Hetaira forma parte de:

- Plataforma Estatal por los Derechos de las Personas Trabajadoras del Sexo.

- ICRSE, Comité Internacional por los Derechos de las Trabajadoras del Sexo en Europa.

- TAMPEP, Red Europea para la Prevención de HIV/STI y Promoción de la Salud entre Trabajadores Migrantes del Sexo (European Network for HIV/STI Prevention and Health Promotion among Migrant Sex Workers).

- ENAT, Red Europea de Cooperación a favor de Mujeres y Menores Víctimas de Tráfico y Explotación Sexual (European Network Against Trafficking).

- Comisión de prostitución y trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual. Observatorio Municipal de Violencia de Genero del Ayuntamiento de Madrid.

- Mesa de Espacios Públicos. Departamento de Servicios Sociales del Distrito Centro del Ayuntamiento de Madrid.

Colectivo hetaira

De lunes a jueves de 16 a 20 h.
c/ Fuencarral, 18, 4º F.
28004 Madrid
Tfno: 915 232 678
hetaira@colectivohetaira.org

Si quieres colaborar, también
economómicamente, puedes
hacerlo en las cuentas:
Caja Madrid:2038/0603/22/6006739761
La Caixa:2100/1579/87/0200097513

Si tienes alguna sospecha sobre trata de seres humanos en alguna persona que ejerce la prostitución no intentes ser un héroe....




Entrevista a Hetaira por parte de un grupo de estudiantes
 
de periodismo de la Universidad de Zaragoza
 
 
1. Historia del colectivo, por qué surgió, sus objetivos…

El movimiento por la defensa de los derechos de las prostitutas hace su aparición a mediados de los años 70, fundamentalmente en Estados Unidos y Francia. En 1990 se celebran en Madrid unas jornadas a las que asisten la líder italiana Carla Corso y Puri Gutiérrez, prostituta española de la calle de la Ballesta (en la zona centro de Madrid), para hablar sobre violencia y prostitución. Escuchar sus testimonios es una de las experiencias más interesante y que más trastocan las concepciones sobre la prostitución que hasta entonces tenemos algunas de quienes ahora formamos parte de Hetaira. Carla Corso y Puri Gutiérrez ponen en cuestión muchas de las afirmaciones que hasta entonces sostenemos como “grandes verdades”.

Nosotras, desde el desconocimiento más absoluto de la prostitución, arrastramos ideas tales como: "la prostitución es degradante", "todas las prostitutas son víctimas de la sociedad patriarcal", “estamos con las prostitutas, pero en contra de la existencia de la prostitución”, etc. Sin darnos cuenta hacemos juicios morales y en ocasiones nuestra rígida forma de pensar impide la comunicación fluida con las prostitutas. Se sienten juzgadas, no sin razón, y están en su derecho de rehuirnos, sin embargo, y a pesar de algunos pequeños desencuentros damos con puntos en común.

En la declaración universal de derechos de las prostitutas, que se acuerda en el congreso internacional de Bruselas en los años 80, se aboga por la autodeterminación sexual de todas las personas, por el derecho al aborto, por la libertad para mantener relaciones con personas del mismo sexo, con varias personas a la vez, con gente de diferentes naciones o ideas religiosas (y hasta aquí estamos de acuerdo las feministas) pero añaden también “a practicar sexo a cambio de dinero”.

Finalmente, en 1995, con un proyecto bastante aproximado de qué es lo que deseamos, nace Hetaira. Sabemos que el colectivo no va a ser ni bien entendido ni bien recibido entre determinados sectores (hay corrientes feministas que abogan por la abolición de la prostitución). Pero intentamos dar voz a las prostitutas, trabajar en la defensa de sus derechos, conseguir un movimiento de solidaridad para con ellas desde el feminismo, las ong’s, el sindicalismo, los movimientos vecinales, el mundo de la cultura, la política…

Cuando comenzamos a fraguar la posibilidad de un proyecto no pensamos en iniciar un trabajo de tipo asistencial sino una asociación, conformada por prostitutas y no prostitutas (rompiendo la dicotomía entre “malas” y “buenas” mujeres) para reclamar derechos. Porque hay un sector de prostitutas olvidado. Aquellas -que viendo las posibilidades que se les presentan en la vida “deciden” ejercer la prostitución- no existen. Ocupan las calles, se hacen con las esquinas, las “sabemos” dentro de un club, de un piso, de un hotel… pero no les escuchamos. Nadie se dirige nunca a ellas. Conforman el grupo de las “viciosas”, las que ofrecen sexo a los hombres, las que escapan del control de la sexualidad patriarcal, las que no se sienten “objeto” sino “sujeto”, las que tienen relaciones con “varios” al día, las que cobran dinero por ello, las que hablan de lo suyo como un oficio, las que se dejan ver (las más osadas y valientes), las que opinan, las que inquietan a la sociedad. Aquellas de quienes se dice que son una “minoría” y por tanto no merecen la atención social y política. Como si las democracias occidentales no tuvieran el deber moral y la obligación de ofrecer derechos precisamente a las minorías. Las mayorías se supone que ya los tienen garantizados.

