Hetaira

Sexoservidoras (1995-2000), exposición de fotografías de Maya Goded en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia. Presentación a cargo de Carmen Briz, Hetaira (Colectivo en Defensa de los Derechos de las Prostitutas).

 

Intervención publicada en el libro Espacio uno III. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, 2001.

 

¿Y cómo fue que nos metimos en esto?
Y construimos Hetaira
Pero, ¿es la prostitución un trabajo?
Y recorrimos las calles y parques y comenzamos a trabajar
Una furgoneta llamada Libertina
Conocimos a Maya Goded

 

A todas las putas que algún día sintieron la soledad pegada en su esquina

 

¿Y cómo fue que nos metimos en esto?


            Corría el año 1990 y el movimiento de mujeres se preguntaba acerca de ciertos temas. Entre ellos el de la prostitución. Organizamos unas Jornadas de Debate. En una de las mesas redondas dos prostitutas (o putas como ellas mismas se denominaban) nos contaban sus vivencias y nos hablaban de sus derechos. Tratábamos de mirarlas con normalidad, desde la igualdad; pero la curiosidad, el morbo, casi nos podían. Era la primera vez que teníamos una prostituta, que nos hablaba, a nuestro lado; fuera de los clichés encorsetadores de las películas y de la literatura, fuera del espacio en el que se supone han de estar: la esquina. Esa esquina, que se nos representa a las mujeres, misteriosa, transgresora y atractiva, pero también peligrosa y maligna.
            Carla Corso y Purificación Gutiérrez nos hablaban de cosas demasiado cercanas a nuestra experiencia feminista. Reivindicaban su sexualidad, su derecho a disponer de su cuerpo. Hablaban de independencia económica, de la importancia de protegerse frente al sida, de sus condiciones laborales... Les preocupaban, casi, las mismas cosas que a nosotras. Y lo curioso es que este mismo hecho de coincidir en nuestras reflexiones nos alegraba y, a la vez, nos intranquilizaba. Nosotras y las putas. Las putas y nosotras ¿qué teníamos en común? ¿qué nos diferenciaba? ¿podíamos llegar a ser colegas, ser amigas en una misma lucha?
            Pensábamos saberlo casi todo acerca de ellas y de sus vidas y en realidad lo desconocíamos absolutamente.
            Hasta entonces, implícita o explícitamente, veníamos a decir que la prostitución era una actividad degradante para todas las mujeres. Sí. Podíamos ser solidarias con ellas -desde la lejanía- y comprender su situación, pero siempre les mirábamos como si fueran tan sólo "víctimas de la sociedad sexista y patriarcal".
            En nuestro imaginario, además de un desconocimiento enorme sobre el mundo de la prostitución (es hoy, y aún tenemos cosas que aprender) pendía otra idea. La de que todas las prostitutas eran coaccionadas u obligadas a ejercer la prostitución.
            Durante todos estos años de conferencias, charlas y debates con mujeres y hombres de todo pelaje y condición, de todas las edades y lugares, siempre acabamos topándonos de frente con la sexualidad. Esa cosa, que en el fondo, nos impide hablar con soltura, que nos lleva invariablemente a nuestras propias vivencias -como si éstas fuesen las únicas posibles- y al moralismo, inculcado en nuestras mentes desde que éramos infantes, y que pensábamos que habíamos abandonado según crecíamos.

