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Cuestión de cálculo

El País. El defensor del lector

5 de marzo de 2006

Como sucede después de toda gran manifestación, varios lectores se han quejado esta semana del número de asistentes a la marcha del 25 de febrero en Madrid que calculó este diario, la décima parte del estimado por los organizadores, la Asociación de Víctimas del Terrorismo.
A los comunicantes les he intentado explicar, a veces infructuosamente, cómo miembros de la redacción se habían informado antes del acto sobre cuánto medía el recorrido previsto y otros habían comprobado, a una hora determinada, qué espacio ocupaban los manifestantes y cuántos había por metro cuadrado. La superficie ocupada se multiplicó por el número de manifestantes por metro cuadrado y se obtuvo una cantidad: 177.000.
“¿Cómo me puede usted decir que había 180.000 manifestantes si los medios insisten cada Nochevieja en que medio millón de personas se reúnen en la Puerta del Sol?”, me preguntó una lectora que telefoneó el lunes. Aunque ello suponía oponerse a la arraigada tradición del medio millón de personas en la Puerta del Sol, me arriesgué: “Señora, no caben”. Esa plaza mide unos 12.000 metros cuadrados. Habría que apilar a más de 40 personas por metro cuadrado (en columnas que superarían la altura del reloj) para embutir a medio millón de seres humanos.
Otra queja, ésta por correo electrónico: “¿Por qué esta manipulación de la cifra de participantes? En otra carta les manifestaba el gran periódico que podría ser EL PAÍS (apto para la mayoría que buscamos veracidad y objetividad en las noticias) si no fuera por esta manía de querer manipular toda noticia que pueda perjudicar al PSOE y a su entorno”.
Le respondí explicando cómo hace los cálculos este diario y me permití añadir que ni la Comunidad de Madrid, que había estimado 1,4 millones de manifestantes, ni los organizadores, que habían elevado la cifra a 1,7 millones, habían explicado los suyos, mientras que sí lo había hecho, con plano incluido, la Delegación del Gobierno (111.000 asistentes).
El Libro de estilo establece: “En las grandes manifestaciones, el periódico ofrecerá un cálculo propio, pero siempre explicando el mecanismo utilizado”. Cumplir este precepto siempre acarrea críticas, pero es mejor eso que dejar a los lectores con la duda de que realmente hubiera 1,7 millones de manifestantes. Podemos asegurar que eso no es verdad.
Sin embargo, aunque es muy probable que el 18 de febrero tampoco se reuniera en Barcelona, según la estimación de los convocantes, un millón de personas bajo el lema ‘Som una nació’, este diario no podrá sostener esa apreciación porque no hizo el cálculo pertinente. Según explican en la redacción de Barcelona, una inadecuada planificación impidió que se pudiera hacer un trabajo de calidad y al final se optó por no dar una estimación propia.
Cifras de prostitución
Otra cifra proporcionada por este diario también ha sido criticada. El 13 de febrero se publicó un editorial titulado ‘Plaga de prostitución’ en el que se afirmaba que el 95% de las prostitutas ejercen en España “de manera forzada”.
En nombre del colectivo Hetaira, Carmen Briz y Cristina Garaizabal enviaron una carta en la que escriben: “¿Han podido ustedes contrastar esa información? El periodismo de precisión es algo más que copiar unas cifras que alguien dio por válidas, imposibles de demostrar porque no existe un solo estudio o investigación en nuestro país que arroje datos contrastados sobre el número de personas que ejercen la prostitución”.
Este diario ha publicado en artículos de opinión firmados por distintas personas esa cifra y, basándose en ellos, se recogió en el citado editorial. Pero es cierto que a la hora de redactarlo no disponía de ningún estudio riguroso que avalara ese porcentaje.
La queja principal de la carta es por el uso del término plaga. Tras repasar el significado que le da el diccionario (“aparición masiva y repentina de seres vivos de la misma especie que causan graves daños” y “calamidad grande”), las firmantes agregan: “[El titular] asimila a quienes trabajan en esta actividad a un mal que hay que tratar, una calamidad grande para la sociedad. Lleva implícita la idea de que estaría bien acabar con esta actividad, con esta plaga. Sin embargo, la prostitución fue reconocida en 2001 como “actividad económica” legítima por el Tribunal de Justicia de Luxemburgo, tal y como se citaba en otro editorial, publicado el 12 de abril de 2004″.
Responde el director de Opinión, Lluís Bassets: “Plaga de prostitución corresponde a una visión negativa de este oficio, no hay duda, y a la realidad de lo que está ocurriendo en muchas zonas -la casa de Campo de Madrid, los alrededores del Camp Nou de Barcelona-, donde ejercen este llamado oficio centenares de mujeres y también de hombres, recién llegados de África o de Europa del este, expuestos a la intemperie y en condiciones de higiene y de seguridad lamentables. Como en todo titular, puede producirse un efecto de amplificación o exageración en detrimento de la exactitud. Entiendo que son algunas connotaciones, sobre todo las que se subrayan al citar dos acepciones del término plaga en el diccionario, las que han molestado, razonablemente, a las firmantes de la carta. Probablemente se pudo titular con mayor acierto”.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de marzo de 2006


