-
Los pasos (in)visibles de la prostitución. Estigma, persecución y vulneración de derechos de las trabajadoras sexuales en Barcelona
-
-
De Celeste Arella, Critina Fernández Bessa, Gemma Nicolás Lazo y Julieta Vartebedian.
Presentación del libro a cargo de Cristina Garaizabal, Colectivo Hetaira. CCCB, Barcelona, 19 de abril de 2007
PRESENTACIÓN INVESTIGACIÓN
Los pasos invisibles
Cristina Garaizabal
Co-fundadora de Hetaira (Colectivo en Defensa de los Derechos de las Prostitutas)
Esta investigación pertenece a ese grupo de investigaciones que, aunque minoritarias no por ello son menos representativas y que, cuando se habla de la prostitución, suelen ser a menudo silenciadas. A la hora de abordar los conflictos que surgen en relación a la prostitución, tanto en el ámbito académico como en el político preocupa en exceso mantenerse dentro de lo “políticamente correcto”, de tal manera que, como dice el cantante Lluis Llach, se acaba por caer en lo “miedosamente correcto”. Hoy, lo “políticamente correcto” al hablar de la prostitución parecen ser las posiciones abolicionistas, aunque la mayoría de las veces estas posiciones se sustentan en prejuicios y dan la espalda a la realidad, especialmente a los discursos de uno de los actores principales de esta temática: las propias trabajadoras del sexo. Por el contrario, la presente investigación se involucra con la realidad e intenta ofrecer instrumentos para mejorarla, atreviéndose a entrar en el debate desde una óptica valiente y arriesgada, donde la honestidad y la coherencia están siempre presentes a lo largo de todo el trabajo.
Ya en su introducción las autoras dejan claro que su investigación no sólo pretende recoger “los diferentes discursos de los actores que intervienen directa o indirectamente en esta temática, sino que, sobre todo, se encaminará hacia una meta última donde los derechos humanos de las trabajadoras sexuales obtuvieran protagonismo”. Visto el resultado, lo consiguen plenamente.
A través de un trabajo de campo amplio y complejo, se atreven a estudiar el sector más complejo, problemático y oscuro de la prostitución: aquella ejercida por mujeres, en su mayoría inmigrantes, en las calles de Barcelona. Si sobre la prostitución en general existen mitos y prejuicios que impiden abordar la realidad de manera cabal, sobre las trabajadoras del sexo que captan su clientela en la calle recaen con más fuerza aún el estigma y son las que frecuentemente están en el punto de mira de las protestas vecinales. Este sector de prostitutas suele ser el más empobrecido y, también, el más molesto, el que más incómodo para la sociedad bienpensante, porque su visibilidad impide que se pueda ignorar fácilmente su existencia.
Se trata de mujeres que, junto al estigma por ejercer la prostitución sufren, a menudo, la marginación y la exclusión sociales, se ven obligadas a vivir y a ejercer en barrios conflictivos y degradados, donde se acumulan diferentes problemáticas y sectores marginados. Fácilmente se convierten en los “chivos expiatorios” sobre los que recaen frustraciones sociales más amplias y que, muchas veces, nada tienen que ver con ellas. Además, hoy en día, en las grandes ciudades este mundo lo ocupan mayoritariamente mujeres inmigrantes con lo que, a los problemas mencionados hay que añadir los derivados de una situación discriminatoria y, en muchos casos, ilegal en nuestro país.
Las políticas que últimamente han puesto en marcha instituciones como los Ayuntamientos de Barcelona y Madrid, en nada han ayudado a mejorar la situación de este sector de trabajadoras sexuales. Por el contrario y teniendo en cuenta la situación actual, los derechos de las trabajadoras del sexo han sido conculcados sistemáticamente y ha aumentado tanto su situación de discriminación como su vulnerabilidad ante los atropellos tanto de los supuestos protectores, chulos o proxenetas como de vecinos y autoridades.
