Hetaira

Valer y pagar

Juan Aguirre
diariovasco.com 03.09.08

El Ayuntamiento de Sevilla ha emprendido una agresiva campaña contra la prostitución. Agresiva en el sentido de ofensiva hacia los putañeros a quienes se trata públicamente de seductores patosos, de falderos mindundis, y eso con dinero público. Supongo que en la cuna de Don Juan, el burlador de Sevilla, a los aludidos debe de escocerles cantidubi.
«¿Tan poco vales que tienes que pagar?» se pregunta al transeúnte con grandes letras al pie de la foto de un hombre con una mano en la cartera y la otra sobre la espalda de una señorita. Quiere decir esto que la campaña va dirigida a los clientes de un único tipo de prostitución, varones y heterosexuales, pues la retórica oficial se hace la longuis en cuanto al lenguaje no sexista y no habla de los putos y las putas, ni de los puteros y las puteras como sería de recibo en cualquier otra cuestión.
A la polémica campaña cabría haberle dado una doble perspectiva colgando en contracampo, por decirlo con jerga cinematográfica, la misma foto pero con la hetaira en primer plano junto con el epígrafe «¿Tan poco vales que te tienes que vender?». Pero eso habría puesto en pie de guerra a los institutos de la mujer y asociaciones afihttp://www.diariovasco.com/prensa/noticias/200809/03/fotos/1390315.jpgnes, y no está el horno para tales bollos equidistantes. Lo más limpio, fácil y barato es largar que la prostitución existe porque hay caballeros que la demandan, con lo que damos una nueva vuelta de calcetín al viejo tema de la tentación fatal que corrompe el alma inocente. Aunque, la verdad sea dicha, como fatalidad Gilda con sus largos guantes tenía mucho más encanto que un pichafloja con billetero.
Si no mediara tanta hipocresía y neopuritanismo, también podría hacerse una bonita y culta campaña publicitaria por parte de los empresarios de los clubes de alterne. Imaginemos una retahíla de fotos de excelsos y confesos aficionados a las casas de mancebía: el cardenal Richelieu, Beethoven, Van Gogh, Schubert, Nietzsche, Clemenceau, Picasso, Joyce, Simenon, Cioran, etc., con el eslogan «Ellos pagaban por gusto... ¡y mira que valían!». Pero me temo que les lapidarían por incitar a la explotación sexual, con lo que ya la tendríamos otra vez armada. La paz social exige que los dueños de puticlubes callen y paguen sus impuestos con la religiosa puntualidad con que antaño se pagaban las indulgencias.
«¿Tan poco vales que tienes que pagar?». Vallas con esa misma pregunta podrían exhibirse en centros comerciales, hipermercados, concesionarios de coches y calles fashion de ciudades y pueblos. Porque aquí, valgamos más o menos, todos pagamos por llenar nuestros vacíos, por comprar un pedazo de felicidad. Felicidad las más de las veces fingida, como el amor mercenario de las profesionales.

 

 

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