Hetaira |
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Entorno de la prostitución callejera
Al analizar los datos del trabajo de campo y las transcripciones de las entrevistas, se observa que hay ciertos temas que se van repitiendo en las conversaciones y que aparecen como importantes en las vidas de las personas que ejercen la prostitución en las calles de Madrid. Se revela a través de ellos su vida diaria, los problemas a que se enfrentan cotidianamente, las maneras en que los resuelven o no y su visión del mundo. Como hemos mencionado anteriormente, la violencia física parece no ser rara en las vidas de algunas chicas. Durante la observación recogimos testimonios de agresiones de desconocidos, clientes, amigos de otras chicas, parejas, madames, e incluso entre ellas mismas, generalmente motivadas por la defensa del espacio propio para trabajar. Otras veces las víctimas no son ellas, sino que ocurren agresiones en su entorno de trabajo, amigos o vivienda.
“¿Qué hay problemas? Es verdad porque como en todos los sitios, de repente te sale un agresivo o lo que sea… Pero estás igual de expuesta en un club o en una casa, ¡incluso más!, porque si resulta que si el hombre… que si la mujer no hace lo que el hombre quiere, la que se queda agobiada eres tú. Pero tú aquí lo mismo, estás en la calle, sales, llamas a la policía y se jode. Así de claro, como si le quieres poner una denuncia.” (…) Han querido pegarme pero no han podido tampoco, porque no estás sola, hay más mujeres y te apoyan y ahí… allí nos defendemos como podemos, con palos o lo que sea; pero por lo menos no te quedas burlada, como quedarías en otros sitios. Eso es así.” V.
-“El único miedo que siento ahora es cuando salgo a trabajar, porque como es un trabajo que no está reconocido y no hay un lugar adecuado, entonces salgo con miedo a que me vaya a tocar algún loco, entonces me da miedo de que me vaya a agredir. Pero es por eso, por mi trabajo que ejerzo, no por mi condición sexual.” N.
- “Siempre estaba acompañada, nunca estaba sola. Llegó un día en que llovió. Me acuerdo hasta de que fue un 15 de Agosto, algo así. Llovió tanto que ese día se inundó la Casa de Campo y se desbordó el lago. Ese día ellos me pegaron. Me dieron tan duro, que me dejaron todo el cuerpo señalado.” K.
- “En Casa de Campo sí. No una vez, como cuatro veces que me asaltaron y me pegaron.” (…) Entonces yo la verdad que en mi trabajo, cuando yo desempeño, cuando he desempeñado mi trabajo tanto en Casa de Campo como en Montera sí me he sentido discriminada. Porque pasan jóvenes tirando agua, tirando piedras, el gas de los extintores de bombreros, huevos, pasan agrediéndote. O sea, tipo cháchara, mofa, la diversión, uno es el payasito. Pero no saben que detrás de una prostituta hay un ser humano, hay una mujer, que está por mantener a su familia, por mantenerse aquí, sobrevivir aquí, ayudar a sus padres en su país.”N.
La familia es el soporte para muchas chicas o la razón de que estén trabajando aquí: hijos o padres mayores, que han dejado en sus países de origen o que han traído con mucho esfuerzo y que muchas veces no saben de dónde proviene el dinero con el que viven. También suelen ser a la vez las personas a las que hay que ocultar lo que están haciendo para ganarse la vida; no importa que el mundo las mire, pero sí importa cuando se trata de alguien muy cercano que las puede juzgar. Otras veces la familia lo sabe y ha terminado por aceptarlo, lo que hace la vida de las chicas más equilibrada, sin esa necesidad y ansiedad de ocultar y de mentir. A otras les cuesta hablar del tema, pues hace mucho que dejaron a sus familias y no se han comunicado con ellas. Algunos ejemplos recogidos:
R. una mujer mayor de Ecuador (nació en el 57) lleva un año y cuatro meses en España (...). Se vino con su marido. Tiene dos hijos en Ecuador, uno profesor y otro trabaja en un banco. Cuando le confesó a su marido lo que hacía, éste accedió, pero con la condición de que sus hijos no se enteren.
Hombre… a mi casi… las amigas sí te hacen falta y tal, pero luego, pues nada, dices, mientras tu familia no se entere, pues bien. Yo mientras mi papi no se entere, bien. Total sé que de aquí no le va a decir nadie a mi familia, porque por suerte no tengo amigos de allí de mi tierra.”. M.
“Que trabajo con una señora. Que soy así como… su mano derecha. Le administro un locutorio y una cervecería. Es lo que ellos piensan, como saben que sé contabilidad y que estudié hasta lo que es la universidad secundaria pues… se lo dije y no sospechan”.V.
