| El día 1 de agosto fallecía en Madrid nuestro amigo Leopoldo Alas Minguez. Poeta y periodista, los medios de comunicación resaltaban que fue un adalid de la lucha de gais, lesbianas y transexuales. Nosotras añadimos... y de las prostitutas. Siempre a nuestro lado, Leopoldo nos acompañó en el proyecto Hetaira desde sus inicios. |
El 18 de marzo de 1996 escribía en el diario El Mundo sobre nuestra primera fiesta de cumpleaños Todos somos prostitutas LEOPOLDO ALAS EL OTRO MADRID. El Mundo. 18 de marzo de 1996 El colectivo Hetaira, que ya ha cumplido un año de vida, defiende los derechos de las prostitutas Y empiezo transcribiendo las declaraciones de la italiana Pia Covre, que se recogen en el folleto editado por Hetaira, un colectivo que defiende los derechos de las prostitutas y que ha cumplido ya un año. Dice Pia: «La dignidad de las personas está al margen de la profesión que ejerzan. La gente cree que la prostitución es indigna porque vendemos una parte de nuestro cuerpo, pero en el fondo todos hacemos lo mismo: unos venden el cerebro y otros las partes bajas».
Para ser más exactos, deberíamos decir que las prostitutas alquilan su sexo mientras que los demás hipotecamos el alma, si es que tal cosa existe.
Ellas no perjudican a nadie. Al contrario: alivian y satisfacen fantasías, hacen la vida más agradable al prójimo, mientras que a los demás nos pagan a menudo por putearlo. No sólo no hay nada reprobable en que las prostitutas se organicen para defender sus derechos y el libre ejercicio de su profesión y para combatir el estigma social que la hipocresía y la doble moral neovictoriana hacen recaer sobre ellas, sino que es a todas luces un propósito amparado por la Constitución y por el sentido común.
Estuvimos en la fiesta del primer aniversario de Hetaira, en la calle Desengaño 16, un lugar de encuentro y acogida para las prostitutas que ofrece asistencia e información sobre cuestiones sanitarias, sociales, psicológicas y jurídicas, organiza debates sobre los temas que afectan al trabajo que desempeñan y promueve la solidaridad entre ellas.
ANTIGUA PELUQUERIA.- El local era una antigua peluquería y durante meses se dedicaron entre todas a pintarlo y decorarlo. Hay un salón principal, en el que habían colocado mesas con bebidas y pinchos, varios despachos y, al fondo del pasillo, una sala para relajarse charlando o viendo la televisión. Las paredes están decoradas con carteles que reproducen portadas de la editorial Circe y nos dijeron que conservan con mucho cariño el artículo que dedicó Eduardo Mendicutti al triste y emocionante entierro de Araceli, la prostituta que fue asesinada en Antón Martín, comparándolo con las exequias oficiales y multitudinarias del gran Miterrand. A la fiesta acudió también Javier Sádaba y, cuando me acerqué a saludarle, me presentó a María Gascó, una mujer bella e inteligente que no sólo se ha comprometido con la causa de las prostitutas, sino también con la de los insumisos. Por allí andaban también Carmen Briz y Cristina Garaizábal. Y la simpática y felliniana Arantxa, que pidió que le enviáramos alguna copia de las fotografías que hizo mi colega.
Entre vino y cerveza, nos contaron el abuso que cometió Telemadrid -y que han denunciado- al emitir sin su permiso imágenes que comprometían a algunas de las chicas con sus familias, que normalmente no tienen por qué estar al tanto de su denostado oficio.
LIBRE EJERCICIO.- Hetaira pretende descriminalizar el libre ejercicio de la prostitución y su entorno que, por culpa de la marginación y las drogas, favorece la existencia de mafias, delincuentes y proxenetas. Es una lucha en dos frentes: contra la sociedad y contra el propio mundo de la prostitución, que es insolidario y hostil. El planteamiento de Hetaira es novedoso porque no busca tanto la reinserción social de la prostituta -aunque también-, como hace la loable asociación ASPRAMP de la plaza del Angel, que preside Rocío Nieto, o la orden de las Felipenses, liderada por la monja Mari Luz, que tiene su convento en Argüelles, sino que pretende dignificar la profesión más antigua del mundo. Con un par de ovarios, sin contar con subvenciones -que la Comunidad debería estar facilitándoles ya mismo- y con la fuerza que les da sentirse unidas frente a los abusos de la sinrazón. Para ser más exactos, deberíamos decir que las prostitutas alquilan su sexo mientras que los demás hipotecamos el alma, si es que tal cosa existe.
Ellas no perjudican a nadie. Al contrario: alivian y satisfacen fantasías, hacen la vida más agradable al prójimo, mientras que a los demás nos pagan a menudo por putearlo. No sólo no hay nada reprobable en que las prostitutas se organicen para defender sus derechos y el libre ejercicio de su profesión y para combatir el estigma social que la hipocresía y la doble moral neovictoriana hacen recaer sobre ellas, sino que es a todas luces un propósito amparado por la Constitución y por el sentido común.
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