Hetaira

Jornada Derechos de Ciudadanía para las Trabajadoras y Trabajadores del Sexo, organiza Comisiones Obreras.Consejo Económico y Social.

Madrid, 26 de mayo de 2005

 

Purificación Gutiérrez es una de las fundadoras del colectivo Hetaira. Ejerciendo la prostitución ha trabajado en diferentes lugares, aunque donde se siente más cómoda es en la calle de la Ballesta, ubicada en la zona centro de Madrid, donde es una líder natural entre sus compañeras. Durante años ha sido interlocutora frente al Ayuntamiento de Madrid y otras instituciones representando a sus compañeras.

Buenos días, gracias por haberme invitado a participar en esta conferencia. Es toda una alegría que un sindicato tan importante como Comisiones Obreras nos dé voz. Y nos alegramos de estar aquí y que podamos hablar de nuestros derechos en el trabajo.

La primera vez que hablé como prostituta fue en unas jornadas organizadas por el ayuntamiento de Madrid. Fue a finales de los años 80. Concha Colomo, doctora en un centro de salud municipal, me invitó a participar. Allí hablamos de la salud de las prostitutas.

En 1989 viajé con Raquel Osborne a Nueva York a la presentación del libro “Nosotras las putas”. Me impresionó ver a tantas prostitutas reunidas en una librería hablando de sus problemas. Además me contaron que se organizaban para defender sus derechos.

La segunda mesa redonda en la que participé la organizó el movimiento feminista de Madrid. Me acompañaba una prostituta italiana, a quien había conocido en Nueva York. Mi amiga Carla Corso. Después de la mesa redonda algunas feministas se me acercaron porque querían saber más de las prostitutas. Entonces empezamos a vernos, quedábamos para conocernos mejor, a hablar de lo que nos preocupaba y de lo que se podía hacer por las mujeres de la calle. Vinieron a reunirse también más prostitutas. Casi todas transexuales españolas, que trabajaban en el Paseo de la Castellana.
 
Unos años después, en 1995, alquilamos un local en la calle Desengaño para montar el colectivo hetaira que defiende los derechos de las prostitutas. Yo trabajo al lado, en la calle de la Ballesta. Trabajo en la prostitución desde hace más de 20 años. Contacto con mis clientes en la calle y me ocupo en un piso alquilado que comparto con varias compañeras. Me gusta mi trabajo porque no dependo de nadie, tengo un horario libre y puedo compaginar con otras actividades.

Al principio no sabíamos muy bien qué hacer en Hetaira. Pero fuimos aprendiendo. Y seguimos aprendiendo.

Asesinaron a una mujer de la calle. Le hicimos un homenaje a Araceli y pedimos que se respetara su nombre. Porque no había derecho a que hablasen mal de ella en los medios de comunicación por ser una puta.

Otra cosa que hicimos fue un librito sobre trabajo y salud. Nos íbamos por la tarde de esquina en esquina preguntando a todas cómo dirían ellas las cosas o que querían poner. Fue divertido porque hablamos de sexo y de lo que nos gustaba y de lo que no. El librito ayudó a las mujeres.

Después compramos una furgoneta y fuimos a Méndez Álvaro y a la Casa de Campo. Repartimos cola cao y galletas en invierno y refrescos en verano. Y siempre condones y folletos. Así podemos hablar con todas las prostitutas y les damos nuestro teléfono y les decimos dónde está el local. Por si necesitan algo.

En 1999 el ayuntamiento de Madrid dice que va a mandar a todas las mujeres de la calle al Cerro de Garabitas. Nosotras dijimos que sí. Pero que la Policía se pusiera de nuestra parte, que no nos persiguieran y que nos protegieran. Pedimos: alumbrado,  papeleras, un sitio para descansar y tomar algo, médicos, autobuses para desplazarnos y un local para que las asociaciones pudieran estar allí. Pero aquello nunca se hizo. Seguimos trabajando en la calle. Como siempre.

Y los comerciantes de calle de la Montera se hartan y tiran cubos de agua a las mujeres desde los balcones. Y el Ayuntamiento sigue sin hacer nada. Y nosotras hicimos una manifestación. En la pancarta escribimos: “Las prostitutas tenemos derechos”. Hubo muchas mujeres y fue un bombazo porque como nunca se había hecho una manifestación de prostitutas en España. Nos comían los medios de comunicación.

En la manifestación gritamos: Ni víctimas ni esclavas nosotras decidimos, Yo soy fulana y tu mengana, Respeto total al trabajo sexual. Muchas mujeres por ser extranjeras y por respetar su vida privada prefirieron salir con máscaras. Pero estaban allí. Yo no podía estar en la cabeza de pancarta ese día pero estaban mis compañeras Carolina, Heidi y Nereida. Y Marga (de Licit), que vino a ayudarnos desde Barcelona, y a quien saludo desde aquí porque también ha venido a esta jornada.