Y aquí estamos, desde 1995, reclamando: derechos laborales para aquellas personas (mujeres, transexuales femeninas y hombres) que, en algún momento de sus vidas, decidieron ejercer la prostitución; protección y seguridad (no expulsiones ni deportaciones del país) para quienes son víctimas de trata de seres humanos; y empleo y formación para quienes deseen abandonar la prostitución.

2. En referencia a la ley de clubes ¿cuál es la opinión del colectivo?

¿Existe una ley de clubes?
Lo que conocemos (y denunciamos cada día) son las situaciones de explotación laboral que se dan en los clubes de alterne, que incumplen todas las normativas laborales vigentes, empezando por el Estatuto de los Trabajadores. Si la prostitución fuese considerada una actividad económica, un trabajo, habría que considerar que puede ejercerse bien de forma autónoma (bajo nuestro punto de vista, lo mejor para trabajadoras y trabajadores del sexo) o bien en relación a terceros (como el trabajo en clubes), pero de tal modo que Inspección de Trabajo pudiese asegurar que ninguna mujer trabaja y vive en el mismo lugar (como ocurre ahora), ni tenga que estar disponible las 24 horas, ni estén privadas de movimiento, etc, etc… en fin un montón de situaciones imposibles de soportar en las sociedades democráticas occidentales. A las que habría que añadir algunas características propias: nadie ha de imponer cuánto ha de cobrar una profesional del sexo, ni nadie ha de imponer los clientes, ni tampoco las prácticas sexuales que cada quien esté dispuesto o dispuesta a ofrecer, etc…

Otra cuestión muy distinta son las situaciones de trata de seres humanos y ahí, la justicia y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado son quienes han de actuar con total contundencia, protegiendo ante todo a las víctimas (y no exigiendo, como ocurre en la actualidad, que haya una denuncia previa y que tengan que “colaborar” dando información “relevante” a la policía). Nos da igual que estas situaciones de trata de seres humanos se den dentro de la industria del sexo o en el sector textil, en el campo, etc… la prioridad ha de ser la defensa de los derechos humanos y la protección a las víctimas.

3. ¿Qué necesidades tienen las prostitutas a las que atiende el colectivo?

Nos encontramos con personas que trabajan en prostitución con perfiles muy diferentes y heterogéneos. No tienen las mismas necesidades las españolas mayores (que siguen trabajando, con más de 65 años, en la calle) que las inmigrantes recién llegadas (que carecen hasta de empadronamiento), que las inmigrantes ya nacionalizadas o con papeles, que transexuales femeninas (que sufren mayor discriminación cuando buscan otro empleo), que las universitarias (profesionales del sexo de forma esporádica), que las escorts (con un alto nivel de autonomía y estatus económico)… Pero sí tienen en común: el desprecio social (el estigma de ser puta, el llevar una doble vida); las políticas u ordenanzas municipales represoras que les hacen más difícil la vida; y la falta de derechos laborales que les haga ser consideradas ciudadanas.

4. ¿Cómo se ve desde el Colectivo Hetaira el conflicto de la prostitución callejera en Delicias?

Pensamos que la prostitución que se da en la calle (es decir, “captar” a los clientes en la calle y después emplearse en otro lugar) no es lo mejor ni para las mujeres ni para el vecindario. Pero en algún lugar han de trabajar. No obstante, hemos participado como mediadoras sociales en algunas zonas de Madrid para el conocimiento mutuo entre vecinos y vecinas y las chicas que ejercen y la experiencia ha sido muy positiva para todo el mundo. Los espacios públicos han de negociarse y las administraciones no pueden continuar inhibiéndose (como hacen) de sus responsabilidades. No se va a terminar con la prostitución callejera porque se multe a clientes y a prostitutas (en Estados Unidos no ha desaparecido y la prostitución está prohibida; es más, una mujer es susceptible de ser considerada “prostituta” por llevar más de dos condones en su bolso; una situación francamente absurda). Pero sí se pueden atenuar las molestias al vecindario si hay voluntad política para establecer lugares en donde trabajadoras y trabajadores del sexo (voluntariamente, sin medidas represoras por medio) puedan captar a su clientela sin molestar ni ser molestados.

Lo que está ocurriendo actualmente es preocupante: se les prohíbe trabajar en la calle, se registran clubes y se expulsa y deporta a quienes se encuentran en situación administrativa irregular y últimamente se registran pisos con el mismo fin. ¿Dónde se puede ejercer la prostitución en buenas condiciones y en seguridad? Tampoco se ponen en marcha planes sociales para quienes deseen abandonar el ejercicio de la prostitución. Desconocemos si existen en Zaragoza y si cuentan con recursos suficientes para que quienes lo deseen abandonen la prostitución.

5. ¿Creéis necesaria una regulación legal de la situación de las prostitutas?

Abogamos por la “normalización” del trabajo sexual (derechos laborales para todas las personas) y porque se tengan en cuenta las opiniones de quienes ejercen a la hora de poner en marcha políticas públicas. Eso acabaría con parte del desprecio social que actualmente sufren las prostitutas y que las hace aparecer ante la sociedad como delincuentes (a no ser que se rediman, si se redimen, se les perdonará todo y se hablará de ellas como “pobres víctimas”). Hay mucha tarea por delante aún.



 

Tablón de anuncios


Manu Chao y Nosotras