Y construimos Hetaira


            Encontrarnos con Puri y después con Mónica, Sonia, Nancy... fue probablemente lo mejor que podía pasarnos. Todas ellas trabajaban y trabajan en las calles de Madrid ejerciendo la prostitución. Pasaron algunos años. Nos dimos tiempo para conocernos, tratarnos, reírnos y enfadarnos. Meses necesarios para acercar nuestros lenguajes y también nuestras vidas. De ellas aprendimos sobre las vivencias sexuales de hombres y de mujeres. Conocer a estas mujeres maravillosas ha sido una experiencia emocionante y enriquecedora para la mayoría de nosotras. Y en el fondo, queremos pensar que también lo fue para ellas.
            En 1995, juntas, alquilamos una antigua peluquería y redecoramos sus paredes y espacios; pusimos en marcha el centro Hetaira y nos auto-nombramos: Colectivo en Defensa de los Derechos de las Prostitutas. Elegimos bien la calle en que nos instalamos: calle del Desengaño. La misma que a Manu Chao, en su canción, le produce "malegría".  Con un sentimiento parecido aterrizamos: alegría por nuestro proyecto, y “malegría” por todo lo que las prostis (como pasamos a llamarlas cariñosamente) nos contaban, a veces, sobre sus malas condiciones de trabajo.
            El centro fue posible por nuestro empeño en que fuera y también por el conocimiento de experiencias similares en otros lugares del mundo (Estados Unidos, Holanda...)
            Todas formamos parte del colectivo. Quienes ejercen en la calle y quienes ejercemos nuestro trabajo en oficinas, talleres o despachos. Ninguna cobramos dinero por poner en marcha el proyecto. Funcionamos en asamblea (con los puntos positivos y negativos que esta decisión conlleva)
            Queríamos que Hetaira fuera un punto de referencia para ellas, un lugar de encuentro para todas, un espacio para compartir, para socializar preocupaciones y para generar ideas que sirvieran para mejorar sus vidas y sus trabajos. Deseábamos, en definitiva, que se auto-organizasen, que fuesen ellas mismas quienes recuperaran su voz frente a la sociedad y las instituciones públicas reivindicando la defensa de sus derechos como trabajadoras del sexo, voceando al mundo: "Aquí estamos. Somos putas y queremos para nosotras todos los derechos que nos corresponden".
            Sabemos que no tenemos una tarea fácil por delante. En estos tiempos que nos ha tocado vivir, el verbo "organizar" casi ha desaparecido del diccionario social. Más difícil aún es conseguirlo cuando nos referimos a los sectores más desfavorecidos y excluidos de la sociedad.
            Y sabemos más cosas. Somos absolutamente conscientes de las dificultades que implica "dar la cara" siendo prostituta. El estigma social recae sobre ellas sin ninguna piedad. Pensamos que la desaparición de este estigma sólo es posible si conseguimos un amplio movimiento de solidaridad hacia ellas y sus reivindicaciones.
            Una solidaridad basada no en el paternalismo o en la victimización, sino en la consideración de las putas como sujetos de derechos, con capacidad para decidir sobre sus propias vidas. Reconocerlas como a nuestras iguales.
            Por eso queremos implicar en el proyecto a todas aquellas personas que se rebelan contra la hipócrita doble moral que hoy impera en nuestra sociedad, sobre todo cuando hablamos de sexo. Y, especialmente, buscamos la colaboración del mayor número posible de mujeres, ya que, al fin y al cabo, "puta" le pueden llamar a cualquiera, en el momento en el que una se aparte del supuesto "correcto camino". Acabemos, de una vez por todas, con la diferencia entre las "buenas" y las "malas" chicas. Seamos "buenas" cuando nos apetezca serlo, seamos "malas" siempre que se nos presente la oportunidad.

Pero, ¿es la prostitución un trabajo?