Todas las mujeres de Hetaira trabajamos mucho por esta manifestación. No me imaginé que vendría tanta gente a acompañarnos. Al año siguiente, a la misma vez en Barcelona y en Madrid, volvimos a manifestarnos. Por: la dignidad de las trabajadoras del sexo, espacios tranquilos y seguros, los derechos humanos y contra las expulsiones de las extranjeras. Gritamos: Ayuntamiento queremos soluciones, Yo soy fulana y tu mengana y hacemos con nuestro cuerpo lo que nos da la gana, y Basta ya de expulsiones.

El 15 de diciembre de 2003 nos fuimos muy contentas en un autobús a recoger un premio a Vitoria. Ibamos que no nos lo creíamos. Aquí en Madrid no nos reconocían el trabajo y allí, el Gobierno vasco, nos daba el premio René Bassin por defender los derechos humanos.

Cuando yo empecé a trabajar a veces te ponían multas o te llevaban a comisaría y te molestaban los nacionales. Pero después en Madrid se trabajaba bien. Ahora no nos dejan trabajar. Siempre hemos trabajado muchas mujeres en la zona centro, pero no tantas como ahora. Han venido mujeres de fuera. Ahora hay más extranjeras que españolas trabajando en la calle. Gallardón no quiere ver mujeres en la calle y puso en marcha el plan contra la esclavitud sexual. Ahora hacen redadas, expulsan a inmigrantes, piden los papeles a cada rato, paran los coches de la policía en medio de las calles y los clientes no vienen… Pero de todo esto hablará ahora mi compañera Carolina.

Hace poco he tenido la suerte de trabajar como actriz, haciendo de lo que mejor sé hacer: de prostituta. Un día vino Fernando León de Aranoa por el local porque quería conocer a las mujeres, cómo trabajaban, cómo vivían. Fernando es muy majo porque es una persona que sabe escuchar. Con quien se está a gusto. Ha sido una experiencia que nunca había pensado tener. La película cuenta la vida de una prostituta pero habiendo recopilado cosas que le han contado las mujeres. Me gustó leer el guión, porque al ser de dos mujeres que ejercen la prostitución cuentan como era el día a día. Espero que cuando la estrenen, vean la película.

Espero que les haya gustado lo que les he contado y espero que les sirva para algo. Muchas gracias.


Purificación Gutiérrez, miembro del Colectivo Hetaira.

 



Jornada Derechos de Ciudadanía para las Trabajadoras y Trabajadores del Sexo, organiza Comisiones Obreras. Consejo Económico y Social.

Madrid, 26 de mayo de 2005

Carolina Hernández procede de Ecuador y es trabajadora del sexo en la Casa de Campo, el Polígono de Villaverde de Madrid y en clubs ubicados en diferentes lugares del Estado español. Es integrante del colectivo Hetaira desde 2001 y fue una de las impulsoras de la manifestación del 19 de febrero de 2002 en Madrid. Ha sido ponente en la comisión especial de estudio de la prostitución puesta en marcha por el Senado en 2002.


Buenos días. La verdad es que de antemano quiero agradecer a Comisiones Obreras por habernos brindado la oportunidad de estar aquí. Me adhiero a lo que mi compañera dijo.

HETAIRA está muy agradecida porque la voz de las mujeres se empiece a escuchar, de las mujeres prostitutas que trabajamos en la calle. La verdad es que es muy importante. El tema de la prostitución, aparte de ser un problema, necesita ser escuchado, estudiado, que se sienten a tomar soluciones, porque bastantes problemas tienen y se enterarán a lo largo de lo que voy a contar. Contaré parte de mi vida al llegar a HETAIRA, parte de la inmigración, parte de la problemática que llevamos día a día, con la policía, convivencias..., ciertos puntos del Ayuntamiento de Madrid y cosas que vivo el día al día. Y algo que quiero que quede claro: es que esto lo hago por voluntad propia, que soy prostituta porque yo quiero, porque me da el sustento diario para poder mantenerme a mí misma, y porque yo he escogido trabajar como trabajadora del sexo.
La verdad es que a partir del tiempo que llegué a HETAIRA hasta la fecha actual, nos ha llenado a mis compañeras y a mí de mucha gratificación el luchar por los derechos conjuntamente de las prostitutas que se encuentran desprotegidas.

Descubrir esa inquietud, el saber qué vida lleva la mujer en la calle y los conflictos a diario que tenemos. Cuando llegué a HETAIRA tenía dudas, ya había sido engañada y burlada por una asociación. Pero me llamó mucho la atención el que las personas que intentaban ayudarme se interesaban por mí también en lo personal.

Después de haber hablado dos o tres veces con ellas, me invitaron a una fiesta. Y entonces fue cuando yo decidí que tenía que ser Carolina HETAIRA.