Editorial:  Plaga de prostitución

13 de febrero 2016

Que España tenga tantas prostitutas como Alemania con la mitad de la población, que el 95% de ellas la ejerzan de forma forzada y que la inmensa mayoría sean inmigrantes captadas con engaño o violencia por redes criminales, son hechos que revelan que estamos ante un fenómeno de proporciones insostenibles en nuestro país. Tres de cada cuatro prostitutas, de las 400.000 inmersas en este mundo de explotación y sordidez, viven aterrorizadas por las agresiones que sufren. En este contexto, la iniciativa de la Consejería de Interior de Catalunya para regular la prostitución tiene al menos el mérito de haber puesto en la agenda política este escándalo tanto tiempo ignorado. No podemos seguir mirando a otro lado mientras crecen las mafias, aumentan los crímenes y cada vez hay más mujeres sometidas a una explotación sexual esclavizante. La mayor parte de los países europeos han legislado o preparan normativas para frenar un fenómeno global cada vez más virulento. España debe hacerlo también. Es para ello preciso un amplio consenso sobre el camino a seguir.
Se plantean dos grandes opciones: la reguladora y la abolicionista. En las dos existen experiencias legislativas. La primera -las legislaciones de Holanda o Alemania- pretende proteger a las prostitutas con normas laborales y sociales, impidiendo su explotación por terceros mediante una regulación que sólo permita el ejercicio libre y autogestionado. Esta corriente, en la que se inscribe la propuesta catalana, nace del convencimiento de que, ante la imposibilidad de lograr la erradicación, es preferible aplicar políticas de reducción del daño, a la espera de que su aplicación abra posibilidades para objetivos futuros más ambiciosos.
La corriente abolicionista considera, en cambio, que regular la prostitución supone dar carta de naturaleza a una explotación degradante que atenta contra la libertad y la dignidad de las personas. A esta corriente pertenece la experiencia legislativa de Suecia, cuya normativa prohíbe la prostitución y castiga la compra de servicios sexuales con penas de hasta seis meses de prisión. Ambos modelos tienen pros y contras. Es cierto que en Holanda no ha disminuido la prostitución, pero se ejerce con mayor seguridad y dignidad. También es cierto que en Suecia ha disminuido drásticamente, pero persiste una bolsa de prostitución clandestina, muchas veces ejercida en alta mar, en la que las mujeres son sometidas a las mayores vejaciones y carecen de cualquier protección. No será fácil alcanzar el consenso, pero la grave situación en que se encuentran millares de mujeres obligará a tomar decisiones y muy pronto.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de febrero de 2006

febrero, 2006 |Categories: Artículos de Hetaira|