“Me vine porque año a año los gastos eran peores y tenía que mantener a mis hijos. Cogí y me vine”. H.
El dinero y la competencia es un tema de constante preocupación para las chicas. Los precios de los servicios sexuales han bajado a medida que aumenta la cantidad de personas que llega a prostituirse y también influye el acoso de la policía que provoca que la negociación sea más rápida y, por lo tanto, más desventajosa para la trabajadora. Al saludar a las chicas cada noche y preguntarles cómo va el trabajo, la respuesta más habitual es: “Más o menos. No hay trabajo”.
-“… pero actualmente hay muchas casas y muchos clubes que tienen los precios totalmente tirados, incluso a precio de clale, lo que es una explotación horrorosa… Por ejemplo, legazpi, donde las mujeres follan por 20 a 25 euros, que es lo mismo que se cobra en la calle, pero aquí son 12,50 para la chica y 12,50 para el dueño. Entonces no hay competencia”. V.
Los problemas generados por el tema de los papeles y los controles de la policía son los más acuciantes para las chicas, además de la falta de dinero, que también tiene que ver con esta temática, ya que si bien la legislación no criminaliza el ejercicio de la prostitución, las autoridades del Ayuntamiento han optado por perseguir a las prostitutas por su condición de inmigrantes ilegales cuando se da el caso, que es altamente frecuente, como ya se ha explicado. Los controles policiales a este respecto son muchísimo más numerosos y constantes en las zonas de prostitución callejera que en otras áreas de Madrid, identificando con esto el rechazo que se da a las inmigrantes que ejercen esta profesión. Pero el acoso policial es sólo uno de los problemas que les trae su condición de inmigrantes sin papeles. El escaso dominio del idioma para las que no hablan español, la dificultad de encontrar un empleo regular, los problemas de vivienda, la desprotección policial, las dificultades para obtener cobertura sanitaria y para salir y volver al país se suman a lo ya citado, acentuando su situación de precariedad e inseguridad.
K. (una transexual ecuatoriana) nos cuenta sus tácticas para viajar y cruzar fronteras sin problemas. Lo hace cambiando de vestuario y de look según la ocasión y de acuerdo a lo que más convenga para la situación, de chico o de chica. Como tiene papeles de chico suele viajar de traje, el pelo recogido en una coleta con gel y teñido de negro. Si le ponen problemas, se va al baño y se transforma en mujer. Esto puede ser en las aduanas o hasta en el baño del avión. Para entrar a Europa desde Ecuador le sale caro: debe pagar la confirmación de un pasaje de turista de regreso, pagar desde Ecuador el alquiler de un coche y un hotel caro. Así demuestra que viene por turismo.
Unos travestis nos dicen cómo algunos arreglan matrimonios por conveniencia con españolas para tener papeles. Comentan el caso de alguien que pagó 2.000 euros.
Hablamos con J., un travesti ecuatoriano que no consigue trabajo en otra cosa, así que ha debido optar por vestirse de chica y hacer la calle. Sólo habla de su deseo de dejarlo. Lleva unos tres o cuatro años en Madrid. Detesta la prostitución. Ha intentado conseguir los trabajos peor considerados en el Corte Inglés, pero no ha logrado pasar de las entrevistas. En Ecuador era maestro de Primaria, pero ganaba un sueldo miserable.
“Como no había nadie que me hiciera una oferta de trabajo, y como soy transexual, aquí es difícil conseguir trabajo así sea como empleada doméstica o empleado en un almacén, entonces yo me hice autónomo. Con mis ahorros cogí y regenté, subarrendé una casa de huéspedes. Eso me permitió tener los papeles. Y todavía sigo como autónomo. (…) Ahora yo quiero sacra la nacionalidad, así que eso me sirve para demostrar que pago mi seguridad social y todo lo demás. Ya metí mis papeles para eso.” N.
Vemos a S., de Ecuador. Nos quiere preguntar algo así que nos detenemos con ella. En un lenguaje muy enredado nos va contando su problema. Está muy angustiada por no tener los papeles en regla, tiene miedo de la policía y desea tener la tarjeta para poder ir de vez en cuando a Ecuador a ver a su madre, que al parecer depende de ella. Hace poco sacó un papel para iniciar los trámites, nos lo enseña y nos va explicando: que tiene ganas de conseguir un empleo en otra cosa, que si la podemos orientar. No es mucho lo que podemos decirle, le aconsejamos contactar con Apramp y la invitamos a la charla que va a dar un abogado sobre el papeleo para inmigrantes. Pero ella sabe que Apramp le ofrece talleres de costura y cosas así, sin mayor futuro. A una amiga suya inscrita en la Seguridad Social le acaban de denegar la segunda tarjeta de residencia. Le explicamos que están endureciendo las leyes. Nos dice que cuando entró en España llegó con su pasaporte y una carta de invitación de una amiga, pero en el aeropuerto el encargado la hostigó mucho, no creyó que venía por turismo. En su país no hay empleo y vienen para intentar salir adelante, dice ella. Finalmente la hicieron firmar un papel en que se rechazaba su ingreso. Luego parece que entró por Holanda y se vino en tren. En la frontera pagó un taxi y de algún modo logró entrar con alguien más. Habla mucho, se le entiende muy mal, está muy preocupada y nerviosa.