Cuando ya era parte de una de ellas, empecé a llevar a mis compañeras que se encontraban en la misma situación que yo, y que supieran que había personas que luchaban por los derechos de las prostitutas, pero no es fácil, es duro descubrir una a una, aun siendo tú parte de ellas. Es difícil. Al intentar preguntarte por lugares de ayuda, médicos, abogados, es más una ayuda personal, ¿cómo le cuentas, a alguien que no conoces, un tema privado?

Pero poco a poco me fui ganando la confianza de ellas; de esta forma se organizó el primer grupo en Montera y de ahí han salido la primera y la segunda manifestación realizada por nosotras mis compañeras.

El luchar por los derechos de las trabajadoras sexuales es una labor larga y dura. Desde HETAIRA ya no es sólo la idea de una asociación, sino es el hacer transmitir que tantos derechos tiene la señora de casa, la que esté en una oficina, la deportista, como la mujer que está en la calle ejerciendo una labor como cualquier otra. El saber que cada día tus derechos son burlados, el intentar terminar con algo que no es ilegal, porque tampoco está prohibido que estés ocupando parte de la vía pública.

En la calle Montera el comercio cada día se ha ido aglutinando y culpando a nuestras compañeras de los problemas que tienen, sus déficit económicos, y sin tener en cuenta que el negocio del restaurante (?) no es el mismo que vender placer.

La política de este país se va convirtiendo en un acto de arbitrariedad hacia la democracia y los derechos de todos nosotros. Si nos damos cuenta, los conflictos referentes a la prostitución no han cambiado en nada; por el contrario, se han ido trasladando de un lugar a otro, sin que hasta el día de hoy se haya conseguido paliar sus problemas.

Las constantes redadas que realizan en la Casa de Campo no dejan trabajar a mis compañeras. Este acto de intentar terminar con la prostitución ha ido degradando e intentando terminar con la poca dignidad que nos queda. A la policía no le importa que tengas un resguardo; por el simple hecho de estar en la calle, de ser extranjera, seas del país que seas, aun siendo española, igual te llevan detenida.

Yo he decidido cambiar de lugar y me he trasladado a unos 15 kilómetros de mi zona habitual, a Villaverde, por no molestar, supuestamente, a los ciudadanos. Sin embargo, el conflicto no ha terminado, el acoso ha sido más insistente: manifestaciones de los vecinos, denuncias policiales, redadas, operativos como si se tratara de terroristas, teniendo la prensa enfrente, sin respetar la intimidad de las mujeres. Y no sólo eso, parando los coches, obligándote a desocuparlos.

El resguardo que has obtenido no te sirve de nada, porque cuando estás en la comisaría te hacen un decreto de expulsión, te tienen detenida toda la noche, al día siguiente te dejan en libertad argumentando que estás ilegal e indocumentada. Ésa es la explicación que recibes de parte de la policía. Y nosotras, al estar en la calle y de forma vulnerable, sin una ley que nos proteja, somos el objetivo de las leyes que nuestro Gobierno pone frente a la inmigración. Y si a todo esto le añadimos el intentar terminar con la delincuencia, las mafias, el resultado es que terminamos siendo tratadas como delincuentes en lugar de como trabajadoras sexuales, como si cada una de nosotras, en lugar de usar preservativos, lleváramos pistolas o cualquier otro objeto para delinquir.

La delincuencia, la droga y el vandalismo, ninguna de estas cosas está relacionada con la prostitución, pero para los ciudadanos y la policía es fácil relacionarlo, por el simple hecho de estar en la calle y de forma irregular.

Esto te convierte en el objetivo de la policía. Las mujeres que nos encontramos en la calle de día, principalmente las inmigrantes, somos marginadas y tratadas con un verdadero desprecio frente al acoso policial inmigratorio que existe.

Otro de los puntos y de los problemas que tenemos día a día es el estigma y el desprecio que la sociedad relaciona con mi actividad, mi trabajo; lo relaciona con la delincuencia y la deshonestidad. Ante todo esto está mi moral, está por encima de cualquier trabajo, y esto hace que lleve la cabeza bien en alto, porque no discrimina para nada mi condición.

Hay otro punto: la diversidad entre mis compañeras, entre las que vienen obligadas. Desde HETAIRA somos las primeras en indicar que esto no exista, estamos en contra de ello, pero nosotras pensamos que son las autoridades quienes deben poner mano dura para que esto tenga su fin.

El otro está las que ejercemos por voluntad propia, ya que, como he dicho antes, es el sustento diario que nos lleva el bocado a la boca. Malo, por captar la clientela en la calle. Exigimos la falta de derechos laborales. En esta regularización no consta mi actividad. De esta forma, al yo no estar regulada y al estar ejerciendo, no puedo darme de alta cuando tengo una baja laboral, cuando tengo una enfermedad...; cuando mi jefe me agreda, para mis compañeras que trabajan en clubes, no pueden dar una queja. Esto vulnera mis derechos y favorece la explotación económica y laboral.