            Existen otras asociaciones -no somos las únicas- que realizan una labor con las prostitutas. A veces, ofrecen talleres destinados a garantizar la reinserción laboral y las mujeres cobran por asistir. Quienes acuden han interiorizado el estigma y el desprecio social que recae sobre ellas, viven mal el ejercicio de la prostitución y desean abandonar la calle o el club. Es imprescindible que existan estos grupos y que realicen esta tarea con los mejores recursos posibles.
            Nosotras nos planteamos otros criterios, otros objetivos, simplemente porque en nuestra filosofía partimos del reconocimiento de la prostitución como un trabajo.
            Y siendo la prostitución un empleo y considerando a las prostis como trabajadoras, reivindicamos para ellas una serie de derechos tales como: el derecho a  trabajar tranquilas sin que les moleste la policía, el derecho a sindicarse y el derecho a gozar de los pocos beneficios que se supone que todos los trabajadores tienen (seguridad social, pensiones...)
            Antes, comentaba, que en nuestro pensamiento teníamos grabada la imagen de "la puta" con mayúsculas. Ahora, sin embargo, tras conocerlas, sabemos que esto no es así, que la prostitución es tan diversa como diversas son las mujeres que la ejercen. Porque ¿qué tienen en común entre ellas?
            Durante estos años entablamos relación con prostitutas madres, cuidadoras de sus hijos, que realizan su jornada laboral en función de los horarios escolares; con adictas al "caballo" que prefieren ganarse su propio dinero para costearse su adicción antes que delinquir;  con inmigrantes que ahorran para tratar de hacer más llevadera la mísera vida de los suyos; con transexuales que deciden, pese a los impedimentos sociales, costearse el cambio de sexo; con estudiantes que se pagan la matrícula o las vacaciones; con amas de casa que esporádicamente salen a la calle para llegar a fin de mes; con chaperos de la calle Almirante y aledaños; con inmigrantes sin papeles, que tras un costoso viaje, ejercen y se esconden en la noche, entre los árboles de la Casa de Campo, amenazadas constantemente por la repatriación; y también con otras que son "auténticas profesionales", para quienes la prostitución es simplemente su forma de ganarse la vida.
            (Por supuesto, existen también mujeres que trabajan bajo coacción y violencia. Son las menos visibles, a las que difícilmente podríamos llegar. Esta tarea, en cualquier caso, debería ser investigado desde las instancias judiciales oportunas)
            Algunas de ellas son católicas creyentes (de hecho, es fácil entrar a un club y encontrar postales de imágenes religiosas apoyadas en botellas de whisky), sin embargo,  otras no confían en la existencia de ningún otro mundo aparte del que ya conocen. Algunas proceden de poblaciones rurales, otras de las grandes urbes. Algunas poseen una gran cultura, otras no tuvieron acceso a la educación más elemental. Algunas nunca padecieron grandes problemas económicos, otras se acercaron a este mundo apartándose del umbral de la pobreza.
            Lo único que realmente tienen en común es el rechazo social que sufren por dedicarse a lo que se dedican. Un rechazo que les obliga, en la inmensa mayoría de los casos, a llevar una doble vida y a no hablar jamás de su actividad profesional, evitándose de este modo el juicio permanente al que se les suele someter.
            Son muchas las prostis que consideran -desde nuestro punto de vista de una manera bastante realista- que la prostitución es la mejor opción que tienen dentro de las posibilidades que la sociedad les ofrece. Para este sector, es fundamental, a la hora de enfrentarse al estigma social, la reivindicación de que lo que hacen es un trabajo y por lo tanto el luchar por el reconocimiento de sus derechos en tanto que trabajadoras del sexo.
            Además, para la gran mayoría, la prostitución es el mejor medio con el que cuentan a la hora de subsistir. Los electricistas subsisten arreglando instalaciones eléctricas; las relaciones públicas siendo amables con todo el mundo; los ejecutivos vistiendo perfectos trajes de chaqueta; las escritoras juntando letras, y las prostitutas realizando sexo. En este sentido consideramos que la prostitución es un trabajo.
            Supongo que a estas alturas de la intervención Vds. se dedican a repasar mentalmente sus empleos habituales e intentan comparar situaciones. Les aconsejo que no lo hagan. Es extremadamente difícil comparar unos trabajos con otros. Todos tienen sus ventajas e inconvenientes.
            En el caso de la prostitución, repetimos, un inconveniente muy fuerte es la consideración social y la valoración moral que recae sobre quien la ejerce. Pero además si no reconocemos su actividad: les negamos sus derechos laborales; acrecentamos la inseguridad en la que muchas veces desarrollan su trabajo; y, posibilitamos el que carezcan de credibilidad ante las instituciones cuando denuncian abusos y sobreexplotación.
            Sospecho que desean que les hable ahora de las ventajas. Ateniéndonos a lo que ellas manifiestan son fundamentalmente tres: libertad de horarios; no tener un jefe al que rendir cuentas y más dinero del que podrían conseguir con cualquier otra actividad. Supongo que, mentalmente, ahora, se encuentran repasando las ventajas.
            Hay quienes se preguntan, y nos preguntan, si realmente las putas han "elegido libremente" su actividad. Nosotras también nos hacemos una pregunta: entre las personas que nos encontramos aquí esta tarde ¿quién ha tenido el privilegio de "elegir libremente" su trabajo sin estar condicionado y constreñido por las condiciones del mercado laboral? La inmensa mayoría de la gente subsistimos con mediocres trabajos o sin mediocres trabajos, que es aún mucho peor.
            Evidentemente, la capacidad de decisión de la gran mayoría de la población está condicionada por el nivel económico, el cultural, el sexo al que se pertenece, por la nacionalidad, por las ofertas de trabajo que existen... son elementos que obviamente constriñen nuestras opciones, pero eso no quiere decir que no podamos optar o decidir.
            Las putas también optan y toman decisiones. Negarles a ellas la capacidad de decisión, que todas las personas tenemos, significa victimizarlas, y aumentar el estigma moral en el que se ven envueltas. Y la victimización y la estigmatización no ayudan a potenciar la capacidad de autodeterminación de ningún ser humano.
            Nos encantaría vivir en una sociedad donde las personas no tuvieran que vender nada para subsistir: ni su fuerza de trabajo, ni su sexo, ni su producción intelectual o manual... Pero, mientras se crean las condiciones para que se produzca un cambio social que posibilite una sociedad más justa y solidaria, es imprescindible trabajar por la mejora de las condiciones de trabajo en la situación actual. Es necesario reconocer los derechos sociales, laborales y ciudadanos de las trabajadoras del sexo.