- “Me quedo trabajando nomás, escondidita ahí de la policía, pero no me quejo. Yo tengo que trabajar, no ve que cómo hago si no. Si pago 300 euros de habitación. Y todo eso”. R.
- “Porque las casas de citas y clubes a mi en definitiva no me gusta; y por eso que ahora que está pasando todo esto con la calle, yo me pongo a pensar y… me pongo hasta mala y todo… Porque me doy cuenta de que tendría, o me obligarían prácticamente a donde yo no quiero volver. O sea que ganen de mi y se sirvan de mi cuerpo mientras que la única que tiene que servirse de su cuerpo soy yo misma”. V.
Muchas chicas tienen pareja, y la mayoría de las que no, aspiran a tenerla. Es un tema complicado para ellas, pues tienen necesidades emocionales como cualquier persona, pero a la vez es difícil encontrar una pareja que se muestre comprensiva con su trabajo. A veces se lo ocultan si ellos están lejos, pero la mayor parte de las veces lo saben. Por eso suelen ser poco exigentes en este plano y aceptan novios que pueden llegar a aprovecharse de ellas, o que son las parejas de otras chicas. Otras veces los novios son clientes con los que han hecho amistad. También suele ocurrir que se sientan culpables por su oficio y que, por ello, tienden a compensar a sus parejas por estar con otros hombres, ofreciéndoles regalos y aceptando situaciones que de otra manera no aceptarían.
Bianca (una travesti ecuatoriana) mantiene a su compañero, un chico ecuatoriano que a veces desaparece un par de días, otras exige que le cocine, pero por lo general colabora en las tareas domésticas. Cuando se va durante días ella no le dice nada. “¿Qué le puedo decir?”.
“Sí, lo ha respetado como todo caballero. Y es más, es una persona que aparte de respetarme a mi, respeta a todas las que están en la calle. Y cuando él puede defenderlas las defiende”. V.
“Con mi novio sí, porque me decía que me cuidara mucho y que cuidado con lo que hacía, que no le gustaba mucho y tal. Además, luego se pasó el tiempo, ya ví la idea de que amor de lejos es amor de pendejos, así que nada, yo también necesitaba de otras cosas”. K.
“En el mundo este conocí a esta persona, a mi nueva pareja, conocí a ella y comenzamos a salir, a salir y bueno, terminándonos uniéndonos. Como hombre en casa, un hombre muy bueno, responsable. Él quiere a mis hijos, siempre ha querido a mis hijos, me ha apoyado, él siempre ha trabajado, me ha entendido. Hay cosas que no le gustaban, pero igual, él quiere que deje este mundo pero hay necesidades y lo de él no me va a alcanzar y yo siempre he trabajado; pero sin que nadie me haya chuleado, por decisión propia y ya.” H.
Respecto a la sexualidad, las chicas diferencian claramente las relaciones que mantienen con los clientes de las que tienen con sus parejas. Con sus maridos o novios pueden tener los mismos problemas que una mujer sin mayor experiencia sexual fuera del matrimonio por las desigualdades de género: inhibiciones, no poder tomar la iniciativa, tener que someterse siempre al deseo masculino, sexo rutinario, etc. Pero también se añaden otras dificultades por su oficio: el cansancio y la desgana para tener relaciones con la pareja tras realizar trabajo sexual durante la jornada; los celos, la desconfianza de los maridos, etc. Con los clientes, no expresan mayores problemas que saber satisfacer sus demandas y fingir. Algunos testimonios recogidos sobre sexualidad de las prostitutas ecuatorianas:
“Él no sabe que yo estoy en esto, está en mi país”. R.
“Mis clientes suelen quedar satisfechos. Pero me da vergüenza proponer ciertas cosas a mi marido, aún cuando mi pareja sepa que trabajo en esto”.
“A lo mejor en tu cultura no, pero en nuestra cultura, los hombres no aceptan negociar, te dan un golpe y ya”. L.