La prostitución que capta su clientela en la calle plantea, muchas veces, problemas de difícil solución, especialmente en las grandes ciudades. La convivencia ciudadana en espacios donde conviven diferentes problemáticas es siempre difícil. Actualmente, ciudades como Barcelona o Madrid son el punto de convergencia de personas e intereses muy diversos, cuando no dispares. Los deseos y aspiraciones de ciudadanos y ciudadanas de pleno derecho conviven con los de aquellos que se mueven en la exclusión y la marginación social. Las diferentes formas culturales de apropiación y uso de los espacios públicos provocan frecuentes conflictos en los que la legitimidad de interés no pertenece en exclusiva a uno de los bandos. La confluencia de etnias y orígenes culturales diversos nos remite permanentemente al debate sobre los modelos de convivencia por los que apostamos. En definitiva, la utilización del espacio público es algo que debe ser continuamente renegociado entre los agentes sociales y las instituciones públicas.
Cuando los conflictos se producen en relación a la prostitución que se hace visible en las calles y parques de nuestras ciudades, las trabajadoras del sexo son ignoradas y su voz casi nunca es escuchada por las diversas Instituciones. El estigma que recae sobre quienes ejercen este trabajo lleva a que su opinión raramente sea tenida en cuenta, especialmente si se sienten autoafirmadas y reivindican su dignidad, su trabajo y sus derechos. Las políticas institucionales se apoyan, y a su vez refuerzan, el imaginario colectivo que ve a las prostitutas como víctimas sin capacidad de decisión sobre su vida, como seres indefensos que deben estar bajo la tutela institucional, sin que importe lo que sientan o piensen.
Los pasos (in)visibles de la prostitución parte precisamente de lo contrario: dar la voz a las trabajadoras del sexo en pie de igualdad con los otros actores sociales que están involucrados en esta problemática. En un exhaustivo trabajo de entrevistas con todos los sectores implicados (organizaciones vinculadas al trabajo sexual, organizaciones feministas, ONG’s, grupos religiosos, vecinos, organismos públicos, cuerpos policiales, empresarios de locales de alterne y trabajadoras del sexo) consiguen plasmar toda la diversidad de opiniones y ángulos desde los que se puede valorar esta problemática, dibujando un cuadro preciso y valioso que permite desentrañar los intereses, muchas veces antagónicos, que se mueven en torno a este mundo. Y ante esta diversidad las autoras no permanecen neutrales sino que toman partido por el sector más vulnerable, las trabajadoras del sexo, preocupándoles especialmente el atropello que sistemáticamente se hace de sus derechos ciudadanos, sociales y laborales.
Esta toma de posición no esta reñida con la supuesta validación científica de su estudio. Por el contrario, dejan claro desde el principio el punto de vista del que parten y documentan exhaustivamente cada uno de los apartados, siendo un privilegio poder acceder a las referencias bibliográficas a las que hace mención. Estas referencias abarcan no sólo los ensayos publicados sino también otras investigaciones, tesis doctorales, noticias aparecidas en los medios de comunicación y diversas leyes y ordenanzas relativas a la prostitución.
La honradez de plantear explícitamente los presupuestos de los que parte la investigación se agradece especialmente en un tema como éste, en el que, lamentablemente, estamos demasiado acostumbradas a leer investigaciones o escuchar opiniones que, bajo una apariencia de cientificidad, no dejan de ser una reedición de viejos prejuicios moralistas sobre la prostitución y las prostitutas. Como ocurre, por ejemplo, con aquellas aseveraciones pseudocientíficas que nos hablan de los trastornos psicológicos de las trabajadoras del sexo; aquellas que aseguran que todas las prostitutas han sido abusadas sexualmente en su infancia o aquellos informes que dan la cifra objetiva de que existe un 95% de mujeres que ejercen el trabajo sexual obligadas por las mafias sin aportar ningún dato que lo demuestre.
