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Por qué el debate contra la trata vs. trabajo sexual está dañando los derechos de las mujeres

de Mona Mishra,   cineasta y defensora de los derechos de salud sexual y de género
Publicado en huffington post 05/07/2016
En la India, el debate entre las trabajadoras sexuales y quienes luchan contra la trata es cada vez más intenso debido a la reciente presentación del proyecto de ley contra la trata (2016) por parte del Ministerio de la Mujer y Desarrollo Infantil. El proyecto de ley precisa de modo urgente de una definición de trata antes de que el debate polarizado y angular pueda proceder, sin embargo, la discusión está en marcha en base a los supuestos y las definiciones legales vigentes, los significados de la moralidad y las arraigadas disparidades de género.
El incesante debate deja al descubierto un momento aterrador de los tiempos modernos, en el que nociones de moralidad y decencia pugnan por la supremacía sobre los derechos justiciables.
El campo de batalla parece ser la identidad de la mujer, su sexualidad, su voz y su autonomía. Los movimientos abolicionistas argumentan que el trabajo sexual no solo es, en sí mismo, degradante para las mujeres, sino que, lo que es peor,conduce a la trata de mujeres y niñas. Afirman, por lo tanto, que el comercio sexual debería ser abolido. Por el contrario, los movimientos de trabajadoras sexuales están luchando por su dignidad ante la ley y varios grupos en todo el país le han hecho llegar al Ministerio sus puntos de vista.
Vale la pena tomarse un tiempo para explorar si la pugna entre el bando contra la trata y el que defiende los derechos de las trabajadoras sexuales no amenaza con fracturar al movimiento feminista en la India. Sobre la base de un sistema binario de derechos, este debate plantea que los derechos de las trabajadoras sexuales amenazan los derechos de las mujeres y niñas que son víctimas de la trata o que son vulnerables a ella. Parece querer decir que, para que los derechos de estas últimas sean respetados, los derechos de las primeras deben ser, necesariamente, sacrificados.
En términos generales, existen cuatro derechos humanos que compiten en este debate. Las trabajadoras sexuales luchan por preservar su derecho a la vida, a la libertad y al trabajo. Las campañas contra la trata luchan para preservar los derechos de las mujeres y de las niñas para que vivan una vida libre de esclavitud y tortura.
La trata de mujeres y niñas es un tema que debe preocupar a cualquier sociedad civilizada, que a toda costa debe luchar contra ella. La trata, vista en su totalidad y no sólo desde el estrecho prima del sexo, oculta un proceso de migración que terminó mal. La migración es un antiguo proceso de exploración para mejorar la condición humana y constituye un método consolidado para promover la movilidad social y económica. La pregunta que debe hacerse es si los marcos legales existentes, o los nuevos que se implementen, pueden garantizar una migración segura para las mujeres y las niñas que buscan trabajo y un empleo de su elección, mientras se elimina su vulnerabilidad a la explotación de diversos tipos, incluida la explotación sexual.
Las trabajadoras sexuales que han elegido ser parte de la industria del sexo se han encontrado con la negación de sus derechos básicos de la ciudadanía. Dada la establecida comprensión hetero-normativa de la sexualidad, toda otra opción sexual de las mujeres que desafían los estándares del matrimonio son consideradas por la sociedad como “inmorales” y, por lo tanto, no aptas para ser consideradas como una “elección”. De este modo, las mujeres que optan por la industria del sexo como su campo de trabajo y medio de vida, encuentran que sus derechos son negados dentro y fuera de los marcos legales. Prácticamente dejan de existir como seres humanos, por no hablar de su falta de derechos como ciudadanas.
Comencé a trabajar en la comprensión de los problemas de las trabajadoras sexuales en 1996 y más tarde pasé a dirigir un programa nacional de prevención de la trata y el VIH en la India.
Basadas en mis observaciones, con referencia específica a la India, aquí doy las dos razones por las que este choque frontal de los derechos es fundamentalmente defectuoso.