En la sexualidad soy más abierta, creo yo. No juzgo. Por ejemplo, si el uno es gay, que si la otra es lesbiana o cosas por el estilo. Es que anteriromente…, es que en mi país eso está muy mal visto. Se juzga mucho, sí. Entonces no, yo ahora lo veo muy normal, y respeto”. V.
Es común escuchar que entre las trabajadoras del sexo no hay verdadera amistad, sino vínculos por interés o conveniencia. Pero al estar día a día compartiendo situaciones de todo tipo se van dando de manera natural simpatías y ayudas de una a otra, se acompañan y se escuchan. Estas amistades son más difíciles cuando hay diferencias culturales y, al parecer, entre las transexuales también son más complicadas.
Dos travestis, B. y M. J. (...) opinan sobre lo importante que es estar unidas y organizadas para hacer frente a sus problemas. Parecen concienciadas después de que una de sus amigas contrajera el VIH.
“Sí, está mal visto, está mal visto, yo te digo, porque todas mis amigas o alguna amiga más bien que he tenido, pasa por aquí y si me ve, no me vuelve a hablar nunca más. (…) Sí, me ha pasado ya con dos amigas. O sea que no… claro, estás en la prostitución, pues olvídate de las amigas.” M.
“Yo creo que mi forma de ser. Porque yo nunca voy de reina, ni eso… siempre he sido sencilla, cuando las he podido ayudar, las he ayudado. Y habiéndome hecho alguna mal, les he ayudado bien, ¿sabes? O las he llevado a comer, o no han tenido para dormir en hoteles, les he prestado el dinero… O llévame para aquí, llévame para allá”.N.
“Entonces yo tengo eso altruista de ayudar, y cuando ya no las ayude económicamente, las ayudo de esta forma, por ejemplo, tratar de conseguri nuestros derechos, un lugar de trabajo adecuado, que es lo principal…” N.
“Sí, ella estaba allí en la calle y yo un día justo salí a hacer compras aquí a Sol y la ví ahí parada. Y ella me dijo: “cuando tú quieras ven”. Y entonces dije “sí, porque de verdad que no me parece normal que yo esté así”. Yo creía que era normal 50% pero cuando ya ví que acá se ganaba… entonces que no valía igual el sevricio pero que prácticamente te salía igual, pero tenías más posibilidades de lugar y tal… pues aquí.” V.
No es fácil que a una trabajadora del sexo le alquilen una vivienda y, mucho menos, si es inmigrante. Es frecuente escucharles hablar de que están buscando piso. Pero las historias como siempre, son muy diversas y hay casos de todo tipo.
T. habla de sus problemas para encontrar una nueva vivienda (necesita una que le permita tener más intimidad con su “marido”). Ahora los dueños están todos pidiendo aval bancario o nómina.
“No, no les alquilaban. Era muy difícil, no por la fama que hay ahora de que dañan los pisos porque no tenían un contrato de trabajo de cómo poder avalar el piso donde ibas a vivir”. K.
“Porque no tengo nóminas, no tengo esto, no tengo lo otro, es decir… Y cuando mes a mes yo estoy pagando mi casa. La casa es sagrada, es de ley, es como cuando metes aire en los pulmones, sabes que si no los metes e mueres. Pues igual, si no pagas lo tienes que endeudar, entonces… Vamos a ver si cambia un poco eso. Debería haber una asociación que ayude”. N.
Las personas que ejercen prostitución y llevan tiempo en ello saben más o menos a qué atenerse con los clientes y controlan cómo manejarse. Entre los clientes, los hay de diferentes tipos, los que hablan mucho y con los que no se llega a nada, algunos más agresivos, o los que se harán clientes fijos, o incluso eventuales novios. Saben que es una relación que tiene un límite y que sólo se da en el ámbito oculto de la prostitución, o si trasciende, habrá cosas que ocultar al mundo.
B. teme a “los moros”, que se aprovechan de su fama de violentos. Hubo uno que cierta vez la contrató para un servicio completo y cuando acabó quería continuar bajo amenazas. Pero ella no le aguantó, no se humilló ni un poquito, fue la manera de resolverlo. Dice que también están “los guapos” que quieren follar sin pagar: “pero si soy guapo”, dicen. “Y yo también”, les contesta ella. Están además “los polis” que al identificarse como tales pretenden obtener servicios sin pagar. También cuenta que a las 5-6 de la mañana aparecen “muchos tíos borrachos”, de vuelta de sus juergas; mayores, chavales, de todo.