También exigimos la negociación de espacios, ya que cuando hay manifestaciones de los vecinos, a ellos se les escucha. ¿Y por qué a nosotras no?

Siempre desde HETAIRA exigimos un lugar donde nosotras podamos trabajar tranquilas. Exigimos derechos laborales, derechos humanos, derechos para nosotras, las inmigrantes, el derecho a la libertad de movimientos, donde nosotras podamos establecer nuestros propios negocios y donde nosotras escojamos para trabajar. Siempre hemos querido llegar a un acuerdo con nuestro alcalde. Desde HETAIRA y con grupos de mis compañeras hemos hecho manifestaciones, una cacerolada, hemos hecho tantas peticiones al señor Gallardón y ni siquiera nos ha escuchado.
Después de un largo y transcurso y muy largo tiempo nos recibió la concejala de Bienestar Social, la señora Ana Botella, con mucho desagravio e insultos hacia nuestra honestidad, y con un total desacuerdo hacia lo que le planteábamos. Al final no llegamos a nada. Nuestra meta era llegar a un acuerdo, ya que lo ha hecho con otras asociaciones. Pero, sin embargo, con nosotras no.

Después de todo esto el señor Gallardón saca un plan que recrimina los derechos de las personas que nos encontramos trabajando en la calle, el famoso llamado “Plan contra la esclavitud sexual”. El hecho de que las mujeres nos encontrábamos en la calle era el problema para nosotras y nos hemos ido trasladando los conflictos y llevarlos con nosotros a los vecinos y que ellos los lleven también con nosotros de un lugar a otro, y convirtiéndonos en el objetivo de la problemática que tiene hoy en día la ciudad. La forma de este plan era brindarte una ayuda de 300 euros y que te vayas a tu país, o un lugar donde puedas trabajar y ganaras poco dinero.

Démonos cuenta dónde está la explotación y la esclavitud, como ellos lo llamaban. Nosotras vamos a seguir luchando por los derechos.

Entre otros tantos problemas a los que me enfrento es el abuso de la policía, hasta nuestros derechos, tanto para las mujeres como para las transexuales, que son agredidas moralmente y discriminando su condición, tirando de la mano hacia atrás, obligándolas a llegar al coche, agachándoles la cabeza e introducirlas en el coche de policía.

No obstante, con todo esto, lo que está pasando, el señor alcalde ahora ha decidido tapar las calles de la colonia Marconi, donde yo trabajo, que es Villaverde, supuestamente para combatir la prostitución y quitar la delincuencia.

No sabemos por qué no se nos ha comunicado, pero como siempre sabemos que nuestra voz y nuestra opinión no cuentan.

El señor Gallardón no escucha a este grupo de mujeres que queremos soluciones para que no haya problemas ya. ¿Por qué cuando él era presidente de la Comunidad estaba a favor de todo esto, y por qué ahora que está sentado y siendo alcalde no tiene las mismas opiniones? ¿Por qué la gente habla de prostitución y de las prostitutas sin hablar con nosotras, que vivimos el día a día y que estamos en nuestro trabajo con los problemas a los que nos enfrentamos? Todos dicen hacer algo para supuestamente ayudarnos, pero en realidad nadie hace nada.

En el año 2000 se abrió un foro en el Ayuntamiento de Madrid con el Partido de Izquierda Unida. Asistimos dos o tres veces y, sin embargo, el que en ese entonces era alcalde en cargo, el señor Álvarez del Manzano, ni siquiera se presentó a ninguna de las reuniones que tuvimos en la sala del Ayuntamiento. Todo quedó ahí.

Después de tres años se abrió una mesa en el Senado, a la cual asistí un día. Pero como siempre, todo quedó en un papel y en las mesas del Senado, sin llegar ni siquiera a ninguna solución.

Queremos soluciones. ¿Por qué no dan soluciones? Quienes tienen que dárnoslas no son los vecinos, no somos nosotras, son los políticos quienes tienen que solucionar los problemas, para eso los elegimos, para eso están allí, para que nos solucionen los problemas, no para que nos den problemas a nosotros, los ciudadanos; no a nosotras las ciudadanas, que nos encontramos en la calle porque formamos parte de esta sociedad, aunque no lo queramos ver. Somos humanos y estamos ahí en la calle. Vamos a seguir luchando por los derechos. Ellos son quienes deberían estar sentados con nosotras dándonos soluciones, no dándonos problemas. Nos dan problemas a nosotros, y muchos, lo que pasa es que no damos la cara todas, no porque no queremos, porque nos enfrentamos al desprecio de la sociedad, a la sociedad mediocre e hipócrita en la que vivimos, que no quiere afrontar lo que en realidad tiene en sus ojos.