Resulta difícil resaltar en esta presentación algún capítulo sobre otro. Todo el texto mantiene el interés desde las primeras páginas, en las que se explica cómo empezó el trabajo, hasta las últimas. La investigación es un recorrido que se va adentrando en un mundo bastante desconocido para el público en general, donde los actores van tomando la palabra, dibujando una situación compleja y de difícil solución. No obstante, y a pesar de esta complejidad, las autoras nunca pierden de vista la preocupación inicial: la defensa de los derechos de las trabajadoras sexuales. Su alegato final a las responsabilidades institucionales y también a las de la ciudadanía en general en la defensa de los derechos de las minorías recuerda el bello texto atribuído a Bertolt Brech: “Primero vinieron a buscar a los comunistas y yo no me inmuté porque no era comunista, después a los socialdemócratas y yo no me inmuté porque no era socialdemócrata, después a los sindicalistas..., después a los judíos... cuando vinieron a buscarme a mí no había nadie más que pudiera protestar”
No obstante me gustaría resaltar algunos asuntos en los que sus análisis me parecen especialmente lúcidos porque en ningún momento obvian la diversidad y la complejidad de los comportamientos humanos, como se observa en los relatos de las trabajadoras sexuales.
De especial interés me parece el capítulo III Trabajo sexual y migraciones. En él se aportan muchos datos que sirven para ilustrar la complejidad de las diferentes redes que intervienen para facilitar la entrada de inmigrantes por vías irregulares, dado que las posibilidades legales son muy restrictivas. Apoyadas en los marcos teóricos aportados por investigadoras feministas como Dolores Juliano o Ruth Mestre, consiguen esbozar un panorama que brinda bastantes instrumentos para entender las relaciones existentes entre las redes migratorias, el tráfico de personas y el trabajo sexual. Podemos destacar la deconstrucción que hace del concepto de “tráfico”, utilizado de forma abusiva cuando se habla de prostitución e inmigración y que resulta poco explicativo, ya que se suele incluir en él realidades muy diversas. Una diversidad que, al no ser reconocida, resulta especialmente preocupantes cuando los niveles de coacción o la opinión de las mujeres afectadas no son el elemento diferenciador, ya que bajo el término de “tráfico” se agrupan todo tipo de redes que van desde la ayuda desinteresada de redes familiares a las redes formales que coaccionan o amenazan para la devolución de la deuda o aquellas otras que traen a las personas bajo engaño y las mantienen en la prostitución en régimen prácticamente de esclavitud.
Las descripciones cuidadas y matizadas de las trabajadoras sexuales inmigrantes abarcan no sólo los aspectos más objetivos, como son la forma y en quién se apoyaron para entrar en nuestro país, sino también aspectos subjetivos, como son las motivaciones de las mujeres que emigran y sus relaciones con los diferentes proyectos migratorios.
Otro capítulo que merece especial atención es el capítulo IV, dedicado al análisis del Trabajo sexual en la calle. Parte de conceptos teóricos feministas en los que se analiza la división entre el espacio público y privado propia de la Modernidad y el lugar de la mujer en ellos y aterriza en el papel que cumplen los barrios en las grandes ciudades, centrándose en el barrio de El Raval de Barcelona, también llamado “Barrio Chino”, en referencia a un “barrio fuera de la ley”. Las distintas imágenes que evoca y el análisis de lo que significa la calle lleva a las autoras a preguntarse qué es lo que incomoda de la presencia en ella de las trabajadoras sexuales.
Analiza las respuestas de los vecinos en general y examinan de forma exhaustiva cómo viven las trabajadoras del sexo su relación con la calle como lugar de trabajo. Todas afirman que la calle es un lugar de trabajo utilizado para el contacto con el cliente y en ningún momento para la realización de los servicios, dado que las reglas del juego son claras: en la calle el contacto, arriba se ofrece el servicio.
