Colectivo en defensa de los derechos de las prostitutas

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Historias de taconeo
 
Este vídeo muestra unas extrañas huellas en unos portales de las  
Ramblas de Barcelona. El siguiente artículo de Sebastián Tobarra del  
01/04/2005 para el diario El Pais de Cataluña, explica el misterio:
 En los números 22 y 24 de La Rambla hay dos portales en los que han  
quedado huellas de tacón femenino. En el acceso a los pisos son bien  
visibles cuatro agujeros, dos en cada umbral, del tamaño de un puño:  
los que dejaron los tacones de las prostitutas que aguardaban durante  
años a la entrada que llegaran clientes. Durante mucho tiempo  
pervivieron allí varios meublés, que fueron languideciendo y acabaron  
cerrando. La profundidad de los agujeros deja pocas dudas sobre las  
interminables horas de taconeo solitario que les tocó pasar en plena  
calle a aquellas mujeres.
Ahora la zona está en fase de cambios. De aquella Barcelona  
preolímpica que cerraba hoteles los fines de semana por falta de  
clientes se ha pasado a una ciudad y a una Rambla repleta de turistas.  
En un radio de 300 metros hay proyectados una decena de hoteles. Y los  
antiguos meublés de los números 22 y 24 de La Rambla se convertirán en  
un hotel de 50 habitaciones y 3 estrellas.
 
Los nuevos dueños de las fincas, dos empresarios de La Rambla, han  
presentado el proyecto de hotel al Ayuntamiento de Barcelona y han  
debatido qué hacer con los mármoles agujereados por el taconeo, si  
eliminarlos o conservarlos como recuerdo. En principio, se inclinan  
por mantener la memoria colocando los mármoles agujereados en una  
vitrina del futuro hotel, que estará acabado dentro de dos años, justo  
encima de la vieja muralla medieval que mandó construir el Consell de  
Cent. Frente a los antiguos meublés, aún se pueden ver a la entrada  
del único aparcamiento de la zona los restos de la muralla, que subía  
por toda la actual acera derecha de La Rambla hacia la plaza de  
Catalunya.
 
Los promotores, Ignasi Torralba, el dueño del restaurante Amaya, e  
Imanol Elguezabal, que regenta el estanco de al lado, han ido  
comprando poco a poco los pisos. El patrón del Amaya tenía claro que  
los meublés no debían volver a abrir porque, entre otras cosas,  
perjudicaban el negocio. Pero "eso no quita que defienda que se deben  
mantener" las huellas del taconeo, dice el empresario de restauración.  
De momento, los promotores del hotel quieren que las huellas vayan a  
parar al Museo de Historia de Cataluña, en el Consolat de Mar, en la  
Barceloneta. Y si eso no es posible, se expondrán en sitio bien  
visible en el futuro hotel.
 
La parte baja de La Rambla fue uno de los lugares donde se concentraba  
más prostitución de Barcelona. Hasta principios de la década de 1980,  
la zona donde ahora está la Universidad Pompeu Fabra era un lugar  
donde se ejercía la prostitución, sobre todo de noche, pero también de  
día. Toda la acera de la parte baja de La Rambla, entre la cafetería  
Cosmos y el frontón Colón, era una sucesión de prostitutas y meublés,  
lo mismo que la acera de enfrente. Era la época en que los marineros  
de la Sexta Flota se paseaban por la zona, tiempos en los que  
proliferaban las casas de gomas y las denominadas clínicas venéreas,  
instaladas por doquier en el entonces llamado Barrio Chino -hoy  
Raval-, al otro lado de la Rambla.
 
Manolo (el nombre es supuesto) recuerda retazos de la pequeña historia  
de los dos meublés. "Yo fui vigilante de uno que regentaba la hermana  
de un conocido torero de la época en las décadas de 1940 y 1950, y  
créame si le digo que he visto pasar por allí a mucha gente. Aún  
recuerdo el día en que un señor que era cliente estaba en la casa con  
una prostituta y su familia había ido casualmente a comer al  
restaurante Amaya, situado justo debajo de las habitaciones. ¡Lo que  
hubo que hacer para que no le vieran salir de allí!", recuerda Manolo,  
que ahora está jubilado y se dedica a atesorar la memoria del barrio  
en el local que mantiene abierto la Asociación de Amigos de la calle  
del Arc del Teatre. El restaurante nunca ha tenido comunicación con  
los meublés, dice su dueño. Pero también recuerda que algún cliente ha  
pasado sus apuros cuando estaba en el reservado del restaurante en  
compañía femenina sin saber que su familia estaba en la zona común del  
local.
 
Pero no a todo el mundo le gusta que se mantenga el recuerdo de la  
prostitución que hubo allí. Un vecino del portal contiguo prefiere que  
la reforma de los antiguos meublés se lleve por delante las huellas  
del taconeo porque son el testimonio de una Barcelona "que no vale la  
pena recordar". En el extremo opuesto, José Ángel de la Villa, que  
regenta el bar Pastis, en la calle de Santa Mònica, al otro lado de La  
Rambla, defiende que se mantengan las huellas. En cambio a Manolo, el  
antiguo vigilante, le da lo mismo.
 

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