Lo siento, pero es la verdad. Soy una mujer que llevo ocho años trabajando en la calle, vivo día a día, hablo con propiedad, hablo lo que vivo, hablo lo que en carne propia palpo. Nadie me obliga a estar aquí. Y lo único que digo es que gracias, porque estas mesas que a diario asisto, o de vez en cuando, y una de ellas Comisiones Obreras que nos ha escuchado y nos ha brindado la mano para que nosotras estemos aquí, le agradecemos porque la voz de la mujer que esté la calle se escuche. Es una mujer como cualquiera de las que estamos aquí sentadas. Digo como cualquiera, porque somos humanos, no somos extraterrestres ni somos extraños.


Gracias.
Carolina Hernández, miembro del Colectivo Hetaira.
                                         


 

Jornada Derechos de Ciudadanía para las Trabajadoras y Trabajadores del Sexo, organiza Comisiones Obreras. Consejo Económico y Social.

 

Madrid, 26 de mayo de 2005

Concha García es una militante feminista histórica, ha trabajado en grupos de mujeres de barrios y desde 1995 lo hace en Hetaira, un colectivo que lucha en defensa de los derechos de las prostitutas, formado por personas voluntarias y compuesto por mujeres que ejercen la prostitución y mujeres que se dedican a otro tipo de actividades.

El colectivo en defensa de los derechos de las prostitutas tiene sus or ígenes en los años noventa, cuando hicimos aquellas jornadas de reflexión y empezamos y comenzamos a trabajar con algunas trabajadoras del sexo y empezamos a conocernos mutualmente, hasta que en 1995 decidimos entre todas abrir un centro y crear el colectivo Hetaira.

Nuestro centro fundamentalmente se abre en la zona de Desengaño-Ballesta, porque desde el principio tratamos de estar con aquellas trabajadoras sexuales que sufren el estigma por el ejercicio en sí. Pensamos que aunque el estigma recae sobre todas las mujeres que ejercen la prostitución, es cierto que las prostitutas de calle, que captan a los clientes en la calle, sufren un plus de estigma, y sobre todo porque sufren la marginación, la exclusión y el desprecio social.

Nuestra pretensión era y sigue siendo crear un espacio de mujeres, las cuales unas trabajan en la prostitución y otras en otros tipos de actividad laboral, y sobre todo es una asociación que luchará contra el estigma que he dicho anteriormente y sobre la división de origen patriarcal entre las mujeres, las buenas y las malas, siendo las prostitutas las que representan por excelencia a las malas mujeres.

Para nosotras tiene una gran importancia el promover los lazos de solidaridad y apoyo entre las trabajadoras del sexo, que sirvan de embrión organizativo. Aunque esta tarea no está exenta de problemas, como son la gran movilidad, el tipo de trabajo tan competitivo con horarios tan dispares, las condiciones de vida difíciles para un amplio sector de prostitutas de calle, los diferentes intereses entre ellas, que frecuentemente provocan enfrentamientos, las dificultades de autoidentificarse como trabajadoras, hace que la conciencia colectiva esté muy poco desarrollada y que sólo se manifieste en momentos concretos ante agresiones que les afectan de forma colectiva.

Nos preocupa especialmente la diversidad de intereses entre ellas y las contradicciones que de ello se derivan, como son aprender a resolver las diferencias, a encontrar los puntos que unen por encima de los que las dividen, aprender a mediar y a negociar entre ellas, pero también con los vecinos. Y ahí hemos tenido algunas experiencias concretas con algunos vecinos de Montera, de Casa de Campo, de Villaverde. Aunque esto no está exento, como todo, de dificultades.

Otro de nuestros objetivos es la formación de líderes, el capacitarlas para las apariciones públicas, el dotarlas de una propia voz. También hacemos un apoyo concreto a sus problemas cotidianos, a través de asesorías (asesoría psicológica, social, jurídica, sanitaria) que tenemos en el centro de la calle Desengaño.

También disponemos de una unidad móvil que recorre las diferentes zonas de prostitución en nuestra ciudad de Madrid, donde se reparten preservativos, un folleto al estilo cómic, del que ya han hablado anteriormente mis compañeras de él, donde se explican las enfermedades de transmisión sexual y tener cuidado sobre tu propio cuerpo.

También se les ofrece un apoyo social desde esta unidad móvil, un apoyo legal también en muchas ocasiones, porque sí que es cierto y antes una de las cosas que a mí me gustaría resaltar es que cada vez más en las calles de Madrid lo que fundamentalmente hay son mujeres inmigrantes. Y ésta es una realidad con la que nosotras tenemos que trabajar fundamentalmente, por las dificultades que esto conlleva muchas veces de papeles, que yo creo que es lo que atraviesa absolutamente a todas las mujeres inmigrantes que hoy están en nuestro país.

