a denunciar, esté mínimamente protegida. No sé si he contestado a todo.
Perdón, lo del trabajo sexual reconocido a nivel europeo es una pelea que están llevando a cabo diferentes asociaciones de prostitutas. De hecho, uno de los problemas más gordos que se plantean en Holanda y en Alemania es ese, es una pelea generalizada porque, si no, sí que se podría dar pie a lo que planteaba la senadora del PSOE.

La señora HERNANDEZ AREVALO (Colectivo Hetaira de ayuda a mujeres prostituidas): El senador Xuclà dijo que los actos sexuales en este país y en cualquier parte son libres. Si hay personas que venden sus ideas, prostituyen su mente y venden todo lo que son sus ideas ¿por qué no vender actos sexuales si es lo que uno tiene y lo puede dar a otra persona a cambio de algo? Si se pueden vender a otras personas las ideas y lo que se piensa y con el tiempo se venden al mundo entero ¿Por qué no vender una satisfacción a otra persona? Y, otra cosa, que dijo la señora presidenta y la senadora del PP referente a lo que he dicho sobre nuestros políticos. Lo que dije --tanto en mi nombre como en el de mis compañeras porque tampoco estoy yo sola-- es que nuestros políticos no hacen nada para evitarlo. Durante los tres años y diez meses que llevan en el mandato muchas veces se olvidan de los ciudadanos, al menos es lo que sentimos no sólo las mujeres del sexo sino los ciudadanos en general, porque las mujeres que estamos en la calle formamos parte de la sociedad aunque no queramos verlo y, lo siento, pero si estoy sentada aquí ha sido para exponer lo que verdaderamente sentimos y no para llegar a una disputa sino para llegar a un acuerdo, para transmitir lo que piensan las mujeres que están en la calle y cómo viven. Por eso mis compañeras dicen que cuando están sentados en un mandato se olvidan de nosotras y de los ciudadanos y cuando vienen de nuevo las elecciones les empezamos a importar. Yo, lo siento mucho, pero lo expongo con franqueza tal como me sale, es la verdad, es lo que siento como ciudadana que soy de que no se me da lo que pido y, como antes lo dijo mi compañera Garaizabal, ¿en qué lugar se puede trabajar? Madrid es bastante grande, afortunadamente contamos con una ciudad que tiene amplitud y espacios que están totalmente desamparados y se podrían acondicionar para que fueran un lugar donde las mujeres que están trabajando en la calle pudieran ejercer libremente sin necesidad de molestar a los ciudadanos.
Nada más.

La señora PRESIDENTA: Gracias, señora Hernández.
Yo creía que el tema estaba zanjado. Reconociendo que su trabajo indudablemente tiene muchas aristas y es duro, por favor, reconózcanos a nosotros que nuestro trabajo aparte de peor remunerado es igualmente duro ante la disyuntiva que tenemos, las posiciones están muy enfrentadas y nosotros con la mejor voluntad posible y con una intención de incidir en la calidad de vida y en las condiciones de trabajo de muchísimas personas estamos trabajando aquí y, además, seguros de que no vamos a recibir ningún aplauso. Eso lo firmamos ahora todos. Creo que puedo hacerle una petición y es que sea usted transmisora del trabajo que estamos realizando en esta comisión que se ha creado en el Senado y que de verdad nos importan las personas. En este trabajo concreto el objeto de nuestro estudio son las personas que realizan la actividad de la prostitución y nuestra intención es seguir trabajando para mejorar sus condiciones.
¿Alguna cosa más? (Pausa.) Tiene la palabra la señora Garaizabal.

La señora GARAIZABAL ELIZALDE (Colectivo Hetaira de ayuda a mujeres prostituidas): Sí, una cosa pequeña, creo que la intervención de Carolina en relación con esto tiene que ver con los acontecimientos que han ocurrido en agosto y septiembre en Madrid en la calle Montera y en la Casa de Campo. En este trabajo la quemazón es muy alta y a veces es cierto que se generaliza y pagan justos por pecadores. Nosotras estamos agradecidas tanto por el trabajo que se está desarrollando como por el hecho de que nos hayan llamado a la comparecencia. Lo que pasa es que la realidad cotidiana a veces pesa y creo que es justo transmitir los trabajos de la comisión.

La señora HERNANDEZ AREVALO (Colectivo Hetaira de ayuda a mujeres prostituidas): Perdón, un momento, quiero señalar que sabía que venía al Senado pero no sabía con qué personas venía; repito, no venía engañada sino que venía al Senado, y, viendo lo que he escrito, cuando estaba aquí dentro me he dicho: igual lo voy a exponer. Y, como ya les dijo mi compañera, lo que he expuesto ha salido de dentro de mí y de mis compañeras, no está nada manipulado, es lo que verdaderamente sentimos y voy a transmitir lo que ha pasado aquí hoy a mis compañeras y al vecindario donde vivo, téngalo por seguro, señora presidenta que así lo haré y la verdad es que me voy con una idea totalmente cambiada de lo que ha sucedido esta tarde aquí en esta sala. Esté segura. (La señora Tejedor Utrilla pide la palabra.)
La señora PRESIDENTA: La señora Tejedor tiene la palabra.

La señora TEJEDOR UTRILLA: Muchas gracias, señora presidenta.
Unicamente es un segundo. Creo que lo que ha puesto de manifiesto es el sentir popular puesto que la imagen de los políticos ciertamente está tan estigmatizada como la de las mujeres que ejercen la prostitución a la vista de lo que se transmite. (Risas.)
La señora PRESIDENTA: Muchas gracias a ambas y especialmente a ti, Carolina, por tu sinceridad, que es precisamente lo que estamos buscando aquí, que se nos diga cuál es la realidad ante las dificultades y todo el conflicto que hay alrededor de esta actividad para lograr llegar a las mejores propuestas posibles.
Muchas gracias por vuestra presencia.
Se levanta la sesión.

Eran las veinte horas.

 

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