Destacaría principalmente el análisis de los discursos de los vecinos, en los que frecuentemente subyacen prejuicios que ligan la prostitución con “la suciedad, el exhibicionismo, el escándalo y lo indecente” aunque en sus contestaciones hacen gala de tolerancia y pluralidad al entender la calle como espacio de uso y disfrute para todo el mundo. Comparto plenamente el enfoque que subyace en este capítulo al entender “el espacio público, la calle como lugar de tránsito y, a su vez, de estabilidad y permanencia (que) no puede ser apropiada por nadie. La utilización de ese espacio no implica una apropiación y, por tanto, una exclusión del otro. Sino un compartir..... Permitir la diversidad de usos de estos espacios forma parte de esa tolerancia y pluralidad de la que Barcelona debe hacer bandera...(Las medidas públicas) deben estar dirigidas a reafirmar valores como estos y no a defender una moralidad que, por otra parte, se presenta de forma bastante cuestionable e hipócrita”
Me parece muy clarificador el análisis de los instrumentos que se utiliza L’Ajuntament para gestionar y controlar el espacio urbano zonificando el trabajo sexual de calle, a través básicamente de mecanismos policiales Y dentro de este análisis, creo que hay que resaltar la revisión crítica que desarrolla de la Ordenanza de Mesures per Fomentar i Garantir la Convivencia ciutadana a l’espai públic de Barcelona (más conocida como Ordenanza del Civismo). Una Ordenanza incongruente y que raya en lo inconstitucional ya que la oferta y demanda de servicios sexuales no es un delito en nuestro país. La Ordenanza favorece las actuaciones indiscriminadas y aleatorias contra las trabajadoras del sexo y su aplicación ha traído como consecuencia una mayor discriminación hacia ellas. Nuevamente, las conclusiones de este capítulo merecen ser resaltadas: “la buscada convivencia se encamina, en los discursos y en las prácticas, a perseguir y sancionar a los más desfavorecidos, aunque en principio la calle nos pertenece a todos y todas”
El capítulo V Deconstrucción de un estigma se apoya en el marco teórico construido por pensadoras feministas como Gail Pheterson, Dolores Juliano o Raquel Osborne para analizar la ambivalencia del trabajo sexual, una ambivalencia que las personas que estamos en contacto con las trabajadoras del sexo vemos cotidianamente, y que las autoras de esta investigación resumen en dos palabras: control y trasgresión. Las entrevistas que realizan a las trabajadoras son una buena ilustración y aportan muchos elementos para comprender las contradicciones que envuelven la vida de estas mujeres. Mujeres educadas, la mayoría de las veces en las ideas tradicionales sobre la sexualidad femenina y para las que el estigma de puta representa el límite que han trasgredido y que las hace sentirse malas mujeres y vivir su trabajo de manera, muchas veces, vergonzante pero en las que a su vez, se dan destellos de autoafirmación y orgullo por haber conseguido una situación económica bastante buena. La presencia del estigma a lo largo de su vida y las contradicciones personales a las que esta constatación las somete está presente a lo largo de las entrevistas, y nuevamente las conclusiones a las que llegan en este apartado merecen ser resaltadas. “Generalmente sólo escuchamos el lado victimista del trabajo sexual: la opresión, el control, la desprotección. En esta publicación, y con este capítulo en particular, pretendemos otorgarle fuerza al polo menos conocido, al que se intenta invisibilizar: el de la trasgresión. Día a día ellas seguirán en las esquinas con sus tacones desgastados, defendiendo su condición de mujer, de inmigrantes y, sobre todo, de trabajadoras. Esto, para nosotras, ya es un acto casi heroico y merece todo nuestro respeto”.
Por último el capítulo VI La invisibilidad de los derechos de las trabajadoras del sexo es un buenísimo recorrido por la vulneración de derechos que sufren las prostitutas, haciendo un análisis comparativo con otros sectores de trabajadores.
No quiero acabar esta introducción sin hacer unas reflexiones generales sobre las características del objeto de esta investigación y las diferentes formas de abordarlo.
La prostitución es uno de los temas más polémicos dentro del feminismo y hoy en día ha dado lugar a posiciones irreconciliables, que son una buena expresión de concepciones bastante divergentes en la forma de analizar la situación de las mujeres.
La prostitución sigue levantando encendidas polémicas en las que se discute de lo divino y lo humano pero en las que, frecuentemente, no se contempla, algo tan fundamental como son los derechos de las trabajadoras del sexo. Las prostitutas normalmente representan cosas, situaciones, problemas o titulares de prensa.... Aparecen la mayoría de las veces como chivos expiatorios de la degradación de los barrios marginales en los que ejercen, como objetos de tráfico por parte de mafias, como delincuentes que propician el tráfico de drogas y la inseguridad ciudadana, como seres victimizados fáciles de ser engañados.... Pero nunca o raras veces las prostitutas son contempladas como mujeres que viven de un trabajo estigmatizado socialmente y que por ello sufren discriminaciones y son tratadas como si fueran una clase particular de mujeres, diferentes totalmente del resto. Y este es uno de los rasgos característicos de esta investigación: las trabajadoras del sexo aparecen como personas orgullosas de lo que hacen y, a la vez, avergonzadas por ello; vulnerables y fuertes a la vez…; es decir, con todas las contradicciones que la mayoría de seres humanos, y especialmente las mujeres, sufrimos al intentar vivir lo mejor posible en un mundo que nos sigue discriminando y minusvalorando en muchas ocasiones.
