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De prostitutas a trabajadoras del sexo

Colaboración en el periódico Nuevo Mundo, Mayo de 2006.
Mamen Briz

Si hay algo en lo que todo el mundo se pone de acuerdo es en calificar el tema de la prostitución como un asunto complejo. La complejidad y la falta de comunicación con las personas implicadas hace difícil encontrar buenas alternativas.

En el Estado español la prostitución, el ofrecer sexo a cambio de dinero, no es ningún delito. Tampoco es delito el comprar servicios sexuales, siempre y cuando se trate de una relación entre personas adultas donde exista consentimiento mutuo. Sin embargo, quienes ejercen la prostitución no tienen reconocidos derechos sociales ni sindicales porque la actividad no se entiende como “económica”. Se aleja así del dictamen del Tribunal de Luxemburgo que, en una sentencia en el año 2001, definía la prostitución como actividad económica siempre y cuando se ejerza por “cuenta propia”, asimilando a quienes se dedican a ella a la categoría de “trabajadoras autónomas”.
Existen disparidad de políticas –que van desde la abolición hasta la legislación-en los distintos países de la Unión Europea. Suecia, con un modelo abolicionista, persigue a los clientes de la prostitución y dificulta enormemente la posibilidad de que las mujeres se ganen la vida de este modo; Alemania y Holanda optaron por la legalización, cada una de ellas con sus ventajas y problemas; Italia, gracias a la acción del Comité por los Derechos Civiles de las Prostitutas, es el país donde las mujeres víctimas de tráfico de seres humanos cuentan con mayores garantías para denunciar a sus proxenetas. En el Estado español ha habido diferentes comisiones de estudio tanto en el Senado como en el Congreso, pero sin que se haya alcanzado ningún acuerdo sobre qué hacer con la prostitución. El Gobierno central aún no se ha pronunciado, sin embargo, las corporaciones municipales están adoptando medidas de diferente tipo (es el caso de Madrid, Barcelona, Valencia…), medidas que jamás son consensuadas o acordadas con las protagonistas, las trabajadoras del sexo.