UNA AUSENCIA DE DEFINICIONES CLARAS

En primer lugar, el debate se basa en definiciones incompletas y por lo tanto viciadas. Éste no solo no describe la trata en todas sus dimensiones, sino que tampoco da cuenta del trabajo sexual en todas sus dimensiones. En el debate se asume que las mujeres y las niñas son objeto de trata únicamente para el trabajo sexual. Al hacerlo, se ignora el hecho de que las mujeres y las niñas son objeto de trata en varios otros sectores de alta absorción de mano de obra: el trabajo doméstico, la construcción o la industria a pequeña escala. Por lo tanto, en teoría, aún si el trabajo sexual alguna vez fuera abolido y realmente desapareciera como “opción”, la trata estaría lejos de terminar y las mujeres y las niñas continuarían siendo sus víctimas.
Por otra parte, el debate asume, al igual que la ley conocida como Ley de Prevención de la Trata Inmoral, que todas las mujeres en el trabajo sexual son objeto de trata y están en el negocio contra su voluntad. Según la ley necesitan de protección estatal para liberarlas y ser rescatadas (y de hecho rehabilitadas). Esta definición ignora el hecho de que las trabajadoras sexuales podrían haber ingresado al negocio por su propia voluntad como adultas.
Por lo tanto, esta definición incompleta del trabajo sexual, vista en conjunto con el punto anterior sobre la definición incompleta de la trata, conduce a un debate cuya resolución, bastante improbable, no erradicará la trata de mujeres y niñas en todas sus formas, ni abordará las cuestiones de las trabajadoras sexuales de modo satisfactorio y sostenible. Solo cuando utilicemos descripciones completas para la trata y el comercio sexual, se volverá evidente que ambos fenómenos se pueden abordar de una manera significativa y sostenible únicamente si se respetan los derechos de ambos grupos.

CAUSALIDADES CUESTIONABLES

En segundo lugar, este debate establece una causalidad incompleta y, por lo tanto, defectuosa. Activistas contra la trata sostienen que, por el mero hecho de la existencia de una industria del sexo, las mujeres y las niñas son objeto de trata, por lo que se concluye que la existencia de la industria del sexo es responsable de la trata.
Si le preguntáramos a un grupo de mujeres y niñas sobrevivientes de la trata, tal y como yo lo he hecho durante el curso de mi trabajo, la razón que esgrimen a menudo es que alguien que prometió darles trabajo traicionó su confianza. De ahí que las razones subyacentes, en términos más generales, se encuentran en la extrema pobreza, el abandono de las niñas, el abuso en la familia, la incapacidad para pagar las deudas, una prolongada sequía o desastre y así sucesivamente.
La mera abolición del comercio sexual, o la penalización de las trabajadoras sexuales, no ayudará en absoluto para hacer frente, minimizar o erradicar estas razones subyacentes de la trata de mujeres y niñas. De hecho, cualquier movimiento para abolir el trabajo sexual, o considerarlo ilegal, sólo lo conducirá a la clandestinidad y de ese modo debilitará los derechos de la mujer en el trabajo sexual sin lograr, de ningún modo, el objetivo de defender los derechos de las personas vulnerables o víctimas de la trata.

¿CUÁL PODRÍA SER EL CAMINO PARA AVANZAR?

Para eliminar la trata de mujeres y niñas debemos trabajar para garantizar que la migración segura constituya un derecho para el desarrollo y el derecho a la vida, y que encuentre una voz definitiva en los marcos legales, existentes o nuevos. Para lograr que el trabajo sexual sea seguro y digno, se debe invocar el derecho al trabajo: los marcos legales, existentes o nuevos, deben basarse en el marco de los derechos laborales para hacerlo. Dicho marco puede incluir el establecimiento de buenas prácticas para las trabajadoras sexuales, garantizar que las niñas menores no sean objeto de trata en los negocios, un método que se base en los derechos y que sea sostenible.
Un debate que se basa en definiciones erróneas y en vínculos causales simplistas, como se señala más arriba, sólo puede conducir a una disminución del valor de todos los grupos involucrados. Peor aún, un debate que predica sobre el empoderamiento de la mujer, tornando adversarios a dos grupos de mujeres, es una farsa que no puede producir ninguna conquista digna para las involucradas. Una protesta inclusiva contra los procesos y estructuras que limitan las opciones de las mujeres para alcanzar su máximo potencial es una solución a la espera de ser explorada.

El texto original fue publicado en The Huffington Post.

Esta versión ha sido traducida al español por: Guadalupe Barua, Translator without Borders.

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