De nuestra experiencia en Hetaira es importante señalar que nos encontramos ante una realidad diversa y nada homogénea. La primera, y desde nuestro punto de vista muy importante, es si ésta está ejercida y es obligada por terceros. Ante esta situación se debe aplicar el Código Penal y perseguir a mafias y extorsionistas. Pero también ofrecer a las mujeres la posibilidad de realizar ésta u otra actividad laboral, realizando políticas reales de formación. O por si, al contrario, ejercen la prostitución como decisión individual, una decisión que obviamente está condicionada, como todas las decisiones que los seres humanos tomamos en la vida, por múltiples factores sociales, culturales y personales.

Creo que éstas son muy variadas y obviamente las fundamentales son de orden económico y de supervivencia. Incluso para algunas mujeres los motivos que les llevaron a la prostitución pueden ser terribles (drogodependencias, huir de familias desestructuradas y con altos niveles de violencia intrafamiliar, ser mujer transexual y tener las puertas cerradas para encontrar otro tipo de actividad). Pero lo importante para nosotras es contemplar qué dicen las mujeres que ejercen, y si quieren o no seguir ejerciendo, pues en la vida muchas veces los motivos por los que empiezas algo tiene poco que ver con aquello por lo que tú continúas haciendo esa actividad.

Para las personas que quieren seguir ejerciendo la prostitución, que hacen de ésta una forma de ganarse la vida, desde Hetaira exigimos los mismos derechos que para el resto de los trabajadores y trabajadoras en este país. Es decir, derechos a una pensión, a un seguro que te cubra en caso de estar enfermo, a poder denunciar a tu jefe si incumple el contrato, si se produce un despido improcedente. Pero también a la hora de trabajar esta realidad es importante tener en cuenta que existen otras diferencias entre las personas que ejercen la prostitución, porque no es lo mismo captar los clientes en la calle que en un club, en un piso o a través de un anuncio en el periódico.

Por lo general, las personas que captan a sus clientes en la calle suelen estar peor vistas, y se les hace responsables del deterioro de los barrios y de la delincuencia. Estamos viviendo una experiencia muy concreta en estos momentos, como es el conflicto de Villaverde, aquí en Madrid, donde lo primero que se ha hecho ha sido cerrar al tráfico una zona, que es la primera medida que se ha habilitado para resolver los problemas de un barrio que, desde nuestro punto de vista, tiene muchos otros problemas, pero lo primero que se ha hecho ha sido impedir el ejercicio de la prostitución.

Los podemos públicos, desde nuestro punto de vista, siempre han ofrecido una única solución: expulsar de un lugar a otro a las personas que ejercen la prostitución. En Madrid hemos podido vivir algunos de estos conflictos con los vecinos, con el Ayuntamiento y con la policía. Pocas veces hemos llegado a sentarnos a dialogar, pero cuando lo hemos hecho, al menos durante un tiempo, hemos conseguido mejorar la situación de todas las partes.

Nosotras siempre hemos planteado que los espacios públicos han de ser negociados por todos, y hemos defendido que si bien los vecinos tienen sus razones, las trabajadoras sexuales tienen las suyas, y por lo tanto ambas partes han de ponerse de acuerdo y debe establecerse una negociación. Pero éstas han de llevarse en pie de igualdad entre todas las partes implicadas (los vecinos y las trabajadoras sexuales).

Actualmente ejercer la prostitución, como ya se ha dicho aquí anteriormente, no es un delito. Aunque parezca mentira a la luz de determinadas actuaciones de la Policía Municipal y en algunos momentos de la Policía Nacional en este último año en Madrid. Pero tampoco es una actividad reconocida como legítima, ya que la gente que trabaja en ello no tiene reconocidos sus derechos, esta situación de alegalidad es la que mueve hoy la prostitución. Creemos que ésta es cada vez más difícil de mantener.

Por un lado, existen desde hace tiempo fuertes presiones por parte de los empresarios de los clubes de alterne, ANELA para que se reconozca el alterne como actividad legítima. Esta presión puede llevar a que se legalice la situación irregular que hoy tienen los clubes, admitiendo la actividad de alterne como los empresarios plantean, pero dejando sin reconocimiento legal el ejercicio de la prostitución que se da en estos locales, ejercicio que hoy se da bajo las condiciones que imponen los empresarios, sin que las trabajadoras puedan gozar de ningún derecho que recorte las tendencias empresariales de sobreexplotación laboral.

Por otro lado, las plataformas abolicionistas de un sector del movimiento feminista parece que se alían, al menos en Madrid, con la derecha más cavernícola para exigir la abolición de la prostitución.

Este planteamiento suele compenetrarse con el sector más vulnerable de prostitutas, las que más se ven porque trabajan en la calle, de tal manera que tanto el PP como algunos sectores del PSOE plantean acabar con la prostitución de calle, con la excusa de luchar contra la esclavitud sexual. Me estoy refiriendo al plan contra la esclavitud sexual que se está realizando en Madrid. Excusa que no sabemos a quién pretende convencer, pues es sabido que las mafias se mueven sobre todos en los locales cerrados, mientras que las que captan a su clientela en la calle suelen ser las que más autónomamente trabajan.