Y recorrimos las calles y parques y comenzamos a trabajar


            Teníamos un proyecto, una filosofía de trabajo y un local. Así que comenzamos a recorrer las calles y clubs de la zona centro, el barrio de Méndez Álvaro, la Casa de Campo...
            Empezamos a entablar conversaciones. Al principio existe algo de desconfianza. Demasiadas personas se acercan a ellas. Algunas llegan con la pretensión de realizar extraordinarios reportajes periodísticos. Otras con grandes estudios y encuestas sociológicas bajo el brazo. Las instituciones cargan con preguntas sobre el cuidado de hijos e hijas. Otras asociaciones piensan tan sólo en redimirlas o en sacarlas de la calle (incluso contra su voluntad)
            Respetamos su trabajo y no les cuestionamos su forma de ganarse la vida. Nos acercamos a ellas de la forma más individualizada posible. Creemos firmemente en la autonomía personal y en la independencia de cada una. Intentamos fomentar su autoestima, frecuentemente machacada por el común de los mortales. También transmitimos valores: de solidaridad, de autoapoyo.
            Asesinaron a Araceli, una trabajadora de la calle de la Cruz. La prensa no resaltaba la noticia: sólo era una puta. Era una puta, sí. Una puta con una madre amable y dos chicos estupendos. Ocurrió en el metro de Antón Martín y allí nos encaminamos. Vecinos y prostitutas homenajeando, juntos, a una puta. Fue en memoria de Araceli, en memoria de todas las prostitutas que en algún momento pensaron que sus vidas no tenían ningún valor.
            La prostitución está de moda. Las televisiones tienen un nuevo entretenimiento: robar imágenes de las chicas trabajando. Luego se emiten en programas llenos de morbo, en donde ellas nunca serán, jamás, las protagonistas. Incluso alguna cadena decide que sus reportajes ("de investigación" les llaman) sean divulgados en las escuelas. Un niño de 7 años reconoce a su madre ejerciendo. Él pensaba que era oficinista. Sus amigos y amigas de clase también la reconocen. Es una de las consecuencias, pero hay otras muchas.
            Ocupamos los despachos de los directores de informativos de algunas cadenas. Casi, casi les obligamos a ver de nuevo las imágenes. Las mujeres que aparecen en ellas están  allí, sentadas, exigiendo la destrucción de las mismas. Juntas hemos podido. Nos hacemos visibles. Se nos considera. Se nos respeta -al menos por esta vez.
            Son casi todas toxicómanas y trabajan desde hace tiempo en Méndez Álvaro. Esperan a transportistas y obreros, sus mejores clientes. Y también a ejecutivos de grandes empresas. Pero en la zona comienza a edificarse. Hay nuevos vecinos en el barrio y deciden que todo estaría mejor expulsando de "su" nuevo barrio a las putas. Algunos lo hacen a pedradas. De nuevo trabajamos para conseguir la mayor solidaridad posible para las mujeres. Intentamos ser mediadoras en el conflicto.
            Manuel Abreu, de nacionalidad portuguesa, trabaja en el Paseo de Recoletos. Niega sus servicios a un cliente. Éste se enfada, le encañona con una pistola y le asesina de un tiro en la cabeza. Es un policía nacional de paisano. Junto con la Asociación en la que colaboraba Manuel, conseguimos repatriar el cadáver, sentar en el banquillo al policía.
            El Ayuntamiento de Madrid declara ante los medios de comunicación su pretensión de crear un barrio chino. Tras varias conversaciones no se vuelve a hablar más del tema. Luego, se preocupa de la Casa de Campo. Nos sentamos de nuevo a charlar. Sus interlocutoras son las putas que trabajan en el parque.
            Elaboramos el borrador de una guía sobre trabajo y salud. Vamos de esquina en esquina, discutimos con las mujeres sobre el contenido, el lenguaje, aprenden, aprendemos... La editamos y la divulgamos. Es buena. Ha sido prácticamente elaborada por mujeres que saben de lo que hablan.
            Viajamos por ciudades y pueblos; damos charlas, contamos nuestro proyecto;  nos invitan a asistir a institutos, asociaciones culturales, universidades, centros sociales okupados, ayuntamientos. Presentamos una ponencia en el Senado con nuestras propuestas. Nos reunimos con putas de otros países, con monjas que asisten a las prostitutas más desfavorecidas, con otras asociaciones del Estado español que realizan un trabajo parecido al nuestro...
            Montamos fiestas en el local y bailamos, a veces música dominicana, otras árabe y hablamos de sexo y nos reímos.