Cualquier cosa que digamos, hablemos o analicemos en temas tan sensibles como son los relacionados con la sexualidad, partirá en gran parte de una base subjetiva, arbitraria, muy cargada de valores morales y creencias personales. Y esto es bueno saberlo. La idea de la prostitución como la mayor de las degradaciones en las que una mujer puede caer o la idea contraria: que la prostitución es un trabajo que debe ser regulado, están asentadas en valores y creencias que son pura construcción cultural, defensas y propuestas que organizamos ante relaciones y prácticas que nos resultan inquietantes, desestabilizadoras o injustas. Y la prostitución es considerada algo inquietante por la mayoría de la gente.
Pero nuestras creencias no deberían nunca impedirnos ver la realidad. Es más, si debatimos desde el feminismo es porque queremos luchar contra una situación de discriminación que, en este caso, sufre un sector de mujeres. Lo que podamos teorizar sobre las prostitutas y la prostitución no dejan de ser propuestas que el tiempo y muy fundamentalmente las propias prostitutas dirán si son acertadas o no.
Si miramos la realidad de una forma desprejuiciada, y esta investigación supone un buen ejercicio en este sentido, lo que aparece como evidente es que las mujeres que ejercen la prostitución se hallan estigmatizadas y discriminadas como las que más, especialmente si se trata de mujeres que han emigrado a nuestro país buscando mejorar su vida. ¿Cómo hacer para que esto cambie? En la respuesta es donde aparecen dos líneas completamente diferentes dentro del pensamiento feminista. Para unas, la solución es erradicar la prostitución, acabar con ella a través de la persecución de clientes y proxenetas. Para otras, entre las que me encuentro, se trata de reconocer que la prostitución es una actividad legítima que puede ser desarrollada de formas diversas y garantizar los derechos de todas las personas trabajadoras sexuales.
Desde mi punto de vista, uno de los objetivos fundamentales del feminismo es la construcción de las mujeres como sujetos autónomos, no dependientes de los hombres y con capacidad de decisión, aunque los márgenes para que esta capacidad pueda actuar varían enormemente de unas mujeres a otras. En este sentido, creo que las propuestas feministas tienen que contribuir a ampliar estos márgenes, a hacer que las mujeres ganen en autonomía y en definitiva, a empoderarlas . Para que esto pueda ser algo más que una buena intención es necesario partir de las mujeres de carne y hueso y de las situaciones reales que viven, pues a veces por defender la dignidad de LA MUJER en abstracto y con mayúsculas, nos olvidamos de la dignidad de las mujeres concretas que somos y tenemos a nuestro lado. Los pasos (in)visibles de la prostitución. Estigma, persecución y vulneración de los derechos de las trabajadoras sexuales en Barcelona parte de los testimonios de las trabajadoras del sexo, las escucha con respeto y es un instrumento valioso que ofrece buenas herramientas para mejorar las condiciones en que se realiza el trabajo sexual y restituir a las trabajadoras del sexo la dignidad que los discursos sociales dominantes y, por desgracia, algunos discursos feministas se niegan a reconocerles.