No obstante, este sector es el que más suscita también las iras ciudadanas, y son el objetivo preferido de las insatisfacciones vecinales, que ven en las prostitutas un chivo expiatorio apropiado para descargar sus frustraciones, aun cuando éstas nada tienen que ver con ellas.
Esta situación y estas presiones parece que llevan a que la tendencia sea criminalizar la prostitución de calle, teniendo como modelo lo que se ha hecho en Suecia, y regularizar la situación en los clubes.

Paso a continuación a plantear una serie de alternativas que nosotras hemos podido ir discutiendo.

Desde nuestro punto de vista, hay que tener en cuenta dos cuestiones fundamentales: por un lado, la diversidad de situaciones, especialmente en lo que hace a las condiciones de trabajo (obligadas o por decisión propia; dentro de las segundas, autónomas y dependientes de terceros); y además, otra de las cuestiones sería contar con la voz de las trabajadoras sexuales, que además también es diversa.

Las políticas que pretenden que desaparezca la prostitución que capta su cliente en espacios públicos crean más problemas de los que supuestamente pretenden resolver. Obviamente no acaban con la prostitución de calle, sino que desplazan el problema de unas zonas a otras, pero lo fundamental es que empeoran las condiciones de trabajo de las trabajadoras sexuales, recortan sus derechos ciudadanos y favorecen el desarrollo de mafias y chulos en torno a las trabajadoras para protegerlas que los desmanes que la policía comete contra ellas. Además la penalización de los clientes recorta la posibilidad de negociación del precio y de la salud, y eso favorece a los clientes, siempre.

Según la experiencia de otros Estados que han desarrollado políticas concretas sobre la prostitución, lo que sí podemos decir es que hay algunas formas de reglamentación de la prostitución que no tienen en cuenta los intereses de las prostitutas y que implican una mayor discriminación de éstas. Así, consideramos que no es justo que se creen impuestos especiales, tanto para las trabajadoras como para los empresarios que se dedican a esta actividad. Los impuestos deben ser equiparables a los de otros sectores laborales que se desarrollan en condiciones sociales similares, teniendo en cuenta las diferencias económicas que se dan dentro de la prostitución, según dónde y cómo se ejerza ésta. Gravar más la prostitución que otras actividades similares conlleva que el Estado se convierta en el nuevo proxeneta de las prostitutas.

Tampoco nos parece adecuado establecer controles sanitarios obligatorios para las prostitutas como forma de prevenir el sida y las enfermedades de transmisión sexual. Primero, porque no sirven para nada: se ha demostrado ampliamente que esta medida para lo único que sirve es para que los clientes se queden tranquilos y se nieguen rotundamente a utilizar el preservativo, con lo que, si la prostituta es infectada por un cliente, cosa bastante más frecuente de lo que pensamos, transmitirá el virus a todos aquellos con los que tenga relaciones hasta el siguiente control, con lo que la expansión del virus está garantizada.

Hoy está más que demostrado que no existen grupos de riesgo, sino prácticas de riesgo, y que prevenir esas prácticas es la única forma eficaz de frenar la expansión del virus. Pero además, obligar a las prostitutas a controles sanitarios es considerarlas grupos de riesgo y estigmatizarlas más de lo que ya están. Y eso, además de moralmente cuestionable, es totalmente ineficaz, pues redunda en el mito de que son las prostitutas las que contagian y no los clientes. Mito que, además de falso, reafirma la actitud de irresponsabilidad ante este tema por parte de muchos hombres que hacen del no ponerse el preservativo una cuestión de masculinidad y de vigor sexual.

A la luz de la experiencia de otros países, otro aspecto que a nosotras nos parece importante es que lo que se legisle sobre la prostitución se dé en el marco de las relaciones comerciales (Código Mercantil y Laboral y no en el Código Penal). Para nosotras el actual Código Penal es un instrumento más que suficiente para defender a las trabajadoras del sexo de los abusos y las agresiones. Así, quien obliga a otra persona a prostituirse ya está considerado delito en él. Ante los abusos y agresiones físicas, psíquicas y sexuales ya existen también dentro del Código Penal artículos que permiten su denuncia y castigo. Pero ante los abusos económicos y las malas situaciones de trabajo son necesarias leyes laborales, que defiendan los derechos de las trabajadoras.

También nos parece fundamental que el reconocimiento de la prostitución no implique un recorte de libertad de movimiento y de opciones que se dan dentro de este tema. En este sentido nos oponemos a los registros obligatorios controlados por la policía o el Ministerio del Interior y, como he dicho antes, tampoco nos parece una solución que se legalice la prostitución regulando cómo debe ser ejercida (lugares, zonas, horarios), y se criminalice a todas aquellas trabajadoras del sexo que no quieren o no pueden ejercer en esas condiciones.

