Hetaira forma parte de:

- Plataforma Estatal por los Derechos de las Personas Trabajadoras del Sexo.

- ICRSE, Comité Internacional por los Derechos de las Trabajadoras del Sexo en Europa.

- TAMPEP, Red Europea para la Prevención de HIV/STI y Promoción de la Salud entre Trabajadores Migrantes del Sexo (European Network for HIV/STI Prevention and Health Promotion among Migrant Sex Workers).

- ENAT, Red Europea de Cooperación a favor de Mujeres y Menores Víctimas de Tráfico y Explotación Sexual (European Network Against Trafficking).

- Comisión de prostitución y trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual. Observatorio Municipal de Violencia de Genero del Ayuntamiento de Madrid.

- Mesa de Espacios Públicos. Departamento de Servicios Sociales del Distrito Centro del Ayuntamiento de Madrid.

Colectivo hetaira

De lunes a jueves de 16 a 20 h.
c/ Fuencarral, 18, 4º F.
28004 Madrid
Tfno: 915 232 678
hetaira@colectivohetaira.org

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Si tienes alguna sospecha sobre trata de seres humanos en alguna persona que ejerce la prostitución no intentes ser un héroe....





 

Cobarde, cobarde, cobarde

Juan José Millás

 

Reconozco a un cobarde a siete kilómetros porque soy uno de  ellos. Por eso sé que el Congreso es cobarde y porque es cobarde no se ha  atrevido a adoptar una postura clara frente a la prostitución.

 

 

 

Cuando un diputado (o grupo parlamentario) dice que se trata de una cuestión "muy compleja" o "poliédrica", es un cobarde. Le da miedo tomar decisiones y en vez de luchar contra ese miedo, como es su obligación, acude al diccionario en busca de palabras con las que ocultar su susto. Cuando un diputado (o grupo parlamentario) asegura que la dicotomía regulación/prohibición no funciona, ese diputado está haciendo, además de una dejación de sus funciones, un ejercicio de cobardía. En otras palabras, sólo quiere salir de paso sin retratarse. Cobremos el salario, se dice, marchémonos a casa y mañana será otro día. Cuando un diputado (o grupo parlamentario) afirma enfáticamente que la única elección, en estos momentos, es combatir a las mafias, está diciendo una tontería tras la que se parapeta para no solucionar nada porque las soluciones (todas) le dan miedo. Cuando un diputado (o grupo parlamentario) evita decidir si los anuncios de prostitución deben o no deben prohibirse, es porque tiene la garganta seca del pánico que le da tomar partido. Cuando un Congreso al que se le ha encargado resolver una situación la deja como estaba por miedo a decir que sí o que no, ese Congreso es un cobarde. 

¿A quién beneficia la cobardía de ese Congreso? ¿A las chicas que hacen la calle de forma voluntaria o no? ¿A los clientes que las contratan en contra de su conciencia o no? ¿A los transeúntes que salen a pasear al perro o a fumarse un cigarrillo y asisten de súbito a una felación? ¿A los niños que van al cole pisando preservativos? ¿Al conjunto de la sociedad, que asiste, perpleja, a unos debates absurdos que dejan todo como estaba? Nada de eso: la cobardía del Congreso hace un favor enorme a las mafias, porque donde las mafias se mueven como pez en el agua es en la alegalidad, en las situaciones que no son ni carne ni pescado, en la ambigüedad cobarde en la que el Congreso ha dejado el asunto. O sea, que el Congreso (cobarde, cobarde, cobarde) ha hecho una gran putada a las pobres chicas que tanto, dice, le preocupan.

 

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