La victimización que muchas veces se hace de las prostitutas, considerando que todas están obligadas a ejercer, no parece una buena estrategia feminista porque esta victimización no ayuda en nada a cambiar las diferentes situaciones en las que vivimos. Como se desprende de esta investigación, todas las personas, incluso en aquellas situaciones más terribles y dramáticas, tenemos cierta capacidad para rebelarnos y para hacer algo por cambiarlas, y es a esta capacidad de todas las mujeres, a la que las feministas hemos apelado siempre en nuestros discursos. Por ello es importante que existan trabajos como éste en los que se escuchan y respetan las opciones que toman las mujeres, sin considerarlas sujetos menores de edad necesitados de protección aún en contra de su voluntad. Incluso en los casos en los que esta protección es necesaria, no podemos perder de vista cómo reforzar su autonomía y su capacidad de decisión. Precisamente nuestro movimiento feminista nació rebelándose contra el tutelaje y el falso proteccionismo de las leyes franquistas que nos consideraban menores de edad, necesitadas de protección legislativa, social, familiar, etc. Considerar que todas las prostitutas están coaccionadas para ejercer la prostitución impide ver las estrategias concretas que utilizan las mujeres para vivir en un mundo lleno de desigualdades, y no sólo aquéllas que se derivan de su condición de mujer. Sólo reconociendo y apoyando estas estrategias se podrá desarrollar su capacidad de decisión y rebelión.
Para entender bien las situaciones complejas que se dan en el mundo de la prostitución es necesaria una mirada multilateral, amplia, una mirada feminista integradora de las diferentes causas y problemas que confluyen en las realidades concretas; resulta problemático reducir los problemas que tienen las trabajadoras del sexo a las desigualdades entre hombres y mujeres o a las demandas sexuales masculinas.
Obviamente la existencia de la prostitución y las condiciones en las que ésta se desarrolla tiene mucho que ver con la situación de subordinación de las mujeres en nuestra sociedades: no es casual que sea mayoritario el número de mujeres que ejercen la prostitución, muy por encima de los travestis o los chaperos; o que la mayoría de clientes sean siempre hombres. Asimismo, el estigma que recae sobre las prostitutas no es igual que el que recae sobre los chaperos o sobre los hombres que se prostituyen en el marco de las relaciones heterosexuales, a los que se nombra como gigolós, una palabra que no conlleva el estigma que sí tiene la palabra puta. Es decir, la prostitución, está en estrecha relación con la situación de subordinación social y laboral de las mujeres en nuestras sociedades.
Pero esta constatación no puede llevarnos a ver a las prostitutas como las que “colaboran y refuerzan el patriarcado” ni como “las víctimas por excelencia de él”, como consideran las feministas abolicionistas. Esto sería partir de la consideración de que las prostitutas son seres pasivos, meras receptoras de la ideología patriarcal. La prostitución, como queda patente en esta investigación, expresa también las legítimas estrategias de vida de muchas mujeres, estrategias que les proporciona mayores ingresos y mayor independencia económica que la que alcanzarían en otros sectores laborales, en sociedades como la nuestra donde las mujeres ocupan los puestos de trabajo peor remunerados y más informales del mercado laboral. En definitiva, el conocimiento y el trabajo con mujeres prostitutas nos ha enseñado cómo éstas pueden dar la vuelta y de hecho se la dan a estas situaciones de subordinación. Y esto depende, en gran medida, de las condiciones subjetivas (autoafirmación, seguridad en sí mismas, profesionalidad...) y objetivas en las que se mueven. Las conclusiones a las que llega esta investigación apuestan precisamente por mejorar las condiciones en las que hoy se desarrolla el trabajo sexual como forma de luchar contra la discriminación, la exclusión y el estigma que recae sobre las trabajadoras del sexo.
En resumen, ha sido un honor que las autoras de Los pasos (in)visibles de la prostitución me hayan pedido esta presentación. Su lectura ha sido para mí un viaje por el trabajo sexual que se desarrolla en las calles de Barcelona, ciudad a la que pertenezco aunque desde hace 20 años la viva desde la distancia, acompañada de unas guías inmejorables. Este viaje te hace descubrir un mundo rico en matices, nada simplista y lleno de complejidades. Te hace cómplice de su mirada empática con las trabajadoras sexuales y te permite descubrir los diferentes agentes sociales que se mueven alrededor de la prostitución, sin perder de vista la defensa de los derechos del sector más vulnerable y discriminado de este entramado: las trabajadoras del sexo.
Espero que su lectura os entusiasme tanto como a mí y contribuya a que tanto los ciudadanos como los poderes públicos asuman las responsabilidades que todos tenemos en este tema.
Madrid, noviembre de 2006
Empoderamiento, entendido como proceso a través del cuál las mujeres son conscientes de su poder para cambiar sus condiciones de vida.