Nuestras propuestas. Para las inmigrantes, legalización de las que ya están aquí. Y en el futuro, que el trabajo sexual sea considerado un medio de vida para conseguir legalidad, la residencia.

La prostitución de calle... No puedo ir más deprisa. Para la prostitución de calle, negociar la utilización de los espacios públicos, considerando en pie de igualdad los derechos de las trabajadoras del sexo y de los vecinos. Una posible solución sería la creación de zonas o barrios rojos. Hoy existen muchas mujeres que se pronuncian por establecer zonas específicas de ejercicio de la prostitución y en las que se pueda trabajar tranquilas y seguras y que cuente con una serie de servicios que les facilite el desempeño de su trabajo al estilo de los barrios rojos de algunas ciudades europeas.

A nosotras, en principio, esto nos parece siempre y cuando estas medidas se vayan imponiendo a partir de políticas persuasivas en lugar de políticas criminalizadoras. En primer lugar porque, como la experiencia ha demostrado, las políticas prohibicionistas y criminalizadoras no acaban con el problema, sino que lo agravan al empeorar las condiciones de trabajo de las mujeres, y favorecen el desarrollo de mafias y chulos que encuentran en la ilegalidad un caldo de cultivo propicio para sus intereses.

Pero, en segundo lugar, estamos convencidas de que si existen lugares seguros y tranquilos para el ejercicio del trabajo sexual, la gran mayoría de las mujeres se establecerá en esas zonas, pues ellas son las primeras interesadas en trabajar en buenas condiciones. Y así sólo quedarían fuera de esas zonas sectores muy minoritarios de trabajadoras sexuales que podrían ser asumidos por el vecindario sin generar grandes tensiones.

Para la prostitución en clubes hay que entrar a regular las relaciones laborales cuando median terceros. Para ello es fundamental que se derogue la última modificación que se hizo del artículo 188 del Código Penal, que considera delito lucrarse de la prostitución de otra persona, aun con el consentimiento de la misma. Este añadido implica que los tratos comerciales de las prostitutas con terceros... y enmascara las relaciones que hoy se dan en muchos clubes, donde los empresarios participan en las ganancias de las trabajadoras del sexo que están en ellos e imponen sus condiciones de sobreexplotación laboral, horarios sin descansos, sin vacaciones, imposición de los clientes y los actos que se venden.

Nosotras creemos que hay que tener en cuenta que la prostitución no es un trabajo como cualquier otro, sino que tiene características especiales, tanto por el estigma que recae sobre quien lo ejerce como por ser actos sexuales lo que se vende. Teniendo en cuenta esto y la situación actual, en la que los empresarios hacen lo que les da la gana, sin que las trabajadoras tengan reconocido ningún derecho, las leyes no pueden contemplar sólo los aspectos de licencia, localización de locales, aspectos sanitarios, etc., sino que deben defender la capacidad de autodeterminación de las trabajadoras en su trabajo, especialmente en relación a qué actos están dispuestas a vender y a quién.

En este sentido es importante que se recorten las prerrogativas de la patronal; las licencias que se concedan para montar locales de alterne deberán tener en cuenta lo siguiente: permisos preferentes para los locales autogestionados y cooperativas de trabajadoras sexuales; no conceder licencia a los clubes ni a personas individuales que tengan antecedentes penales por tráfico de drogas o agresiones (somos conscientes de que defendiendo esto entramos en un conflicto de derechos, pero tomamos parte por los derechos de las trabajadoras, aunque eso implique cierta discriminación para aquellas personas que han tenido antecedentes penales); no permitir que la patronal imponga el tipo de prácticas sexuales o las condiciones de trato con los clientes; horarios pactados por ambas partes y en las que entre turno y turno haya como mínimo diez horas para descansar, no a la disponibilidad total; libertad de movimiento para entrar y salir y libertad para romper el contrato en cualquier momento por parte de la trabajadora, teniéndosele que liquidar el dinero cuando ella lo solicite.

Parece evidente que los cambios que se pueden producir en la consideración social de las trabajadoras del sexo pasan, en primer lugar, por revindicar que la prostitución es un trabajo que no puede definir a quien lo ejerce. Nombrar a las prostitutas “trabajadoras del sexo” es un elemento importante en este cambio. Además, que un sindicato como Comisiones Obreras organice unas jornadas como éstas y tenga la intención de empezar a reclamar sus derechos nos parece sólo un salto importantísimo en el camino que hace ya diez años en Hetaria emprendimos para que se reconozcan plenamente la dignidad y los derechos de las trabajadoras sexuales.

Muchas gracias.

Concha García, miembro del Colectivo Hetaira.


Atrás Inicio Actividades Documentos Salud
Enlaces Legislación En la cultura Experiencias reivindicativas Contactar