¿El dinero? No, también conoces a gente interesante. Tanto a nivel de compañerismo como a nivel de clientes. No todo el mundo, no todo el mundo es un cerdo, hay mucha gente que no va sólo por sexo, va por soledad, va porque quiere conversar, por… curiosidad, ¿sabes?. N.
“Sí, siempre me sentí muy cómoda, la gente que me tocaba era muy maja, de hecho yo tengo clientes que los conocí el primer día y ahora siguen viniendo conmigo. Son personas que conozco desde hace muchos años.”. K.
L., una mujer ecuatoriana con expresión triste nos cuenta que quiere dejar Casa de Campo, pero sólo le ha salido un trabajo en Melilla y no le gustan “los moros”. También nos cuenta que se lo ofreció un cliente con el que se fue de vacaciones un par de semanas y que la tuvo siempre controlada, quería ir a todos los sitios con ella. Le ofreció trabajar de recepcionista o secretaria y que viviera en su casa; eso a ella no le gustó, quiere tener su independencia. Como nos cuenta más tarde una compañera, L.. vive en un mundo propio desde que la dejó un cliente que confundió como pareja: supuestamente le había dicho que se separaría de su mujer. Pero luego ésta se enteró, averiguó el número de teléfono de Laura y la estuvo acosando.
Algunas se animan a contar sus casos personales con sus parejas o con clientes: “no todos quieren penetración; algunos buscan caricias”.
M.l, (una trans mayor) nos cuenta con detalle la ocasión en que ganó con un solo cliente 270 mil pesetas en una noche. Trabajaba de día y un tipo en coche la llamó desde lejos, pero ella no se acercó. Él vino, le dio dinero (40 mil pesetas) y se subió al coche feliz. Quedaron en que vendrían a buscarla para ir a comer. A la 1 en punto él la esperaba en el lugar acordado y la llevó a almorzar lo que quisiera, hasta le pidió cuatro postres, que según ella apenas tocó. Quedaron para la noche, él le pidió si podía llevar a una amiga y fueron a cenar. Luego se fueron a la casa de ella y llamaron a otra amiga, una vecina. Le bailó, le cantó. La otra chica, una travesti, quiso que le pagaran para irse y el tío le hizo un cheque por cien mil. Después de que se fueran las amigas, el hombre se quedó con ella. Dice que tenía unos sesenta años, así que mucho no pasó. Por la mañana se levantó temprano para que el hombre se fuera, pero antes consiguió que le hiciera un cheque por 170 mil pesetas. Dice que ese tipo de cosas pasan sólo una vez en la vida.
(…) “Con el 100% de los clientes no se siente satisfacción. Pero con un 30 a 40% sí, en mi caso, un 30% sí”. N.
Las chicas suelen saber cómo divertirse. En general les gusta salir, bailar, sobre todo a las transexuales. Las ocasiones para hacerlo pueden estar mezcladas con su trabajo o estar muy diferenciadas de éste. Otras son más funcionales, sobre todo las que ya tienen responsabilidades familiares.
Se habló de la posibilidad de realizar reuniones periódicas para organizarse, y T. sugirió que las hiciéramos tipo fiesta para entusiasmar al resto, con bebida, música y baile.
“Era una dicoteca muy grande, inmensa, inmensa, inmensa. Era inmensa. Y había una parte alta donde tú llegabas, y la pista quedaba abajo, y te ponías a mirar. Mirabas a la gente y parecía hormiga, pero era una forma de divertirse tan espeluznante, que la primera vez salí horrorizada de ver lo que había. Me metí al baño y había tal diversión que nunca la habías visto en tu país, en el baño, en la discoteca, en los pasillos, en todas partes. La gente se divertía a su manera, sin importarle quién estaba a su alrededor, cada cual iba a su rollo y el resto no importaba. Tú te divertías como querías”. K.
Hay algunas chicas que por el oficio al que se dedican se han aislado de sus familias y amistades y no han encontrado nuevos vínculos reales en el mundo de la prostitución por lo que se refugian en la soledad.
C., una trans de Ecuador, charla bastante rato. Siempre busca conversación, más que otra cosa, parece sentirse sola. Nos cuenta cosas de su perro, se lo regaló una compañera y con el que se ha encariñado mucho, a pesar de los gastos y de que le ha roto unos zapatos. Es muy caprichoso, pero ella suele hablarle, contarle sus cosas, y siente que la entiende.
“Mucha droga, debería haber más… ¿cómo es? Más ayuda psicológica. Porque, ¿por qué nos metemos en drogas? ¿Por qué? Por soledad… porque nos cierran las puertas…”N.
Respecto a los temas más estrictamentes sociolaborales encontramos la preocupación por su salud, la necesidad de organizarse y, a veces, la necesidad de otras alternativas laborales.
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