Una furgoneta llamada Libertina

            Nuestras primeras salidas a la calle fueron a pie, después nos desplazamos en metro para escuchar a las mujeres de Méndez Álvaro y a continuación nos hicimos con una furgoneta pequeña para ir a la Casa de Campo. La Libertina, como la llamamos, fue acondicionada por nosotras y tenía un espacio para sentarse, charlar, organizarnos, tomar un café caliente o un cola-cao y recoger unos condones. Venía a ser la extensión del centro Hetaira pero con sus cuatro ruedas. Hoy, disponemos de una roulotte, más confortable pero igual de acogedora con las mujeres.
            En el local de la calle del Desengaño también se pueden realizar consultas de tipo jurídico, social o sanitario. Colaboramos con algunos centros médicos y psicológicos.
            Y buscamos dinero, el necesario para seguir manteniendo el proyecto. Cada una de nosotras aporta lo que buenamente puede. Convencemos a nuestros amigos y allegados de la importancia de su apoyo. Realizamos actuaciones musicales solidarias y, de vez en cuando, recibimos alguna pequeña subvención.

Conocimos a Maya Goded

           
El cuerpo en venta fue el nombre de una exposición fotográfica colectiva que algunos buenos amigos organizaron para nosotras en 1997. El propósito principal, aparte de disfrutar con las obras, era bastante mundano: recoger dinero. Dinero que nos permitiera seguir adelante con todos nuestros proyectos.
            Maya Goded residía en México pero aportó desinteresadamente una fotografía. Una foto que hablaba por sí sola. Una prostituta, de edad avanzada, con un gesto de dignidad en su expresión, medio desnuda, subida a su cama se nos mostraba sin ningún pudor. Nos desafiaba con su mirada. La reconocíamos como "una de las nuestras", a ella y a la autora de la fotografía. Antes de conocerla personalmente ya hablábamos de Maya y de su trabajo. De su camino recorrido. De su amistad con las prostis.
            Hoy tenemos la suerte de encontrarnos aquí con ella y de disfrutar juntas de esta estupenda experiencia cada vez más compartida por más personas.
            Queremos dar las gracias al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía por la oportunidad de estar aquí esta tarde y especialmente a Rafael Doctor. Siempre, nuestro amigo.           

Muchas gracias.           




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