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- Plataforma Estatal por los Derechos de las Personas Trabajadoras del Sexo.

- ICRSE, Comité Internacional por los Derechos de las Trabajadoras del Sexo en Europa.

- TAMPEP, Red Europea para la Prevención de HIV/STI y Promoción de la Salud entre Trabajadores Migrantes del Sexo (European Network for HIV/STI Prevention and Health Promotion among Migrant Sex Workers).

- ENAT, Red Europea de Cooperación a favor de Mujeres y Menores Víctimas de Tráfico y Explotación Sexual (European Network Against Trafficking).

- Comisión de prostitución y trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual. Observatorio Municipal de Violencia de Genero del Ayuntamiento de Madrid.

- Mesa de Espacios Públicos. Departamento de Servicios Sociales del Distrito Centro del Ayuntamiento de Madrid.

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La señora Rius. De moral distraida

La señora Rius. De moral distraida

Julián Peiró.  Editorial Comanegra. 2009

 

La otra biografía. Madame Rius , Lidia Artigas, de 70 años, es una institución en el mundo de la prostitución catalana. En 50 años de oficio ha conocido las rarezas sexuales de Dalí, Cela, Belmondo, El Rey Faisal, Orson Welles....

Ya retirada del ejercicio activo de la prostitución, tras seis décadas de oficio, ha decidido sacar a la luz sus vivencias en La señora Rius, de moral distraída, de Julián Peiró, recientemente publicado por la editorial Comanegra. «Para romper tabúes y porque vivo enamorada de mis recuerdos y es agradable contarlos», dice.

Uno de los capítulos más jugosos y descarnados de la biografía de madame Rius -nombre artístico tras el que trabaja Lydia Artigas, 70 años, respetada y mítica dama de la prostitución catalana- es aquél que narra su encuentro con el genial Salvador Dalí en un burdel. Madame Rius sitúa el episodio, mediada la década de los 60, en el San Mario, uno de los prostíbulos más exquisitos de la Barcelona de entonces, donde ella trabajaba. El artista y su diabólico bigote hicieron su entrada rodeado de un grupo de impresionantes mujeres -altas y rubias- a las que llamaba las suecas y a quienes pedía que lo aclamaran junto a la plantilla del San Mario: «Divino, llamadme divino». Era la época en la que pintaba el Cristo crucificado, la del Dalí más excéntrico, aunque Lydia nunca imaginó que tanto. «Tráigame un pato», dispuso un firme y casi sexagenario Salvador Dalí tras sentarse en uno de los sillones del local. Cuando uno de los lacayos del pintor regresó con el animal -vivo- la joven quedó tan horrorizada que abandonó la estancia y se marchó al piso de arriba. Las suecas cogieron el pato y lo inmovilizaron con fuerza sobre una mesa mientras una de ellas desabrochaba a Dalí los pantalones. Le dieron un cuchillo al maestro y este lo usó para cortarle el cuello al bicho justo cuando lo penetraba. Disfrutaba con los estertores del pobre animal. «Me pareció muy altanero y arrogante», recuerda hoy la señora Rius, sentada en el salón de su piso de la calle Villarroel de Barcelona, donde continúa recibiendo y examinando a los clientes que se interesan por los servicios de sus chicas.



Dalí no es, ni mucho menos, el único personaje famoso con rarezas al que Rius desnuda en las páginas de su biografía. Cuenta que el escritor Camilo José Cela, también cliente del San Mario, solicitaba varias chicas para compartir habitación y les pedía que rompieran platos y más platos: vajillas enteras. La primera vez que lo vio, Lydia, extrañadísima, preguntó a sus compañeras por qué el autor de La Colmena encontraba placer montando semejante destrozo. «Parece ser que cuando era pequeño», le explicaron, «la chica que le cuidaba recibía constantes reprimendas de la madre del autor porque se le caían muchas cosas de las manos y se le rompían. El nos contó que al final comenzó a sentir cierta excitación con la imagen de su madre regañando a la chica y comenzó a reproducir las escenas con nosotras».


 

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