La mirada que desprecia

Un primer paso para intentar frenar la marginación a la que se ve expuesto este colectivo (integrado por mujeres, transexuales femeninas y hombres) es el reconocimiento de la prostitución como actividad económica porque traería consigo derechos laborales y las alejaría algo más de la mirada social que las desprecia por el hecho de ser prostitutas. Las mujeres podrían organizar mejor sus vidas, contar con unos ingresos que les permitan acceder a una vivienda (de alquiler o en propiedad), solicitar préstamos a entidades bancarias, cotizar a la Seguridad Social, sindicarse, etcétera. Pero hablar de sexualidad sigue siendo incómodo en nuestras sociedades, más cuando las protagonistas de una sexualidad “no controlada”, y por tanto “transgresora” de lo que se considera “normal”, son mujeres. Y aquí aparecen las primeras reticencias.
Con la “normalización laboral” sería mucho más sencillo poder determinar dónde se están dando casos de coacciones y secuestros por parte de las grandes mafias organizadas internacionalmente. La actual ley de testigos protegidos ha de modificarse para que ofrezca protección a las mujeres, no una “contraprestación” (ofreciendo datos que las fuerzas de seguridad consideren “relevante”). La ayuda y el compromiso para con las víctimas de tráfico de seres humanos ha de ser objetivo prioritario para todos los Gobiernos democráticos. La desarticulación de redes no puede enmascararse con las expulsiones masivas de mujeres que ejercen la prostitución en los clubs pero que se encuentran en situación administrativa irregular en nuestro país, sin papeles.
El panorama de la prostitución ha cambiado enormemente en el Estado español en los últimos años y a día de hoy muchas de las personas que ejercen son inmigrantes. Al no considerarse la prostitución como trabajo, quienes la ejercen se quedaron al margen del último proceso de regularización llevado a cabo por el Gobierno socialista.
Las mujeres emigran porque quieren cambiar de vida, porque no les gusta la que llevan, porque no encuentran un trabajo que les permita vivir en buenas condiciones, porque quieren dejar atrás una relación sentimental que no les satisface del todo, porque desean viajar o vivir en otro país diferente al suyo, porque quieren ganar dinero. Normalmente suelen ser las más atrevidas e inteligentes de las familias. Sin embargo se insiste en decir de ellas que fueron “engañadas” (se les supone niñas, tontas), “coaccionadas” (siempre víctimas), “empujadas” contra su voluntad (incapaces de tomar decisiones por sí mismas).
No se suele contar que muchas mujeres ya ejercían en sus países de origen, que desean despegarse de sus familias buscando más libertad (libertad sexual también), que no quieren casarse jóvenes como mandan sus tradiciones o desean estudiar y formarse… Además son responsables y generosas y quieren ganar dinero para sí mismas y para enviar a sus familias. Para emprender el viaje cuentan con ahorros familiares o propios, con el préstamo de amigos y conocidos, o con los prestamistas que les cobrarán intereses desorbitados, pero aceptados por ellas, un abuso más consecuencia de las estrictas leyes de extranjería europeas. En nuestro país cientos de mujeres son condenadas al ostracismo, a las huidas y a las deportaciones porque no pueden demostrar que se ganan la vida con su cuerpo, que tienen un empleo, que se mantienen así mismas, que no son delincuentes, que nadie las obligó a ejercer….
El concepto de “trabajadoras del sexo” nos llega de las experiencias asociativas y reivindicativas que tienen lugar en Latinoamérica. Muchas mujeres huyen del término “prostitutas” y abanderan este otro porque se identifican mucho más con él y porque desean reivindicar derechos en tanto trabajadoras.
Hay quienes hablan de “sacar a las mujeres de la calle”, aún incluso en contra de la opinión de las implicadas. Hay organizaciones, dotadas con muy pocos recursos, que ofrecen ayudas de diferente tipo. Son las pequeñas migajas que la sociedad ofrece a las prostitutas que deseen dejar de ser “malas chicas”. Pero muchas no desean caridad, desean derechos.

Ni víctimas ni esclavas

Hetaira, una organización formada por prostitutas y no prostitutas, opta, desde su fundación hace ya 11 años, por defender los derechos de quienes tienen intención de seguir ejerciendo porque creemos que han de poder hacerlo en las mejores condiciones posibles. Optamos por situarnos del lado de quienes afirman: “Ni víctimas, ni esclavas, nosotras decidimos”, porque todas las personas tenemos capacidad de decisión, absolutamente todas, a pesar de estar condicionada por múltiples situaciones personales (nivel económico, cultural, las ofertas de empleo…).
Estar cerquita de las trabajadoras del sexo de la zona centro, del polígono de Villaverde y de la Casa de Campo de Madrid, conocer su realidad, estar atentas a sus reivindicaciones, velar por sus intereses, conseguir espacios donde darles voz, organizar manifestaciones, denunciar actuaciones policiales abusivas y redadas indiscriminadas, ofrecer alternativas viables frente al vacío, debatir sobre la diferente situación de hombres y mujeres en nuestra sociedad, elevar juntas nuestra autoestima y compartir nuestras experiencias de vida (y también sexuales) y darnos cuenta de que no somos tan distintas, disgustarnos con las políticas que no dejan capacidad para sobrevivir y reírnos por la simple alegría de conocernos y re-conocernos las unas en las otras. De esta forma de organizarse, de esta forma de reivindicar, creando redes solidarias, sabemos mucho las feministas porque las mujeres pasamos -y seguimos pasando a día de hoy- por una pelea similar.
Facilitar atención asistencial y asesoramiento jurídico, socio-sanitario o psicológico; promover lazos de solidaridad y apoyo que sirvan para generar organización; mediar en los conflictos; reforzar su capacidad de negociación con los clientes para conseguir su autonomía y su autoafirmación como mujeres; y promover la conciencia sobre los derechos de las prostitutas para influir en las políticas que se planteen a nivel institucional, político o legal son nuestros grandes objetivos.

mayo, 2006 |Categories: Artículos de Hetaira|